Imprimir

Solucionar el problema de la basura pasa por la empatía

Carlos Bellott | Experto en derecho constitucional ligado al régimen competencial y organizacional del Estado

Carlos Bellott | 23 de agosto de 2020

Hasta el miércoles desde hace semanas, el municipio de Cochabamba volvió a vivir su ya tradicional problema de inundación de basura, debido a un nuevo bloqueo de la entrada al botadero, ubicado en la zona de K’ara K’ara. Al parecer la gente ya está acostumbrada, puesto que ocurre de vez en cuando, y sabe que lograr la solución suele durar semanas. La novedad es que este problema tiende a hacerse más frecuente, debido a que ese botadero ya se llenó y no puede seguir admitiendo más basura. Por lo mismo, el asunto requiere una solución pronta y viable.
La propuesta de los políticos: buscar otro lugar para implementar un nuevo botadero, no es política ni socialmente factible, por lo que muy difícilmente prosperará y el lío continuará. Encontrar una salida pasa primero por entender la situación. Para esto es elemental la empatía con quienes viven alrededor del botadero actual y de los lugares propuestos para uno nuevo.
Para entender el problema, es bueno imaginarlo en escalas más pequeñas. En un barrio, por ejemplo, si se tuviese que decidir destinar un terreno o incluso todo un manzano para que todos los vecinos boten su basura ahí, es muy probable que ninguno acepte que sea al lado de su casa. Así sea que el dirigente del barrio haga un convenio con el dueño del terreno, quienes vivan cerca de ese lugar no lo permitirían. Esto porque un botadero es ambiental y físicamente insostenible. Solo sirve para depositar ahí la basura y pretender enterrarla. Contaminará el aire, el suelo, las venas de aguas subterráneas, y atraerá una buena cantidad de insectos y roedores. Al llenarse, se quedará así. No desaparecerá, por una o más generaciones. Tendrán que buscar otro lugar, para hacer lo mismo.
Esa forma de resolver el problema no es la más viable social ni políticamente, ya que nadie que viva cerca la aceptaría. En su momento fue posible ubicar el botadero en K’ara K’ara, porque entonces no había habitantes cerca (al menos no muchos). Pero hoy, al haber tantos —indistintamente de si es su propia culpa asentarse ahí o del gobierno municipal permitirlo—, es imposible pretender asumir que la gente siga permitiendo que tiren la basura de la ciudad en su zona. No entender esto sería asumir que los vecinos del lugar son tontos o no tienen la capacidad de reclamar sus derechos.
Bajo esa lógica, la solución entonces no pasa por buscar otro lugar para hacer un nuevo botadero. Así el Alcalde de Cochabamba haga un convenio con el dueño de un terreno, y por más alejado que esté de la urbe, no será aceptado. Ninguna comunidad y por tanto ninguna autoridad edil tolerará que hagan de su municipio el basurero de la ciudad, sobre todo porque no es un plan física ni ambientalmente sostenible. Así, la solución es hacer que no haya basura o siquiera reducirla a lo mínimo, a lo suficiente como para que no se la sienta. Es decir, la tan propuesta y repropuesta vía de la selección, reindustrialización y reutilización de la basura.
Según datos oficiales de la Empresa Municipal de Servicios de Aseo (EMSA), el 77.1% de la basura es orgánica (Opinión, 30/12/2019), y gran parte de lo demás es potencialmente reutilizable, previo proceso de reindustrialización, quedando aproximadamente solo un 1% como desecho propiamente dicho.
Si se propone a los municipios del departamento que cuentan con terrenos inmensos, ambiental y productivamente poco útiles, la instalación de una planta de transformación de la basura orgánica en fertilizantes para la actividad agraria, muy probablemente eso sí aceptarían, bajo determinados beneficios. Asimismo, el sector de la industria estaría de acuerdo en comprar papel, vidrio, plásticos, metal y otros materiales apropiadamente reciclados y manejados, con lo que los desechos finales serían tan ínfimos, que no representarían mucho problema en su manejo y ubicación de forma segura para el ambiente.
Para ello, solo se requiere voluntad. Si hay empatía, habrá voluntad. Pero no solamente del gobernante sino, sobre todo, de parte de los/as ciudadanos/as del municipio emisor de la basura. Por un lado, la gente debe estar dispuesta a seleccionar, organizar y entregar adecuadamente su basura. Y por otro, el sistema de servicio de recojo tiene que trabajar del mismo modo. Esto ya se intentó hace un tiempo. La gente respondió bien. Entregó su basura seleccionada. Sin embargo, al ver que los carros basureros echaban todo junto al mismo compresor, lógicamente ya no lo hizo.
La forma más efectiva de hacer que un servicio funcione es la descentralizada. Mientras más centralizado un servicio, marcha peor, más aún si se tiene que lidiar con sindicatos y fuerzas similares. Tal vez lo recomendable sea generar una empresa comunitaria, cooperativa o privada por barrio (OTB) y por mercado (asociación), que se ocupe de recoger la basura separada de los vecinos y vendedores, en las categorías que sean necesarias, con la condición de que se la entregue personalmente. Si no está adecuadamente separada, no se la recoge. Esas mismas empresas serían las responsables de la entrega a las procesadoras de residuos orgánicos y de los demás sólidos.
El gobierno municipal lo único que tendría que hacer es normar (establecer esto como regla, prohibir el depósito de basura en espacios públicos, etc.), fijar sanciones efectivas (no siempre la multa en dinero funciona, además permite privilegios), controlar y, sobre todo, invertir en educación ciudadana para modificar la cultura hacia esa nueva práctica.
De esta o de la forma más apropiada y efectiva que se encuentre, la solución al problema de la basura de las ciudades y áreas urbanas pasa necesariamente por la empatía, por asumir que no podemos simplemente tirarla a otra zona donde también viven personas, por hallar el mejor modo de reindustrializarla y reducir al mínimo lo que se pondrá en un relleno sanitario. Esto implica activar nuestra voluntad ciudadana para separar, organizar y entregar adecuadamente la basura; y la de los gobernantes para efectivizar el correcto recojo y entrega final a las industrializadoras, dejando solo lo mínimo para ser tratado en un relleno sanitario.

CARLOS BELLOTT L.
Experto en derecho constitucional ligado al régimen competencial y organizacional del Estado
[email protected]

Puede ver este artículo en la siguitente dirección /opinion/carlos-bellott/solucionar-problema-basura-pasa-empatia/20200822231302783597.html


© 2020 Opinión Bolivia

Opinión