Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 15 de junio de 2021
  • Actualizado 00:44

Final de año

Final de año

El 2020 fue un año difícil para todos nosotros y corresponde hacer un breve recuento de lo vivido para cerrar este ciclo e iniciar uno nuevo. Permitamos que ese cambio de dígito, que nos lleva del 0 al 1, nos otorgue también la oportunidad de renovarnos espiritual y emocionalmente. Este puede ser el mayor y único regalo que podemos darnos en estos días.

Este año será recordado para siempre como aquel en que nuestro estilo de vida cambió dramáticamente a causa de la pandemia.  Quienes pudimos -y debemos sabernos privilegiados por eso- cambiamos nuestros lugares y formas de trabajo por la conexión virtual, nos vimos obligados a encerrarnos en casa durante semanas, vimos con gran impotencia a vecinos, amigos y familiares enfermar sin lograr el auxilio pronto de los servicios de salud que colapsaron en todas partes.

Y es cierto y debemos celebrar que estos duros momentos también sacaron lo mejor de nosotros, y es que donde el Estado brilló por su ausencia,  la solidaridad brotó entre vecinos y vecinas que se auto organizaron para ayudarse. Pero es un acto de justicia mencionar que muchas autoridades utilizaron la pandemia políticamente y aprovecharon la crisis para saquear las arcas estatales, realizando adquisiciones como la de los respiradores con sobreprecio o hicieron contrataciones innecesarias que el tiempo y esperemos el 2021 develarán.

Sin duda hubo un salto acelerado en el uso de nuevas tecnologías y estas ayudaron a paliar el impacto del aislamiento, sobre todo en actividades educativas y comerciales. La ciencia en tiempo récord logró generar vacunas con efectividad superior al 90% y el 2021 se abre con la expectativa de que en el primer trimestre lleguen a nuestro país.

No obstante, pese a saber que la deforestación y el tráfico de fauna silvestre está asociada al COVID-19 y otras enfermedades, hay cosas que no cambiaron el 2020. Por ejemplo, los incendios y otras actividades humanas en Bolivia, Brasil y otros lugares del mundo continuaron consumiendo bosques, matando millones de animales o expulsándolos de su hábitat.  Aún debemos entender que cuidar la naturaleza es cuidar nuestra vida. 

Propongámonos que el nuevo año no solo represente un cambio de dígito, sino también de actitud.

ABAJO Y A LA IZQUIERDA

CECILIA CHACÓN R.

Feminista y concejala por la ciudad de La Paz

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