Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 18 de junio de 2024
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Privilegio (incluso el escribir)

Privilegio (incluso el escribir)

Desde niña, mi papá repite la frase “somos privilegiados. Tenemos techo y comida”. A continuación, yo, en mi cabeza, suelo continuar: “Nos tenemos a nosotros”.

Aún hay mucho en este mundo que se puede reconocer como privilegio: tener familia, acceso a la educación, al trabajo, a servicios de salud, a un medio ambiente saludable, a la libertad de opinión, a la libertad de ser, incluso, a la posibilidad de que se cumplan nuestros derechos humanos.

Con 200.000 años como seres humanos en este planeta seguimos preguntándonos, ¿qué podemos hacer para que ello no sea una cuestión de “privilegiados”? La necesidad de pensar en un mundo justo, sin que el cumplimiento de las necesidades básicas y afectivas sea de privilegiados, por suerte, aún, apela a muchos. He conocido investigadores en nuestro medio con una alta convicción en la necesidad de cambiar estas situaciones. De hablar sobre ello, evidenciarlo, generar datos que demuestren cuestiones y problemas sociales, ambientales, culturales, jurídicos, comunicacionales, económicos, que llamen la atención a instituciones, al gobierno, a la sociedad.

A pesar de que nuestros maestros en la universidad nos han enseñado a ser objetivos en la investigación, reconociendo la subjetividad, el proceso de investigar y acercarnos a mundos reales, desconocidos, olvidados u ocultos muchas veces nos genera rabia, dolor, cercanía, compromiso. Hace unas semanas, pregunté a un antropólogo que ha estudiado los Andes bolivianos por 20 años sobre qué hacer como investigadores frente a esos sentimientos que surgen al investigar. Él sonría mientras yo, con basta seriedad, formulaba la cuestión. Me dijo: “No tengo respuesta frente a ello. Es como un policía que decide ponerse duro con los años y olvidarse los motivos por los cuales decidió estudiar esa carrera, o, por lo contrario, decide seguir mirando el mundo con sensibilidad. Yo elijo lo segundo”.

En un mundo así, de privilegios, los investigadores también estamos en ese espacio, el de privilegiados. Tenemos acceso a la educación, a la posibilidad de explorar el mundo, entablar diálogos con aquellos a quienes las sociedades los olvidaron hace mucho, incluso, luego de haberlos explotado de alguna u otra manera.

Luego de decir que somos privilegiados, mi papá añade: “y hay que estar agradecidos”, lo que cierra y comienza un ciclo. La investigación es de altruistas, pero, el hecho de tener la posibilidad de observar, comprender, interpretar, y, tratar de aportar a cambios, aunque pequeñitos, es un privilegio que se agradece y que debe ser compartido.

CONSTRUIR COMUNIDAD

Andrea Alemán Andrade

Docente a tiempo completo de la UCB

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