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La transexualidad en el cine: La chica danesa y Transamérica

Opinión Bolivia | 02 de junio de 2019

Una de las cuestiones que surgen cuando se habla de transexualidad, es acerca de su ubicación diagnóstica, en saber si la ubicamos en la neu rosis

o psicosis. Lacan señala el transexualismo en la psicosis, no significa que

en la época en que vivimos no se presente de manera inversa.

“La chica danesa” (2015) es una película basada en un hecho real, sobre la

vida de la primera mujer trasgénero en realizar la cirugía de reasignación de sexo. Lili, cuando comenzó su empuje para convertirse en mujer, manifiesta que: “A veces, quisiera matar a Einar, pero lo que me detiene es pensar que también mataría a Lili. Y cuando decide pasar por la cirugía, dice: Ahora soy completamente yo. Esta afirmación de un “yo soy”, el psicoanalista Francois Ansermet plantea que el transexual se dirime alrededor de la certeza.

Y, finalmente, al concluir la cirugía, ella muere, acepta ir más allá a pesar de llegar a la muerte. Para el psicoanálisis este “más allá” implica la muerte, y esto se desprende porque hay un desencadenamiento psicótico.

Irene Greiser en “Sexualidades y legalidades” expresa que: existe la diferencia entre ser la mujer y convertirse en una mujer; el primero ocupa el lugar de la excepción, mientras que el segundo implica un pasaje. En la psicosis, “el empuje a la mujer” es subsidiario de una desregulación del goce, producto de la inscripción en el goce fálico.

Lacan plantea que el transexual, confunde el pene con el falo y, al ocurrir esto, se niega a hacerse representar por el significante. A su vez, se niega a sexuarse.

La relación con el falo es lo que fundamentalmente se pone en juego en estos sujetos; el transexual, quiere intervenir el órgano, exige el corte. Y, este corte es la ley que trata el psicoanálisis, que es la de castración, esta cuestión nos lleva a cotejar al transexual con la época, cuya casuística es variada, y muestra diferentes posiciones en relación al falo.

Mientras que el discurso médico-jurídico se ampara en la libre elección del sujeto a partir de un consentimiento informado, los derechos a la igualdad entre los sexos y los avances de la ciencia posibilitan estas prácticas. Los psicólogos saben que esta ley no basta, es necesaria una responsabilidad subjetiva por parte del sujeto, y ubicar una responsabilidad con relación a la sexuación.

La otra película que tomé para dar una mirada inversa a la anterior es “Transamérica” (2005) que cuenta la vida de una persona que quiere realizarse la vaginoplastia, pedido que le es denegado hasta que no realicé un proceso terapéutico. Durante el tratamiento psicológico, Sabrina, la protagonista, recibe una llamada de un muchacho, que resulta ser un hijo que tuvo en su adolescencia, sin conocer de su existencia; ella como solo tiene en mente la reasignación de su sexo, quiere actuar como si ese llamado no existiera, pero por insistencia de su terapeuta, termina acercándose a su hijo y tras eso, decide hacerse cargo de él. A partir de este hecho, la psicóloga autorizó la cirugía. Se podría pensar que este hijo funcionó como regulador.

Entonces es pertinente, generar interrogantes, para permitir distancia de la inmediatez del corte, situar un antes y un después en la historia del sujeto, producir algo que hiciera diferencia.

Actualmente, aparecen casos desde la infancia que quieren pasar por este proceso, a lo que, Joseph Knobel Freud, sobrino-nieto de Freud, manifiesta que no se hipersexualice al niño, sino que deberían enseñarles a leer más poesía, más Rimbaud. No hay una postura moralista sobre el tema, pero si responsable.



NOTA: Para cualquier consulta o comentario, contactarse con Claudia Méndez del Carpio (psicóloga), responsable de la columna, al correo electrónico [email protected] o al teléfono/whatsApp 62620609.

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