Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 31 de octubre de 2020
  • Actualizado 04:21

Cuando somos Héctor

Cuando somos Héctor

Todos y todas en algún momento de nuestras vidas, cuando no en varios, recordamos y revivimos la última noche del gran Héctor, mítico héroe troyano de la también mítica Ilíada de Homero. Héctor como buen líder de un pueblo como Troya debe, en los escenarios de la gran guerra, salir a enfrentar a Aquiles, el mayor héroe-guerrero imaginado por la literatura griega. Por Homero podemos conocer el fatídico y trágico final de este enfrentamiento, era posible otro final, quienes hemos leído la Ilíada sabemos que era imposible una victoria de Héctor, y por ello compartimos la complicidad con Héctor: conocer su destino fatídico e igual enfrentarlo. 

La despedida de Héctor noche antes del duelo es una imagen recurrente en las decisiones difíciles de nuestras vidas: Andrómaca, su esposa y Escamandrio, su amado hijo, en la puerta de la muralla recordándole las razones para dudar en su tarea, la memoria y el provenir como promesas y las razones para buscar otros destinos, otras alternativas, otro Héctor. Sin embargo, el mayor acto de valentía del gran héroe troyano no está en el campo de batalla, está en la decisión de mantenerse fiel a él mismo, a sus principios, a su historia, a su camino, reconocer que una vida sin honrar todo lo que él representa, no es una vida posible, honrar la libertad de decidir y no esconderse en ella para no enfrentar a su adversario con todo su ser.

Es en esta decisión en la que podemos vernos reflejados cuando nos toca la noche de Héctor, qué hacer cuando debemos enfrentar un fatídico destino, un gigantesco enemigo invencible, ¿negarnos?, ¿ocultarnos en la posibilidad de una narrativa que nos aleje de la decisión de enfrentar al Aquiles de turno?

Hoy, como humanidad y como seres humanos, estamos frente a la decisión más fuerte que nos toca en muchos años: salimos de nuestras murallas de protección, la ya cuestionada “normalidad”, a enfrentar los riesgos desde nuestra entereza, desde nuestra apuesta por la vida, desde nuestra responsabilidad por y con el otro. Nos quedamos maravillados por el Aquiles que nos toca, este virus invencible. Hagamos como Héctor y seamos fieles a la dignidad humana, a la memoria y al provenir posibles desde la libertad, la integridad y el compromiso con nosotros mismos y con la vida de todos y todas.