Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 20 de abril de 2021
  • Actualizado 17:47

El dilema social

El dilema social

Hace unos días quedé picada con el documental The Social Dilema, que recuerda que las redes sociales son empresas y puntualiza que “si no pagamos por el producto, nos convertimos en producto”. En esa pluralidad que nos constituye como seres humanos, la entrada a las redes sociales parte de una propia decisión y comienza con la libre búsqueda de información. A partir de ello, los motores de búsqueda y tres objetivos de los sistemas: visualización, aumento de uso y permanencia, relacionados a su crecimiento y lucro, intentan tomar decisiones por nosotros.

Empiezan pasándonos aquella información que recurrentemente consumimos, saben a qué pondremos likes y en qué publicaciones nos detendremos. Otorgan información de nuestro interés y placer. Efectivamente, facilitan el trabajo de búsqueda, pero, terminan disgregando sociedades.

La Constitución Política del Estado boliviano nos reconoce como un Estado plural, señalando como una de sus funciones constituir una sociedad justa y armoniosa. Tanto para nuestro país, como para otros, esa finalidad y función se ha convertido en un reto. Con las redes sociales hemos comenzado a ser lo que consumimos con más ímpetu que decidir qué consumir. Si una persona sigue por sus tendencias políticas a un partido A, la información recomendada apoya al partido A y va en contra del partido B. Esa información va construyendo realidades cerradas, afines y similares. Las redes sociales, y, principalmente, la decisión de creer la información que se nos da, terminan polarizando las posturas identitarias.

Estamos llegando a sentir comodidad con el hecho de estar entre similares, compartiendo un discurso e información, viendo lo diferente tan distinto que estorba. Las brechas a la empatía y al diálogo se agrandan.

El pensar en un Estado plural, integrador, de Justicia social, es un sueño (¿de quién?). Cada sector cree tener la razón porque tiene fundamentos e información que le dan. El hablar de un bien común se disgrega, porque ¿qué llegaría ser lo común?

Ese es el dilema social, la encrucijada en la que nos hallamos. Tal vez, si salimos de nuestra zona de confort no hagamos de esta situación un punto sin retorno, o, peor aún, una guerra basada en información acomodada a nuestras preferencias.

ANDREA ALEMÁN A.

Comunicadora Social, Socióloga y docente UCB

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