Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 14 de abril de 2021
  • Actualizado 19:56

Cocha, así te veo

Cocha, así te veo

Una tierra bendita de hombres y mujeres que trabajan a mil por hora, un país que tiene un corazón lleno de cultura, tradiciones y una fuerza que viene de las polleras y las abarcas de nuestros abuelos y abuelas. Una región que se hace más fuerte gracias al mote con quesillo o al huevito con papa, fideito y “muuucha” llajua. 

Cochabamba es… esta es la tierra señoras y señores, donde la gente “no es así nomás”. Aquí nadie se deja “fumar” como si nada, aquí se pelea por lo que se quiere y si no me creen pregúntenle a un gobierno que en los meses finales del año pasado sintió la voz de todo un pueblo que supo hacerse escuchar de buenas a primeras y que le demostró a un país que es cierto el mensaje que va en una de las caras de nuestras monedas y que dice: La unión hace la fuerza”.

Esta es Cochabamba, una tierra en la que todo se hace con mucho esfuerzo, empiezas vendiendo piedritas y al poco tiempo ya puedes tener tu casa y autito, claro, todo depende de que antes le hayas pedido con fe y devoción a la mamita de Urcupiña lo que tanto anhelas; aquí las creencias nacen del corazón, como dice la señora de la esquina: “Tienes que pedirte con fuerza, se te va cumplir”.

En esta Llajta se recibe a todo el mundo y desde todo el mundo, “mírame pues” vengo de las tierras orientales y como yo miles, unos llegan de otras regiones, de otros departamentos o de otros países; esta es la tierra de todos, quien llega a quedarse un tiempito aquí tiene que considerar la posibilidad de quedarse por siempre.

Y sus mujeres, ellas se merecen un párrafo separado, alguien diría “quién más madre que una cochabambina”. No es que se tenga un matriarcado, no, aquí se vive a la cabeza del hombre que le pregunta a la mujer qué se tiene que hacer… no se me ofendan señores y tampoco hablen muy fuerte, porque nuestras hermosas qhochalas están escuchando y leyendo, y cuidadito te portes mal. La mujer de estas regiones trabaja a la par de cualquiera, vuelve al hogar a preparar sus delicias y, de yapa, tiene tiempo para verse siempre hermosa, radiante e impecable. Obvio, es qhochalita y como ella ninguna.

¿Comida, en serio hablamos de comida? Ya sabes que aquí se vive para comer; se tiene lo que quieras y a la hora que quieras, solo en Cochabamba se cocina para cada instante, por así decirlo y ni mencionar cantidades porque en un mundo que no sea este, un plato de un qhochala puede llenar a cuatro comunes terrícolas, si no me crees servite un trancapechito…


CLAUDIO ROJAS V.

Periodista y docente universitario

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