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Perú empieza a ganar el pulso a la COVID-19 con 700 mil contagios y 30 mil muertes

Lima/EFE | 09 de septiembre de 2020

Personal sanitario realiza pruebas de coronavirus a los pobladores del asentamiento Pampa Los Olivares – Villa Leticia de Cajamarca (Perú). FOTO- EFE
Personal sanitario realiza pruebas de coronavirus a los pobladores del asentamiento Pampa Los Olivares – Villa Leticia de Cajamarca (Perú). FOTO- EFE

El número de nuevos casos positivos y decesos han ido bajando en las últimas tres semanas. Las autoridades ven la situación con cautela y optimismo.

Perú parece haber empezado a ganar el pulso a la pandemia pues, pese a los 700.000 contagios y 30.000 fallecidos que alcanzó este martes, presenta indicios positivos de que la enfermedad está remitiendo mientras se alista para los ensayos clínicos de la vacuna del laboratorio chino Sinopharm.

Aunque ostenta el título del país con la mayor mortalidad relativa del mundo por COVID-19, son ya tres semanas consecutivas donde los números parecen ir en contra de la enfermedad, con el número de nuevos casos detectados cayendo de forma generalizada, la mortalidad también en caída y un número mucho menor de pacientes hospitalizados.

Estas cifras, que desde las autoridades son vistas con una mezcla de cautela y optimismo, dibujan una curva en la que la segunda ola de infecciones, que se dispararon con la apertura de la economía y el fin del confinamiento generalizado que se decretó en julio, está claramente a la baja.

MUCHAS ALTAS, MENOS MUERTES Uno de los aspectos de mayor esperanza lo aporta el hecho de que el ritmo de personas recuperadas de la enfermedad lleva casi 15 días siendo muy superior al de nuevos infectados.

Así, en la última semana, la número 27 desde el inicio de la pandemia, se declararon 42.811 nuevos casos positivos, mientras que se dio de alta a 59.582 personas.

También de forma significativa, el número de personas ingresadas en hospitales para su atención por complicaciones derivadas del COVID-19 ha pasado de un pico de 14.181 registradas el 17 de agosto a 11.242 el día 7 de septiembre.

La mortalidad apunta también a una caída significativa y pronunciada, sobre todo en los últimos días.

En este sentido, los datos del Sistema Nacional de Defunciones (Sinadef) de Perú, que recogen el exceso de muertos por cualquier motivo habidos en el país respecto a la media de años anteriores, apuntan a que el desvío de hasta seis veces más muertos diarios que se ha visto durante la pandemia está aproximándose a la “normalidad”.

Según cálculos realizados por el analista y matemático Marco Loret de Mola, uno de los mayores expertos peruanos en la evolución de la pandemia, la tendencia apunta a que a finales de septiembre la mortalidad registrada alcanzaría la media histórica.

PREVALENCIA MASIVA Lo que también es innegable es la altísima prevalencia del virus entre la población, que ha motivado al Gobierno a preparar un estudio general que permita poner una cifra formal al estimado de unos “7 millones de personas” que “fácilmente” han podido estar infectadas en el país.

Así lo señaló el lunes el viceministro de Salud Pública, Luis Suárez, en una nota en la que afirmó que ya se sabe que el virus ha contagiado en algún momento al 25% de los más de 10 millones de personas que viven en Lima y Callao, ciudades donde se concentra un tercio de la población de Perú.

Estimaciones realizadas en semanas anteriores con base en datos reales, pero sin haber formado parte de un estudio sistemático y contrastable, apuntaban que la cifra de contagios en Perú podía llegar a un 38% de su población de 32,6 millones de personas, con algunas zonas mucho más expuestas que otras.

Estas cifras también son fruto de un mayor trabajo de campo impulsado por las autoridades bajo el nombre de operación Tayta (padre, en quechua), una serie de grandes intervenciones en varias zonas del país para hacer pruebas casa por casa y detectar y atender lo antes posible a población vulnerable contagiada, como ancianos.

FINAL CON CAUTELA Las cifras llevaron al presidente peruano, Martín Vizcarra, a afirmar ya el pasado domingo que la enfermedad está “en su fase final”, si bien precisó que ésta no desaparecerá “mañana o pasado mañana”, sino que sino que tomará varios meses.

“Pero no se puede generar ningún triunfalismo, tenemos que seguir trabajando como en el principio. Estamos en la fase donde ha empezado a disminuir (...) puede demorar meses hasta que llegue la vacuna”, alertó.

Luchar contra este optimismo ha sido uno de los trabajos más arduos del Gobierno en estos días, con las autoridades pidiendo ser “cautela” ante la posibilidad de que se haya dado algún episodio de “inmunidad de rebaño” en algunas ciudades del país.

Uno de los mayores problemas en Perú para el control de la enfermedad ha sido que la población cumpla con las mínimas normas de distanciamiento social, lo que llevó precisamente a Suárez a recordar que “el 75% de la población aún sigue siendo susceptible” de enfermar.

Precisamente esta jornada, en la que se celebró el 200 aniversario del desembarco de José de San Martín en las costas peruanas, punto de inflexión en el proceso de independencia del Perú, el presidente Vizcarra pidió a sus conciudadanos seguir “trabajando juntos” con “empeño y coraje” para vencer la enfermedad.

VACUNAS LISTAS PARA ENSAYO El mensaje oficial es que hasta que la población esté vacunada, no habrá un regreso a la normalidad, lo que explicaría también la atención generada en el país por el inicio de los primeros ensayos clínicos masivos de vacunas en territorio peruano.

Este jueves se espera que arranquen las inoculaciones entre los 6.000 voluntarios que participan en las pruebas del laboratorio chino Sinopharm, que se harán en Perú de la mano de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH) y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), las encargadas de conducir el estudio.

La semana pasada llegó al país un equipo de científicos chinos con el material, que consiste en la inoculación del coronavirus inactivo para que el paciente pueda generar anticuerpos e inmunidad.

En Perú se probará con dos cepas distintas del virus SARS-CoV-2. A 2.000 voluntarios se les aplicará la cepa de Wuhan, ciudad china se originó la pandemia, y a otros 2.000 la cepa de Pekín, mientras que otros 2.000 solo recibirán un placebo.

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