Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 24 de junio de 2021
  • Actualizado 12:05

Logos y egos

Lo hizo Evo Morales el 2006. Áñez, a su turno y pese a lo transitorio de su mandato, también lo hizo; en su gestión se retiró la imagen de Evo de las cabinas de los teleféricos y desechó casi todo el material del Estado elaborado por sus predecesores aprobando un decreto que prohíbe el uso de imagen de autoridades en las líneas gráficas institucionales, letreros de información de obras públicas, de identificación institucional, o  en la publicación, difusión e impresión de papelería y páginas web.

Aunque nos encanta ir por la vida reinventando la pólvora,  la lucha contra el culto a la personalidad tampoco es algo nuevo en la legislación.

En 1941, bajo el gobierno de Peñaranda, se aprobó una ley que regulaba el levantamiento de monumentos personales y prohibía la nominación de poblaciones, colonias, puertos, escuelas, caminos y cualquier establecimiento público en reconocimiento a personas vivas por muy eminentes que ellas fueran.

Claro que con el paso de los años y convenientemente para quienes aprovechan sus secuelas en la memoria de la gente, la medida fue cayendo en el olvido.

Pero volviendo al gobierno de Áñez, esta no se conformó con retirar la logotipada imagen de Morales, sino que  también, a su modo, quiso dejar su marca en la gestión introduciendo además de la Biblia -algo inconcebible en un Estado Laico por constitución- la bandera de la flor del Patujú junto a los símbolos patrios en actos oficiales; también renombró Bolivia al periódico oficial que antes era Cambio y finalmente realizaron cambios de logos e imágenes institucionales.

En estos días de relevo de autoridades locales, lo primero que se constata es ese afán persistente y casi desesperado de los nuevos de dejar su impronta no solo en el sillón, sino en la imagen institucional.

Aquella reducida al logo es vista como la marca de una gestión particular y su cambio cada que cambia la máxima autoridad refleja que no existe noción de institucionalidad en el imaginario político.

Más allá de que en la vida todos buscamos la manera de dejar la huella de nuestro paso por  el mundo, de que es instintivo el deseo de trascender y muchos lo mitigan, consciente o inconscientemente, sobre poblando el mundo…

Lo cierto es que el cambio de un logo tiene consecuencias -más allá de que a unos les guste y a otras no- y es que aunque se bajen el logo de internet y le cambien tres colores o hasta sea regalo de un diseñador militante, supone en tiempos que debieran ser de austeridad,  todo un costoso cambio de letreros institucionales, material de imprenta, etc.  Las personas  y más las autoridades deben ser conscientes que su estampa se verá en el recuerdo que dejen al marcharse que en el polvo que levanten al llegar.

ABAJO Y A LA IZQUIERDA

CECILIA CHACÓN R.

Feminista y exconcejala por la ciudad de La Paz

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