Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 24 de junio de 2021
  • Actualizado 18:47

Una ciudad a nuestra imagen y semejanza

Una ciudad a nuestra imagen y semejanza
«Qu'ils mangent de la brioche»
 María Antonieta dixit.
Cada cierto tiempo esta ciudad se sobresalta, se sacude la modorra que la envuelve y se ve reflejada en el espejo. Y lo que ve parece no gustarle, le vuelca la cara, lo desconoce, es más, lo aborrece. Parece un mal sueño que cada cuanto viene a trastocar el buen gusto, las buenas maneras, estremeciendo esta ciudad que se debate entre aquello que nunca pudo llegar a ser y lo que los estetas de lo correcto pregonan, desde su barrio florido, desde su parque arbolado.
Hay quienes olvidan que el problema de la basura en el sector conocido como K’ara K’ara no es algo para nada reciente. De hecho, ya son 33 años que en aquellos terrenos que pertenecieran a la Universidad se viene depositando la basura cochabambina, actividad que se inició en la gestión de Coronel Rivas, dio continuidad Reyes Villa y así sucesivamente. No podemos olvidar tampoco que nunca sino es que hasta demasiado tarde, 20 años después, se tomaron algunas medidas que permitan el tratamiento, aun cuando mínimo de la basura. Evidentemente, los desequilibrios ambientales y territoriales se fueron agudizando en la medida en que se aceleró el proceso de fraccionamiento y urbanización, en torno al mismo botadero y más allá.
En este contexto, es también evidente que la dirigencia del sector aprovechó a su favor la presencia del botadero para exigir o anteponer una serie de demandas de distinta índole, en un juego de nunca acabar, de tire y afloje, con la municipalidad. Dinámica viciosa que solo determina la reproducción del problema.
Ahora bien, más allá de los serios conflictos que esto trae aparejado, es importante poner en evidencia la visión estigmatizadora y segregadora de aquellos que se creen exentos al problema, de aquellos para quienes la basura desaparece de la puerta de casa y se esfuma en el aire, deja de existir, así como por “arte de magia”. En K’ara K’ara encuentran la excusa perfecta para echar la culpa al “otro”, “salvaje”, “incivilizado”. Pero ¿Por qué no hablamos, por ejemplo, del río Rocha? ¿a quién culpamos? Si somos nosotros, si es nuestra propia mierda la que infesta el curso de agua y condena a nuestros agricultores a vivir en un entorno contaminado y putrefacto, ¿o mejor los culpamos por vivir allí? Lástima, no se puede, estaban mucho antes que nosotros.
Lo cierto es que se ha instalado, o mejor dicho se ha profundizado una lectura de la ciudad totalmente fragmentaria y segregadora. Sin duda existe una estigmatización de la pobreza, que se traduce en la denigración del pobre y la justificación de su condición: “si viven allí es porque quieren ¿quién les dijo que se asienten?, “seguramente son todos loteadores”. Esto se traduce a su vez en la identificación de aquello que podríamos denominar como la “no-ciudad”, que no tiene nada que ver con el concepto de “no-lugar” de Marc Augé, que define la tendencia a la homogeneización, a los lugares sin identidad. La “no-ciudad” es aquella que se pretende invisibilizar, la que es mejor no ver, precisamente porque nos recuerda quienes somos, es nuestro reflejo. La que no entra en los parámetros políticos y estéticos de lo aceptable, de lo reconocible. La de los ilegales, los loteadores y la especulación del suelo. Todo el arsenal de los “expertos” se descarga implacable y se horroriza por la expansión de la “mancha” urbana.
Habría que recordar que la especulación inmobiliaria que parece molestar es la “hermana” de aquella que se regodea con grandes anuncios y estrafalarias inauguraciones en las zonas de más altas rentas del suelo y de la cual mutis por el foro. El problema es uno, y verlo solo de un lado da cuenta de una clara intencionalidad política, de una ignorancia galopante o, por último, de una hipocresía total. Lo interesante es que muchos proclaman una supuesta lectura compleja del territorio y son incapaces de leer las articulaciones, otros se reclaman críticos de la lógica mercantilista que modela nuestras ciudades, pero por las noches, a solas, bailan con ella.

ANDRÉS LOZA ARMAND UGON
Arquitecto
[email protected]

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