Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 28 de noviembre de 2021
  • Actualizado 23:12

El que no sabe, enseña

El que no sabe, enseña

“El chango (del sur) potosino”, “que se ha marchado (de Villazón)”, “se fue buscando su destino”,  “así (se hará al re campeón)”.

Un refrán dice: “El que sabe sabe, el que no, enseña”. Gonzalo Chávez es un economista con un perfil que se adecuan al académico: estudios en Europa y Estados Unidos, docente universitario y analista de opinión pública. Esto sería un modelo a seguir si no fuera por un breve recorrido en la función pública.

Y es que, dentro de ese breve recorrido, se avizora un hecho objetable (por decir lo menos). A mediados de la década de los 90, el gobierno de Bolivia firmó un contrato con ENRON y, a estas alturas, no creo que exista alguien que pueda justificar siquiera un ápice de lo que significó ENRON en Bolivia.

Entre los nombres de los responsabilizados por ese proceso fraudulento, figura el de Gonzalo Chávez y, si bien en la actualidad se ha cerrado la investigación, no queda claro cuál habría sido el aporte de un economista de la talla de Chávez en todo ese menjunje. Esto, en sí, no es bueno ni malo, pero es algo que, obviamente, no quieres tener en tu hoja de vida. ¿Te imaginas?, poner en tu currículo tu trayectoria por Manchester, Harvard, Columbia y, más abajito, ENRON. Claramente, el haber estudiado economía en el extranjero para trabajar en la institución responsable de las relaciones entre tu país y ENRON podría entenderse de dos maneras: todos tus estudios no te fueron útiles para prevenir ese desastre o fuiste parte consciente del desastre.

A la fecha, ese tema puede entenderse como “agua pasada”, pero explica la actual postura de Chávez como académico crítico durante los últimos años. Claro, es cómodo criticar y analizar (mal) desde otros autores y desde otras recetas una realidad que te es y te fue siempre ajena; es cómodo seccionar una crisis, citar obras y adecuar un criterio simple; es cómodo disponer de conocimiento y no ponerlo en práctica.

Educar, formar y transmitir conocimiento son tareas nobles, imprescindibles para la evolución y subvaloradas en nuestra época. Sin embargo, el hacer crítica con una postura personal que pretende emitir un criterio con una ventaja de información no es noble. Es decir, Chávez se limita a hacer un análisis de las falencias que surgen en el gobierno —porque obviamente la economía de un país no es una taza de leche— y dejarlas como eso, como falencias. Esto sucede porque Chávez, seguramente, no tiene la capacidad de generar propuestas prácticas que mejoren las condiciones económicas de nuestro país: esto quedó ya demostrado cuando no pudo entender ni proyectar lo de ENRON.

Tampoco se trata de una lucha entre oficialismo y oposición: este sería un escenario de mezquindad, un profesional que valora el conocimiento estaría dichoso de generar soluciones por medio de sus saberes a cualquier gobierno, pero con Chávez lo que tenemos es un curso constante de actualización de filtros de TikTok.

Existe otro grupo que puede que no disponga de la trayectoria educativa que dispone Chávez, pero que utiliza hasta el último recurso académico del que dispone y trata de aplicarlo al ámbito práctico. Este grupo no presume el conocimiento; al contrario, lo aplica y, en ese proceso, surgen contingencias comunes entre teoría y práctica. Ese grupo no solo se dedica a hacer crítica fácil de las contingencias, sino que además toma responsabilidad civil y penal por sus acciones. Sí, esas mismas responsabilidades que G. Chávez eludió por lo de ENRON.

El último Tinku en París de Luis Rico refleja esa visión que, en muchos casos, tenemos sobre las expectativas de la migración. Pero existen casos en los que evidenciamos que, si bien un paisano puede conquistar tierras lejanas, no necesariamente significa una mejora en la propia tierra. Que quede claro: nadie está obligado a aplicar lo aprendido en pro de la patria, pero es necesario conocer la postura de quienes se dicen expertos. La experticia no solo se limita al conocimiento; exige la capacidad de poder solucionar problemas en la práctica con las herramientas que se han adquirido, ya lo dijo Kant “… la teoría sin experiencia, es simple juego intelectual”.

FORO

Carlos Cabrerizo

Comunicador social

[email protected]

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