Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 25 de septiembre de 2022
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El impulso de escribir

El impulso de escribir

En la antigüedad, la escritura nació como complejos signos y dibujos que representaban cosas y luego ideas: dos rayas paralelas, para los sumerios, representaban amistad; pero expresar ideas de esa forma requería gran capacidad de memoria para almacenar una creciente cantidad de símbolos. 

Desde siempre quienes dominaron la técnica de la escritura formaban parte de una aristocracia poderosa; pero en un momento los signos pasaron a representar sonidos y la escritura se simplificó ganando independencia en forma y contenido.  Así dejó de ser un privilegio de los escribas permitiendo a otros tomar la voz y con la divulgación del alfabeto se escribieron otras versiones de los hechos, se pusieron en duda tradiciones, aparecieron nuevos datos y el pensamiento crítico pudo desarrollarse.  

Escribir obliga a detenerse para desentrañar impresiones, sistematizar ideas y  corregirlas,  una práctica mental tan indispensable, pero más ardua, que respirar… Confieso también que no es fácil mantener la disciplina de escribir una columna quincenal y algunas veces he fallado: ya sea que no les he dado un contenido como el que hubiese querido o simplemente que, por el ritmo de otras necesidades, también vitales pero menos gratificantes, no haya alcanzado a enviar los dos mil doscientos cincuenta caracteres (con espacios),  que son la oportunidad que tengo de ordenar mis ideas y darles un sentido, a través de la lectura y la confrontación, antes de compartirlas con ustedes para que cierren el circulo y lo reinicien a su manera. 

Escribir es nuestra forma de trascender el espacio y el tiempo. Desde una carta dirigida a un familiar o un libro, comulgamos a través de la escritura de un ritual maravilloso y tendemos puentes que nos comunican con quienes no están físicamente a nuestro lado, así lo prueban los inmortales Rubaiyat de Khayyam, las crónicas de Guamán Poma, las tragedias de Esquilo o las cartas de nuestros abuelos. 

Por eso, escribir es un deber personal, hay que escribir para salvarnos del olvido y para liberarnos del peso de recordar, hay que escribir para nosotros mismos; pero también para los demás, y por qué no, hay que escribir  para defendernos de lo que otros puedan escribir sobre nosotros. 

ABAJO Y A LA IZQUIERDA

CECILIA CHACÓN R.

Feminista y exconcejala por la ciudad de La Paz

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