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Marcelo Durán | Docente universitario y consultor en tecnología de la información en la Agencia Bithumano

Marcelo Durán | 31 de julio de 2020

Castigar la sexualidad está, lastimosamente, en nuestra historia desde casi siempre. En tiempos precristianos, la “tienda roja” era el lugar donde iban las mujeres a “sanar” la menstruación porque era considerada impura. Milenios después, nos encontramos aquí, en los albores de un siglo hiperconectado y digitalizado, pero con la misma estrechez de mente. 

Los videos triple equis de alguna persona (pública o privada) siguen siendo el arma de la cobardía. Indignarse a rabiar y pedir castigo solo reproduce este eterno círculo vicioso. Es tapar el Sol con un dedo. El tema de fondo es y seguirá siendo, la (falta de) educación sexual en la sociedad. Veamos porqué.

Escena 1. Me han pedido muchas veces dar charlas en colegios sobre los peligros de las redes sociales, cuando algún profesor descubre que sus alumnos comparten alegremente un “pack”. Pregunta, ¿aquí dan educación sexual? No, los padres de familia dicen que ese es un tema que se aborda desde casa y no allí. Y así empieza la larga y fallida educación sexual de jóvenes que terminan con Mía Khalifa de profesora y pidiendo/compartiendo fotos por doquier. Irónicamente, hay más honestidad y aprendizaje sobre “el delicioso” en Tiktok que en las propias aulas de colegios y en las casas.

Escena 2. Hace unos meses, un periodista me preguntó sobre datos de consumo de internet en Bolivia. Como es un dato complejo, pedimos a la ATT una tabla actualizada con información proveniente de los proveedores. La nota tituló “En cuarentena, ¿qué ve la gente en internet? Redes sociales y pornografía”. Pueden buscarla y sacar sus propias conclusiones. 

Escena 3. Hay instituciones que abordan este tema desde la investigación y la incidencia como el caso de UNFPA. Vean en su web bolivia.unfpa.org la cantidad de documentos sobre violencia digital (especialmente sexting). Pongo el tema en perspectiva: Eva Copa está pasando lo que miles de mujeres viven y sufren cada día en Bolivia, con la diferencia que no son autoridades y no pueden pedir justicia desde la palestra pública. ¿Quisieras saber cuántos casos de pornovenganza existen? ¿Quisieras saber qué hacen los padres cuando sus hijos hombres comparten videos de sus propias compañeras de curso? ¿Quisieras saber cómo procede la justicia cuando hay casos de este tipo? Ahí te dejo la tarea para que veas más allá de un tuit indignado.

Escena 4: El Instituto de Desarrollo Humano trabaja en esta temática y tiene cifras para compartir a partir de una encuesta realizada recientemente en jóvenes en Cochabamba. En esta cuarentena, el 28% del público, consultó videos y páginas de sexualidad en internet,  y más de la mitad afirma buscar “información general sobre sexualidad”. Ahí es donde esta institución creó la web amorsexoyalgomás.org que presenta contenidos y espacios para preguntas/respuestas incluso vía Whatsapp. Muy bien por esta propuesta.

En conclusión, no podemos crecer como sociedad si solo ponemos énfasis en la parte técnica (velocidad y acceso a internet) y descuidamos el aspecto humana. Sí. Una persona hace un video. Pero miles lo ven y lo comparten. El mejor software para evitar la difamación desde la sexualidad, tiene un solo nombre y se llama “educación sexual”. Ojalá puedas instalarlo en la mente de tus hijos y en la tuya.

PUNTO BO

MARCELO DURÁN V.

Docente y Consultor en Tecnología de la

Información en la Agencia Bithumano

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