Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 09 de abril de 2020
  • Actualizado 17:15

Reconciliación, Paz y Derechos Humanos

Reconciliación, Paz y Derechos Humanos

El preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamó que “todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades”

El lunes pasado conversé con mis estudiantes sobre el contexto del país. Intercambiamos vivencias, me conmovieron sus testimonios. Destacaré tres historias que me siguen invitando a reflexionar:

Una estudiante que participó de las marchas, en ambos bandos, para entender las motivaciones y reivindicaciones. Se desilusionó, ya que en ambos casos identificó contradicciones, violencia y falta de claridad.

Un estudiante, quien confiaba al inicio en el “Proceso de cambio”, ya que permitió devolver el orgullo y la dignidad a un sector de la población históricamente invisibilizado.

Finalmente, el estudiante de mirada distante, que definió los conflictos de días pasados como “una guerra”. Debo resaltar, que él también cumple rol como militar y estuvo en las zonas de mayor tensión y violencia.

El listado de Derechos Humanos que se vulneraron durante el anterior Gobierno es extenso; la lógica de instrumentalizar/justificar normativamente actuales y futuras vulneraciones a esos derechos es peligrosa. Me indigna que, son/somos siempre los mismos, a quienes se les vulnera y vulnerará; que, siendo diferentes, somos más parecidos y cercanos que lo que muchos discursos de odio quisieran reconocer.

Nos urge desinfectar y cicatrizar, necesitamos paz y reconciliación. Una sociedad no desarrollará relaciones fundamentales si las estructuras no son justas, pero, las estructuras no funcionarán adecuadamente si no existe un mínimo de cooperación en las interrelaciones de toda la población.

La reconciliación es un fin; pero también un proceso profundo y conlleva las siguientes fases: 1. Reemplazar el miedo por la coexistencia pacífica, 2. Construir seguridad y confianza, y 3. Caminar hacia la empatía.

Únicamente cuando seamos capaces de reconocernos, y a nuestra humanidad, en los ojos de los “otros”, sin desconfianzas, ni temores podremos, mediante la justicia, la verdad y la reparación, transformarnos de un pasado en conflicto a un futuro compartido, de respeto a los Derechos Humanos.