Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 22 de junio de 2021
  • Actualizado 14:04

Paraíso de libros

Paraíso de libros

“El verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta ‘el modo imperativo’. Yo siempre les aconsejé a mis estudiantes que si un libro los aburre lo dejen; que no lo lean porque es famoso, que no lean un libro porque es moderno, que no lean un libro porque es antiguo. La lectura debe ser una de las formas de la felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz”,  Borges

Me encantan los libros usados, aquellos que están marcados o con comentarios marginales, pues ofrecen una oportunidad de dialogar a través del tiempo no solo con el autor sino con sus circunstanciales comentadores. Sí, existe una máquina del tiempo y tiene forma de libro.  

Siempre recordaré el primer libro que llegó a mis manos, fuera de los textos escolares, yo no tenía más de ocho años. Ese primer libro fue: Juan Salvador Gaviota y fue leído simultáneamente por mí abuelo ‘que estaba enfermo’ para mi y por mí para él. Fue la forma que tuvimos de compartir esas largas horas y es de los últimos recuerdos que tuve de él ya que unos meses después murió. 

El siguiente libro lo encontré una mañana de sábado en casa, había perdido la tapa dura, pero conservaba la primera hoja con el título: Ivanhoe y estaba completo. Ya antes había logrado ignorarlo, además porque juzgándolo por la falta de solapa, no era nada atractivo, pero como se había ido la electricidad me vi sin otra opción y cuando esta regresó yo elegí seguir leyendo.  

Luego llegó el Principito, después la Chaskañawi, Cien años de soledad, Huasipungo, Raza de Bronce y poco a poco esas ficciones fueron dándole sentido a una vida. 

Un libro reclama entrega, una buena lectura demanda silencio y soledad para conectar en lo más íntimo con la trama. Sí, los libros me aislaron, pero también me acercaron mucho a ideas, personas de otras épocas y generaciones, forjaron entrañables amistades, fueron parte de acalorados debates, largos desvelos y hubo algunas lecturas a las que no quise o pude poner fin. 

Como, después de años una de mis pasiones ha sido ir armando una biblioteca, no solo con los  libros que leí,  o los libros propios de mi ejercicio profesional, sino con aquellos que quiero leer… es así que, una biblioteca es reflejo del lector, pero  también es su proyecto de vida.  

ABAJO Y A LA IZQUIERDA

CECILIA CHACÓN R.

Feminista y concejala por la ciudad de La Paz 

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