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Un mes de disturbios segó la vida de 34 personas en Bolivia

Melissa Revollo P. | 01 de diciembre de 2019

Uno de los nichos construidos en Huayllani, Sacaba en Cochabamba/El velorio de Limbert Guzmán, en Cochabamba (arriba) y muertos de 
El Alto en una capilla (abajo).
Uno de los nichos construidos en Huayllani, Sacaba en Cochabamba/El velorio de Limbert Guzmán, en Cochabamba (arriba) y muertos de El Alto en una capilla (abajo).
Hay luto y dolor en las familias de ambos lados. Las víctimas mortales eran padres, hijos, hermanos. Hay investigaciones con anuncios de dar con los responsables.

La última llamada de Omar; los hijos huérfanos de Roberto; la salida inocente de Ruddy; son solo parte de algunas historias, de entre las 34 personas que murieron durante la convulsión y los conflictos que duraron un mes en Bolivia.

Las balas atravesaron cuerpos. Los golpes de palos y las pedradas enviaron a decenas al hospital. A otros, los llevó a la muerte. Los enfrentamientos en el país dejaron, además, heridos y detenidos. 

Los testimonios de las familias de los muertos se dan en medio de llanto; los de los heridos, exponiendo cuerpos baleados y adoloridos, apoyados en muletas, con brazos vendados. Hay epicentros de luto, como Sacaba (Cochabamba), que ahora tienen capillas ardientes, donde hubo fallecidos; huecos en círculos de pintura en puertas, postes, letreros y paredes, donde impactaron balas.

La convulsión estalló a partir de las elecciones nacionales del 20 de octubre, con las denuncias de fraude electoral. Hubo movilizaciones, paros y los pedidos de renuncia de Evo Morales Ayma a la Presidencia de Bolivia.

En todo el país, entre el 30 de octubre y el 27 de noviembre, murieron 34 personas. Pero, no son solo números. Eran padres, hijos, hermanos. A varios, sus familiares los seguían a través de llamadas telefónicas y por la información que veían en los medios de comunicación. Los enfrentamientos se registraron entre afines al Movimiento Al Socialismo (MAS) y los sectores contrarios a Morales, además de los hechos durante la intervención de las Fuerzas Armadas (FFAA) y la Policía Boliviana.

Las vidas de estas personas terminaron a golpes de palos, piedras y disparos de armas de fuego, en medio de enfrentamientos y gritos.

LOS PRIMEROS

La noche del 30 de octubre, la muerte llegó a Montero, en Santa Cruz. Murieron Marcelo Terrazas Seleme (48) y Mario Salvatierra (55), tras los enfrentamientos entre militantes del MAS, que acudieron a desbloquear, y cívicos que defendían el paro. Ambos fueron víctimas de disparos de arma de fuego.

Salvatierra era un mototaxista aficionado al fútbol. Era padre de tres hijos. Murió luego de haber recibido dos disparos.

Terrazas era un abogado, cívico cruceño. Tenía dos hijos.

Desde la Defensoría del Pueblo se anunció las investigaciones necesarias para sancionar a los responsables. “Llamamos nuevamente a cesar la violencia y pacificar el país”, publicaban.

Pero, eran solo las primeras víctimas de la violencia.

NO RESISTIÓ LOS GOLPES

Una semana después, el 6 de noviembre, murió Limbert Guzmán Vásquez (20) en Cochabamba.

Su cuerpo no pudo reponerse de los golpes que recibió. Perdió la vida durante los enfrentamientos violentos en el puente Huayculi, en el Valle Bajo. Aquella jornada hubo al menos siete puntos de conflicto, durante casi 10 horas. Fue la jornada más violenta en los 17 primeros días de protestas. El saldo fue de decenas de heridos y un muerto: Limbert. Recibió golpes fuertes en la cabeza, tenía muerte encefálica. No aguantó.

El joven hubiera salido bachiller este año, quería estudiar Ingeniería civil. Vivía en Alto Cochabamba, al sur de la ciudad de Cochabamba, y desde ahí iba todos los días a bloquear a Huayculi.

Como un homenaje, estudiantes de Arquitectura de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) pintaron un mural con los rostros de estas tres víctimas: Mario, Marcelo y Limbert.

ARMAS, ACCIDENTE Y UN ESTRANGULADO

Entre el 11 y 12 de noviembre sumaron los muertos a causa de impactos de bala. El Defensor del Pueblo informó entonces que Percy Romel Conde Noguera (33) en La Paz, Beltrán Paulino Condori Aruni (23) también en La Paz y Marcelino Jarata Estrada (53) en Potosí murieron por impactos de bala.

En Cochabamba perdió la vida, por asfixia por estrangulamiento, Filemón Soria Díaz (45).

Solo en Cochabamba

En el departamento de Cochabamba, durante los conflictos y enfrentamientos, murieron 13 personas. El representante del Defensor del Pueblo, Nelson Cox, dijo que se abrió una investigación para cada caso. El resarcimiento de daños a las víctimas es uno de los 16 compromisos firmados entre las organizaciones sociales y las autoridades en pro de pacificar el país.

Entre otras víctimas de esos días están Silverio Condori (57) en La Paz, Miguel Ledezma Gonzales (24) en Sacaba (Cochabamba), Juan José Mamani Larico (35 aproximadamente) en Cochabamba y Juan Martín Felix Taco (18) en La Paz.

El comandante de la Unidad Táctica de Operaciones Policiales (UTOP), teniente coronel Heyber Yamil Antelo Alarcon, se dirigía a El Alto, La Paz, en su motocicleta. Iba a controlar las manifestaciones. Sufrió un accidente que le dejó ocho fracturas. De acuerdo con Página Siete, le hicieron tres operaciones, y estaban pendientes cinco más. Pero murió.

El 13 de noviembre perdió la vía Roberth C. S. (20) en Montero, Santa Cruz. Y una persona no identificada de entre 16 y 20 años también fue una víctima mortal durante los conflictos en Yapacani, Santa Cruz.

ÚLTIMA LLAMADA TELEFÓNICA Y LUTO

El retén de Huayllani, en Sacaba, está a unos 10 kilómetros de la ciudad de Cochabamba; a pocos metros hay un puente. Ahora, la zona es un referente de las nueve muertes que hubo el viernes 15 de noviembre, cuando los productores de coca del Trópico intentaban ingresar a la ciudad. Hubo enfrentamientos con policías y militares. En el lugar, hay nichos de ladrillo y cemento, flores, velas encendidas y fotografías de las víctimas. En las cruces negras están los nombres de cada una; tienen banderas tricolor y wiphalas. Los familiares llegan y derraman lágrimas. En las construcciones y negocios de alrededor están las marcas de balas.

Los representantes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) llegaron el 25 de noviembre hasta la zona. Se sentaron delante de los dolientes y de los heridos y escucharon sus testimonios.

Omar Calle Siles (25) se comunicó con su familia poco antes de morir. Falleció por impacto de bala que le provocó una hemorragia interna. Él era del Sindicato Ibuelo de la Central Ibuelo, Federación Única de Centrales Unidas.

Su hermana, Magalí, según publicó RKC, escribió que su hermano salió de Ibuelo para asistir a la marcha pacífica que se preveía realizar en La Paz. Sus padres también se movilizaban. “Mis hermanas y yo lo veníamos siguiendo por televisión, entonces las noticias anunciaron que habían disparado, que un joven había recibido un impacto directo en la cabeza. Cuando dijeron su nombre se nos heló la sangre”.

Él se mantenía en comunicación con sus hermanas. La última llamada fue cuando empezó la gasificación. “La última vez que se comunicó con nosotros, estaba muy emocionado, pero también asustado (…). Quienes lo vieron, nos contaron que mi hermano se había acercado a ayudar a los heridos y le dispararon de frente”.

Era esposo y padre de dos niños. Su madre también fue herida.

Testimonios

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos escuchó testimonios de una parte de las víctimas en Huayllani, Sacaba.

Plácido Rojas Delgadillo (18) fue otro joven muerto en Sacaba. Pertenecía a la Central Bolívar. Su padre, Telésforo Rojas, con un fólder con documentos en una mano y un carnet de identidad en la otra, lloró frente a los representantes de la CIDH. Contó que la bala que mató a su hijo “entró por atrás y salió por delante”.

Emilio Colque (21) fue víctima de proyectil en el tórax. Era miembro del Sindicato Amanecer Central Unidos Anzaldo de la Federación Yungas Chapare. Uno de los dirigentes de la zona, Eliseo Zeballos, dijo que el joven era como de su familia. Había llegado recién del cuartel, trabajaba en el campo como agricultor. Sus padres no estaban en la movilización. “Él vino de cuenta de su papá”, contó Zeballos.

Juan López Apaza (34) también fue una de las víctimas de las balas. Era parte del Sindicato 9 de Abril de la Central Eterazama de la Federación Trópico. En contacto con RKC, su hermana dijo que él era como una papá para sus siete hermanos. “Él nos ha brindado estudios, nos apoyaba en cualquier momento (…). Han hecho pedazos a mi familia”.

Roberto Sejas Escobar (28) murió víctima de un proyectil. Era afiliado del Sindicato Isinuta de la central del mismo nombre en la Federación Trópico. Dejó un hijo de nueve años en orfandad, según declaró su tía ante la CIDH.

Lucas Sánchez Valencia (43) falleció, según su certificado de defunción, por lesiones en la cabeza a causa de proyectil de arma de fuego. Era parte del Sindicato Marcelo Quiroga, de la central Independiente de la Federación Trópico.

César Sipe Mérida (18) murió víctima de un proyectil de arma de fuego. Era del Sindicato Apjarumiri de la Central 12 de Agosto, parte de la Federación Única de Centrales Unidas.

Marco Vargas Martinez se sumó a las víctimas mortales de las armas de fuego utilizadas en los enfrentamientos.

Una bala también cegó la vida de Armando Carvallo Escobar (25). El dirigente Zeballos expresó que el joven era papá de una niña pequeña. "Varios han sido baleados".

EL ALTO Y UNA VÍA CON MUERTE

La zona de Senkata, en una de las principales carreteras de acceso desde El Alto a la ciudad de La Paz, fue de muerte el 19 de noviembre. La pérdida de vidas en el lugar se produjo en un operativo de las fuerzas del orden en una planta para escoltar un convoy de camiones cisterna con combustible.

Junto a lo ocurrido en Sacaba, es uno de los hechos más graves del conflicto. El director del Instituto de Investigaciones Forenses (IDIF) de Bolivia, Andrés Flores, dijo que los informes sobre víctimas tras operativos en las ciudades de Sacaba y El Alto revelaron impactos de proyectiles de calibres 5, 56, 9, 22 y 38 milímetros.

En esa oscura jornada fallecieron Devi Posto Cusi (34), Pedro Quisberth Mamani (37), Edwin Jamachi Paniagua (38), Jose Colque Patty (22), Juan Jose Tenorio (23), Antonio Ronald Quispe (23), Clemente Mamani Santander (19).

Una jornada antes, el 18 de noviembre, murió el sargento Juan José Alcón Parra (43). Días antes fue brutalmente golpeado por una turba durante la toma y quema del Comando Regional de la Policía de El Alto.  Falleció en el Hospital Obrero por un paro cardiorrespiratorio debido a las múltiples fracturas y varias lesiones que tenía. Fue declarado “héroe” en la Policía. 

Uno de sus camaradas contó que, en el momento del ataque, los efectivos vivieron momentos de desesperación ante la arremetida con piedras y petardos. Lograron escapar, pero Alcón fue atrapado, golpeado, apedreado, le pusieron de rodillas y obligaron a besar la wiphala.

En vida, el Sargento destacaba como instructor de brigadas escolares en la preparación de cultura de Seguridad Ciudadana. Trabajó también en instrucción de valores, civismo, seguridad, trata y tráfico.

La violencia no paró en El Alto los días posteriores. El 20 de noviembre, Ruddy Cristian Vasquez Condori (23) fue a comprar pan y cayó víctima del disparo de un arma de fuego. Según Página Siete, la mamá de Ruddy, María Condori Nina, contó que su hijo había salido a comprar pan y no participaba aquel día de las movilizaciones alrededor de la planta de Senkata. “Una hora se ha perdido. Entonces su amigo me ha venido a avisar que mi hijo ya estaba accidentado, que del helicóptero han disparado, mi hijo tiene 23 años. Yo quisiera que se haga justicia, eso es lo único que exijo”, indicó la madre en un ambiente que se habilitó en la zona para velar a tres de los fallecidos.

El 22 de noviembre, murió en la misma zona Milton Zenteno Gironda (22).

A la lista de víctimas mortales se suma Calixto Huanacu Aguilar. Falleció el 27 de noviembre en El Alto, La Paz. Él fue herido el 19 de noviembre.

En los días posteriores, el luto se mostró en medio de protestas en las que se expuso los ataúdes con los muertos, ceremonias religiosas y pedidos de justicia.

Las familias, de uno y otro lado, lloran a sus muertos. Los heridos todavía sienten dolor. Y hay procesos e investigaciones sin fecha de conclusión.

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