Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 22 de mayo de 2022
  • Actualizado 07:31

El respeto y la libertad de expresión

El respeto y la libertad de expresión

Es sabido que la actividad en las redes sociales digitales es alimentada por los usuarios y esta es fuente de riqueza para los millonarios dueños de estas plataformas, quienes hacen de todo para que la gente permanezca clavada en sus dispositivos. 

Qué mejor que acaloradas disputas para obtener emocionados comentarios entre facciones, que se retroalimentan en una la escalada de violencia verbal y simbólica, si cabe decirlo. Una exfuncionaria de Facebook, F. Haugen, lo dijo: esta red perjudica a los niños y fomenta la división, a cambio de grandes ganancias.

En este marco, un reciente “caso límite” fue motivo para que hordas portadoras de “teas encendidas” de insultos se dieran a la tarea de perseguir a todo católico o provida que encontrasen por las redes. ¿Cuál sería el problema en un Estado laico donde se garantiza la libertad de expresión? Y es que ese mismo Estado garantiza, también, el derecho universal a la libertad de religión y conciencia. 

¿Cuál es el límite del respeto al opinar en el campo de lo religioso? Encontré una respuesta en el libro de T. Garton, para quien existen dos tipos de respeto, uno por la persona el cual es incondicional y allí se incluye la fe; y otro, por valoración respecto al contenido de su credo, el mismo que puede ser debatible pero no por ello motivo de irrespeto.

Lo preocupante es que cuando se cuestiona el contenido de un credo, por las razones que sean, aunque esto trasluzca siempre la presunción de posesión de la verdad; al final, se termina con ofensas personales a la fe de los creyentes. Esto genera, a su vez, reacciones no menos violentas. Distinto es el diálogo respetuoso sobre la aplicabilidad de principios de origen religioso en la vida colectiva.

En síntesis, por mucha tecnología y por mucho cambio de hegemonías ideológicas, la falta de respeto por la libertad de credo en el plano del discurso promueve, al mejor estilo medioeval, comportamientos violentos simbólica y verbalmente, que solo dejan ver que ciertas “verdades” no son superiores a otras -como se pretenden a sí mismas- si ellas son el origen de conductas reprochables de intolerancia, precisamente porque afectan públicamente el derecho de otros, mientras en otra parte los millonarios siguen incrementando sus arcas.

CONSTRUIR COMUNIDAD

ALFONSO ALARCÓN

Docente Tiempo Completo Comunicación Social Universidad Católica Boliviana 

[email protected]

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