Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 12 de agosto de 2020
  • Actualizado 19:41

Un infierno para los animales

Un infierno para los animales

Eso es en lo que hemos convertido la Tierra para todas las especies.  Hace unas semanas me conmovió profundamente la historia de una elefanta en la India, que habría muerto a causa de una piña rellena con explosivos que le destrozó la mandíbula, causándole una larga agonía que acabó con su vida y la de su bebé.

Recordé a la osa Valentina, el león Fido y tantos animales que sufren y mueren a causa del hombre. ¿Hay alguna razón para permitir que atormentemos a los animales? Yo no veo ninguna, decía Jeremy Bentham, uno de los primeros defensores de sus derechos.

Durante la cuarentena rígida veíamos ingenuamente fotos de animales “visitándonos”, curioseando en las calles vacías de las ciudades o en los patios de algunas casas, dándonos por desentendidos de que somos nosotros quienes desde hace mucho tiempo irrumpimos en sus hogares. Nuestra soberbia y egoísmo nos enceguecen.

Los animales silvestres son víctimas de nuestra especie que invade y depreda sus hábitats para edificar ciudades, los mata para robarles sus huevos, sus plumas, sus colmillos o  simplemente los secuestra para tenerlos  en cautiverio como mascota exótica hasta que se aburran de ellos o simplemente mueran.

Primero los desplazamos y luego los encerramos en jaulas o peceras  y pretendemos convertirlos en mascotas para satisfacer nuestros caprichos; pero no son los únicos que sufren por nuestra causa, también son nuestras víctimas los animales domésticos: perros, gatos, caballos, etc.  que a causa de su domesticación son más dependientes de los seres humanos y también más vulnerables.

La pandemia ha incrementado el maltrato y abandono de estos animales en las calles, donde buscan cobijo y alimento entre la basura para sobrevivir. Es en este contexto que resplandecen más los actos de amor de  quienes todos los días, conmovidos por ese sufrimiento y venciendo las dificultades de la cuarentena, dedican su tiempo y esfuerzos a rescatarlos, alimentarlos y buscarles un hogar.

Bien decía Platón que el hombre puede medir el valor de su propia alma en la mirada agradecida que le brinde un animal que ha socorrido y creo que cada una de las personas que ha rescatado o ayudado a un animal ya lo sabe.