Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 18 de junio de 2021
  • Actualizado 20:27

Peor es nada

El retorno a clases, en contexto de pandemia, generó debate en las últimas semanas y se ha hecho evidente la desconfianza que aún existe sobre la educación a distancia.

Lo cierto es que la educación a distancia no es nueva, data del siglo XIX. Algunos hitos históricos que permitieron su desarrollo son la invención de la imprenta, que facilitó la educación por correspondencia; la aparición de medios de comunicación, primero la radio y luego la televisión; la Internet y el desarrollo de la tecnología móvil.

También contribuyeron los avances sociopolíticos y económicos que motivaron que la enseñanza bajo esta modalidad se considerara como una opción. Entre ellos, se puede mencionar la explosión demográfica en los centros urbanos y la consolidación de la educación como un derecho humano, que exigió su democratización. Acontecimientos como estos produjeron una masificación de la educación y la consecuente dificultad de ingresar a centros educativos tradicionales que veían sus aulas abarrotadas.

Ante este fenómeno y la necesidad de garantizar la educación para todos, la modalidad a distancia quedó siempre como la opción “peor es nada” y se fue construyendo un injusto estereotipo hacia esta forma de enseñanza aprendizaje que, sin embargo, en tantos años de implementación ha ganado mucha experiencia, desarrollando silenciosamente importantes avances teóricos, pedagógicos y metodológicos, mucho más avanzados  que la forma tradicional de enseñanza que aún persiste en la mayoría de las escuelas que se ofertan bajo una modalidad presencial y que siguen aplicando métodos pedagógicos anticuados.

Pero la mala predisposición sobre esta modalidad de enseñanza también tiene que ver con las precarias posibilidades económicas, acceso a la tecnología y la reducida conectividad de una mayoría de familias. Esta realidad, que desnuda los discursos políticos exitistas sobre la lucha contra la pobreza y la igualdad de condiciones, es en parte otra razón del rechazo a esta posibilidad educativa, llevando a desestimar una modalidad de enseñanza que podría contribuir a disminuir los contagios y cuidar la salud. Así, paradójicamente, la demanda de educación presencial hoy es el “peor es nada” de los hogares pobres. 

CONSTRUIR COMUNIDAD

CARLOS MAURICIO ARROYO G.

Docente Tiempo Completo DCSH UCB    

[email protected] 

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