Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 22 de septiembre de 2020
  • Actualizado 01:30

Preparar las condiciones para volver a trabajar

Preparar las condiciones para volver a trabajar

El 22 de marzo inició el confinamiento generalizado. El 30 de abril se cumplieron 40 días (cuarentena), con lo que se suponía, concluiría. Se añadieron otros 31 días, aunque ya en transición y reanudación paulatina de las actividades económicas luego del 10 de mayo, con un confinamiento parcial (DS 4229 art. 2.I y Disp.Trans.1ra). Estaríamos ya 50 días -casi dos meses- con la economía paralizada de las familias, muchas de ellas sufriendo desesperación. Pero, ¿para qué sirve el confinamiento social? ¿El virus se extinguirá hasta el 30 de mayo o la siguiente fecha que fijen?
Dado que aún no hay vacuna, el propósito del confinamiento es evadir el virus, es decir, reducir al mínimo la cantidad de contagios. Sin embargo, no parece visualizarse un horizonte muy prometedor respecto a la invención de la vacuna, al menos a corto plazo, menos con las diversas mutaciones. Entonces, es momento de adaptarnos; de encontrar el modo de convivir con el virus. Con este propósito, la cuarentena debería servir para preparar las condiciones para volver a las actividades cotidianas que teníamos.
Los distintos niveles de gobierno del Estado tendrían que establecer ciertas directrices e invertir en equipamiento, herramientas, materiales y educación ciudadana necesaria para el comportamiento general seguro, tal como internamente las instituciones y empresas de la sociedad civil, para así comenzar a funcionar regularmente, pero adaptadas a la convivencia con el virus. Gran parte de ello, en lo que se puede, implicará hacerlo de forma no presencial o semipresencial; implicará establecer las reglas para reunión de gente en el transporte público, en las escuelas, institutos y universidades; en las oficinas y en la atención al público.
Se deberá poner límites a la cantidad de pasajeros en el transporte, al número de estudiantes en el aula, a la cantidad de personas en las salas de reuniones y en los espacios de espera para la atención. Esto obligará a la gente y a las instituciones a optar por las reuniones virtuales, por la atención electrónica al público, por la educación virtual, por el teletrabajo, por las compras por internet y entregas a domicilio u oficina, etc. Es decir, obligará al país a la teleeconomía. En los ámbitos en que no pueda hacerse eso -como en la atención de salud, la industria, la construcción, el transporte público y otros-, la interacción presencial tendrá que ser con implementos y estrictas reglas de bioseguridad.
Por último y no menos importante, los gobiernos tendrán que concentrar gran parte de su presupuesto y atención en fortalecer el sistema de salud para atender los casos de contagio, ya que, al reducirse las restricciones, es muy probable que se incremente la cantidad de pacientes a atender, además de los que ordinariamente se registran. Se deberá, además, dejar de manipular los datos sobre los contagios y hacer la mayor cantidad de pruebas posibles, para ayudar en el control.
Pero para todo eso, es indispensable que nuestros gobernantes aparten de una vez sus colores políticos y se junten a coordinar entre ellos y con la sociedad civil organizada, para tomar decisiones y actuar de forma sincronizada con toda la estructura del Estado y en todo el país. Sin el liderazgo sano y coordinado de nuestros gobernantes, no podremos convivir sin riesgos con el virus. Una situación adversa nos llevaría a ese rezo generalizado convocado por la Presidente, pero por los cuantiosos funerales no presenciales que comenzarían a lamentarse, ya sea debido al virus o al hambre. La cuarentena debe servir para preparar las condiciones para volver a trabajar.