Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 11 de abril de 2021
  • Actualizado 07:09

Dos Bolivias

Quedaron las piedras ocasionando accidentes y más perjuicios; incendian cada cuanto el Tunari provocando contaminación y alarma en la población. Se suben al transporte público y llenan un micro a tope, van de compras a un mercado sin barbijo, circulan con su vehículo sin permiso en día de restricción, usando cualquier mentira para pasar los controles, llevan y traen el virus. Una realidad, una complicada realidad que se ve día tras día y a través de miles de personas que finalmente tienen al coronavirus como un suceso que está pasando, pero que al parecer no afectará a los “super inmunes”.

Al frente están los que salen, solo si es necesario; está aquella mujer que vende frutas en una carretilla usando barbijo y protector facial; está esa mamá que usó el pretexto de disfraz de astronauta para que su niño salga con un traje de bioseguridad, lentes y mascarilla; está ese taxista que desinfecta su vehículo cada vez que entra y sale un pasajero, o el policía que tenía coronavirus y que después de superarlo nuevamente salió a controlar el cumplimiento de una cuarentena casi inexistente.

Dos mundos distintos en un solo país. Por un lado, los que bloquearon con el pretexto de pedir el cambio de una fecha de elecciones, por otro, los que trabajan de sol a sol para salir adelante. También están los que ponen condiciones para dialogar, usando una cómoda silla y resguardados del virus; por otro, los que están en las calles con nuevos emprendimientos y reinventándose ante la pandemia. En un mundo está aquel que levanta un fusil anunciando guerra civil, mientras se lanza al piso para hacer unas piruetas. En otro está una pareja de vendedores de verdura recorriendo las calles y gritando por un megáfono, porque necesitan subsistir y el dinero se está acabando.

Nuestro país agoniza y resulta que no solo se tienen denuncias de corrupción en la compra de respiradores, ahora también se investiga sobreprecio en la adquisición de pruebas PCR por parte de un gobierno que intenta, una y otra vez, demostrar lo contrario, mientras tanto se conoce que la empresa proveedora funciona desde una casa particular en Miami y que el daño económico podría ser de 25 millones bolivianos.

Dos países en un solo territorio, dos frentes. No estoy hablando de ideologías políticas, hablo de la decisión personal de cada uno de nosotros a la hora de seguir en medio del virus que ya mató tanta gente. ¿En qué Bolivia vives, en cuál quieres vivir?

CLAUDIO ROJAS

Periodista y docente universitario

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