Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 01 de octubre de 2022
  • Actualizado 15:45

Lo único seguro es el cambio

Lo único seguro es el cambio

Este último año estuve con una palabra –que es más una forma de vivir que solo un conjunto de letras– en la cabeza y el corazón: impermanencia. Es el opuesto a la continuidad y constancia. No me malentiendan; estos atributos son los que muchas veces nos hacen navegar la ausencia de permanencia y equilibrar el panorama, pero me permitiré ir un poco más allá.

Desde que nacemos, nuestra naturaleza nos invita al cambio. Salir de la barriga de mamá, el estruendoso primer llanto, aprender a hablar y caminar, empezar el colegio, la misteriosa entrada a la pubertad, la juventud… cambio tras cambio. Acabamos una etapa e inicia otra. Y pese a que la impermanencia es algo inherente al ciclo de la vida, aún nos cuesta aceptarla.

Dentro de esto, hay algunos procesos que nos marcan más que otros. Para mí, el último y más trascendental duró casi cinco años. La “U”, como le decimos coloquialmente, me ha transformado. Y no estoy hablando de la estructura arquitectónica, sino de todo lo que sucede dentro y, por qué no, fuera de ella.

En este camino he sido parte de una familia que me ha elegido y a la cual yo también escogí. Una familia que levanta, que co-construye y me permite reconstruirme… y se vuelve hogar. En mi corazón sitúo a la ‘U’ como una gran familia y a Comunicación Social como un núcleo especial. Un círculo donde cada integrante me ha enseñado no solo teoría y práctica académica, sino conocimiento vivencial, espiritual y personal.

Como toda etapa, llegó a su final. Pero me preguntaba… en medio de esta transitoriedad, ¿qué permanece? Mi proceso de reflexión desembocó en otra palabra: comunidad.

Una comunidad se define como un “grupo social del que forma parte una persona” (RAE, 2022). Pero pienso que va más allá.  Creamos comunidades, pero ellas también nos crean a nosotros. La esencia individual genera esencia compartida. Si bien todo se transmuta, lo sustancial queda. Y cada persona va creando comunidades, grandes o pequeñas, en su paso por la vida.

Creo que el no poder vivir para siempre, esa impermanencia, es una de las cosas que hace a la vida tan especial. Entonces, les invito a disfrutar del presente, interiorizar las transiciones y aceptar la aventura hacia nuevos horizontes. “Nada en el mundo es permanente, somos tontos cuando pedimos que algo dure, pero seguramente somos más tontos si no nos deleitamos cuando dura” – Somerset Maugham.

CONSTRUIR COMUNIDAD

Alicia A. Rodríguez Maida

Estudiante Comunicación Social UCB

[email protected]

Entrando en la página solicitada Saltar publicidad