Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 07 de diciembre de 2019
  • Actualizado 22:50

Indignación y unión

Indignación y unión

Los acontecimientos de los pasados días han generado, entre otras, dos reacciones en una mayoría de la población: indignación y unión.

La gente está indignada con los resultados de las elecciones generales, porque no puede evitar sentir que no respetaron su voto y percibir que, como el organismo que observó el proceso declaró, hubo un manejo abusivo y antojadizo del mismo.

La indignación se incrementó ante la burla del Gobierno frente a las manifestaciones, que ha tratado de minimizar y hasta ridiculizar las expresiones de malestar de la población encabezada esta vez por los jóvenes.

Y este malestar fue creciendo frente a las amenazas vertidas por el primer mandatario, que pretende justificarse al decir que los “movimientos sociales” afines a su partido cercarían las ciudades, pero sin tomar consciencia que al repetir lo que supuestamente otros dijeron, estaba amplificando y animando a que esta amenaza se concrete. 

La indignación se vuelve estupor cuando se escucha a una figura del partido de gobierno amenazar de muerte a los jóvenes movilizados al aseverar que “No sé cuántas madres están dispuestos a sacrificar a sus hijos, llevarse ese dolor tan criminal que es el sentir la muerte de tu hijo […] No piensen que nos vamos a quedar con los brazos cruzados, nosotros vamos a defender nuestra revolución contra quien sea”.

Pero el nivel máximo de indignación se alcanzó al ver que de las amenazas el Gobierno pasó a la acción al permitir los bloqueos de caminos y al movilizar grupos de choque con características “paramilitares” por su accionar y a los que les fue poniendo etiquetas de supuestos sectores (transportistas, mineros, etc.) que apoyan el ya desgastado “proceso de cambio”. La indignación es grande no solo porque se utilizan a discreción los recursos públicos para sacar a la calle a estos grupos, sino por la agresividad y violencia con la que impunemente vienen actuando ante la mirada pasiva de la policía que es contenida y hasta reprimida por su comandante.

Obviamente, todo ello se hace en la búsqueda malintencionada de generar miedo en la población, de aterrorizar a estas familias que no les es habitual estar en las calles defendiendo sus derechos y especialmente a estos jóvenes de quienes tenemos el estereotipo de que nada les importa y lo único que quieren es pasarla bien.

Pero el resultado hasta ahora ha sido diametralmente opuesto. Lo único que el Gobierno ha conseguido es que la población pase de la indignación a la unión y esto se constata en los barrios que se han organizado para apoyar las manifestaciones, donde ha ido creciendo el número de personas que espontáneamente se van sumando y juntos van alzando su voz para pedir respeto a su voto, exigir que se haga justicia y clamar que haya paz.

¡Hoy como nunca antes, el pueblo está unido! Y las cosas que se hacían antes como rutina cobran hoy más sentido que nunca. En los puntos pacíficos de bloqueo va creciendo el encuentro fraterno entre vecinos, la solidaridad, la fe y el civismo. 

La letra de nuestro himno nacional nos llena de emoción y para nuestros hijos más jóvenes, recién cobra un profundo sentido esa letra que antes repetían con hastío cada hora cívica: “Al estruendo marcial que ayer fuera y al clamor de la guerra horroroso, siguen hoy, en contraste armonioso, dulces himnos de paz y unión”.