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  • Diario Digital | martes, 18 de junio de 2024
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Liderazgo docente

Liderazgo docente

Cuando pensamos en líderes, es decir, esas personas que destacan por su capacidad de inspirar a otros, innovar y haber llevado adelante acciones para cambiar el mundo, ¿quiénes se nos vienen a la cabeza?

Posiblemente pensemos en políticos, empresarios, científicos o incluso en personajes ficticios como los súper héroes. Sin embargo, a muchos no se nos ocurriría pensar en nuestros maestros.

La educación tradicional es una de las áreas que más se ha visto afectada por la pandemia. El paso inesperado de una educación presencial hacia una enseñanza remota de emergencia (mal llamada educación virtual) ha puesto en entredicho varios de los elementos que forman parte del proceso de enseñanza – aprendizaje (PE-A). Aunque para algunos estudiosos del campo, esta crisis solo ha sido profundizada por la coyuntura pues, en realidad, los cuestionamientos al proceso educativo tradicional vienen desde mucho antes.

Y es el rol del docente uno de esos aspectos en cuestión. Una mayoría aún mantiene la idea tradicional del maestro como aquella figura de autoridad, que tiene todo el conocimiento y, por lo tanto, el poder en la relación docente – estudiante. Todo un líder autocrático.

Sin embargo, con los cambios producidos por las NTIC, hoy en día esa figura (posiblemente válida en aquel contexto socio histórico que la generó) ha perdido vigencia y posibilidad de subsistir.

Es por ello que desde la UCB se tienen diversas iniciativas de acompañamiento en esta transición para ayudar a los docentes a asumir de manera distinta su rol. En el mes de febrero, se abrió un nuevo programa de formación en Liderazgo Docente que busca “fortalecer y desarrollar las capacidades de liderazgo, coadyuvando tanto en el autoconocimiento y gestión de sí mismo como en la gestión de las personas para mejorar su desenvolvimiento en el PE-A”.

La educación hoy debe considerar la emoción, la espontaneidad, el placer y la ética como elementos fundamentales de la experiencia educativa. Para ello, la inteligencia emocional y el desarrollo de las habilidades blandas son un requisito de quienes queremos seguir con el oficio de educador. Y es que las nuevas generaciones, con acceso como nunca antes a la información, buscan ser guiados en ese mar de datos para producir conocimiento. Necesitan una presencia que marque la diferencia en sus vidas, que los ayude a alcanzar todo su potencial. Requieren un líder.

CARLOS ARROYO

Docente Tiempo Completo Departamento de

Ciencias Sociales y Humanas UCB

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