Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 21 de junio de 2021
  • Actualizado 02:06

Ellas, a quienes como sociedad fallamos en proteger y hoy en defender. Perdón por la intimidad que  transgredimos con y sin intención, para victimizarlas otra vez. No hay derecho.

Ella puede tener 14 o 50 años, eso no la hace más o menos víctima (excepto para los tecnicismos de la maquinaria legal); y las más de las veces lo que no prohiben o sancionan las leyes debe hacerlo la honestidad personal. 

Ahora veámonos al espejo y seamos, por un par de minutos, honestos con nosotros mismos.

Miremos nuestros actos, al fin y al cabo ellos revelarán mejor nuestras intenciones que nuestras palabras, contemplemos qué tanto el predador nos importa más que su presa, aquella a quien no quiero nombrar primero por no ultrajar una vez más su nombre y luego, porque al no individualizarla detrás de ELLA se pueden adivinar muchas más.  Muchas más ellas… muchos más predadores… 

Y muchos necrófagos también, estos especímenes que esperan íntimamente satisfacer con su presa y la presa de esta, sus propios egos salvadores y hasta sus apetitos de venganza. 

Ya puestos a hablar de ello, aceptemos que somos una sociedad necrófila. No se explica de otro modo que se nos ha hecho insanamente normal usar su nombre, su imagen, su historia para acusar y denunciar el crimen y al criminal. Parece que para nosotros es insuficiente saber que hay una víctima sino la conocemos, sino la vemos, sino comprobamos su historia y nos embarramos morbosamente en los detalles. 

¿De verdad necesitamos nombres, fotografías, revelación de conversaciones, videos, filtraciones de testimonios para indignarnos hasta el asco? Si es así, nuestra empatía se fue al carajo y en eso nos parecemos a lo que tanto condenamos. 

Es evidente que no todo es espontáno y que hay quien se ha esmerado preparando minuciosamente el festín para que no falte ningún mórbido detalle, para satisfacer el apetito del más exigente necrófago comensal.

Se ha dispuesto todo, de tal manera que nadie esta a salvo de quedar expuesto al espectáculo sacrificial; en esta ceremonia, ella solo es un entremés destinada a preparar las fauces para saborear al predador. Ella es la víctima propicia, inmolada esta vez en aras de ajusticiar a su depredador…

CECILIA CHACÓN R.

Feminista y concejala por la ciudad de La Paz

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