Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 28 de septiembre de 2021
  • Actualizado 16:20

Un juego de 90 minutos

Un juego de 90 minutos

El otro día en mi clase al exponer, mis estudiantes comenzaron a usar juegos virtuales para ejemplificar lo que decían. La gamificación ahora es tendencia, pero, además, percibí en ello un cierto reclamo: “basta ya de 90 minutos de relatos”. 

Se me vino la imagen del chico que está pegado a una pantalla toda la mañana; luego, para reunirse con su grupo, de nuevo pantalla; más tarde, para hacer tareas… ¡pantalla otra vez! 

A este punto y luego de tantos pantallazos, considero que se puede tocar la incómoda tecla de la educación remota de emergencia.

Educación virtual, señores padres, no es entretener a su hijo por 90 minutos. Señores profesores, educación digital no es acomodar métodos del viejo pupitre con camaritas. Señoritos estudiantes, aprender no es oír la dulce y somnoliente voz del profesor mientras chatean.

La tecnología es una ventana abierta al mundo, pero ¿no será también una ventana cerrada a lo que sucede alrededor? ¿Cuánto colabora a evadir nuestro compromiso por descubrirnos en un entorno que se cae a pedazos?

Estimados lectores, mientras nos llegan desesperadas solicitudes de solidaridad, cuando nos llaman para avisarnos de la pérdida de algún conocido o nos enteramos de que fulanito se quedó sin trabajo y que menganito cerró su negocio; nosotros apuntamos, como si nada, en la pizarra “virtual” que Melpómene es la musa griega de la tragedia y esperamos con ello acaparar la total atención de nuestra joven audiencia. 

¿Dónde quedó la educación para la vida? ¿Para qué sirvió decir que, además de lo cognitivo, en el aprendizaje interviene lo emocional y lo social? ¿No será que los chicos quieren “jugar” para superar lo que la pandemia les ha traído?

Urge, como dicen Gabelas y Marta Lazo, un modelo que, basado en las relaciones, conjugue nuevamente tres áreas: educación, comunicación (con todas sus tecnologías) y salud.

La salud no se la entienda por permanecer libres del virus, sino por la empatía, el control del estrés, el equilibrio emocional y todo aquello que, en un contexto de miedos, nos permita reconocernos frágiles pero dispuestos a reconstruirnos.

El juego, tan poco serio y nada académico, nos ayudará a ser más humanos cuando educamos, hará que se aprenda mejor y que los 90 minutos valgan la pena.

CONSTRUIR COMUNIDAD

ALFONSO ALARCÓN

Docente a Tiempo Completo, Comunicación Social UCB 

[email protected]

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