Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 29 de junio de 2022
  • Actualizado 11:18

La ley se acata, pero no se cumple

La ley se acata, pero no se cumple

Hacer una ley es difícil; pero hacer que se cumpla lo es doblemente. Quienes hemos tenido la oportunidad de desarrollar iniciativas legislativas de diversos sectores de la población sabemos que nuestro trabajo empieza donde la ley termina. 

Lamentablemente se ha hecho costumbre que las reivindicaciones sociales, los proyectos de incidencia política de las organizaciones no gubernamentales y hasta las promesas de campaña aterricen en una ley o un decreto, como si esta fuera a ser la varita mágica, que por arte de magia, cambiará una realidad…; pero no es así, y lo sabemos bien  las mujeres, que vemos que la ley No 348 para garantizar a las mujeres una vida libre de violencia, simplemente no se cumple. 

¿De dónde viene ese culto a la ley, esa creencia efímera de que es la solución a nuestros problemas? Supongo que la huella del dominio colonial, donde el despojo fue de la mano de cédulas y ordenanzas reales, entre otras resoluciones, es parte de la construcción de este imaginario; pero también, paradójicamente, de su negación, pues también en esta época se acuñó una sentencia que resuena hasta nuestros días: “se acata, pero no se cumple”. 

Quienes estudian el pasado, nos cuentan que cuando llegaban las disposiciones del monarca en Madrid, por falta de principio de realidad, ya que era muy distinta la que se vivía en  las colonias que la de la metrópoli, el virrey o el gobernador convocaba a todas las autoridades a un acto de proclama de la misma, que culminaba con esa fórmula, que en síntesis quería decir, que se reconocía la legalidad de la disposición; pero que no se cumpliría, por las razones que la autoridad local adujera. 

En nuestros tiempos la práctica perdura: “es que la ley no dice”, “es que no tiene reglamento”, “es que no hay presupuesto”, “es que no indica la partida”, etc. etc.; pero aún así, insistimos en apostar por hacer nuevas leyes o modificar las que tenemos, en lugar de concentrar nuestro tiempo y energías en impulsar su implementación.  

Cuesta mucho más trabajar una agenda post legislativa para hacer seguimiento a la implementación de una ley, que cambiarle el nombre y dos palabras, para hacernos creer, por breve tiempo, que ahora sí, con esa ley, se resuelve todo.

ABAJO Y A LA IZQUIERDA 

CECILIA CHACÓN R.

Feminista y exconcejala por la ciudad de La Paz

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