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Kevin Syler: “De chico quería ser chef, ahora voy por la UFC ”

ROMINA SAAVEDRA | 02 de agosto de 2020

CHRIS UNGER
CHRIS UNGER
El cruceño triunfa en el octágono de EEUU. Asegura que su estilo es distinto al de su hermano Bentley. El 4 de agosto tendrá un combate que podrá insertarlo a las grandes ligas. 

C uando Kevin Syler era preadolescente, uno de sus primos lo molestaba. Le decía “Niño bala”. Pero no lo hacía con malicia, sino con el ánimo de bromear. Todo se daba en el contexto de la complicidad y la confianza que suele haber entre los primos cercanos.

Lo llamaba de ese modo no porque Kevin fuera rápido. Todo lo contrario. Lo decía irónicamente, pues el muchacho resumía absolutamente lo contrario.

“Es una historia graciosa, ja ja. Su intención no era darme un cumplido, sino una burla, al principio. Yo, de pequeño, era gordito y lento. No era bueno para los deportes. Me puso ese apodo de forma sarcástica, para resaltar lo opuesto. Ya cuando entré a las peleas y empecé a ser mas rápido y atlético, le respondí: ‘ahora sí soy el niño bala’. Se mató de la risa. Creo que uno no se pone su propio apodo. El chiste es que lo haga otra persona y uno decida si va o no”, grafica el peleador, que ahora tiene 27 años y es el máximo referente de las artes marciales mixtas (MMA) de Bolivia en Florida, Estados Unidos.

El muchacho creció. Y definió, también, su camino. Ya no existen dudas alrededor de su talento. Kevin demostró su virtuosismo en el octágono, a las claras.

En apenas cinco días, el cruceño tendrá el combate para el que se estuvo preparando con muchísima disciplina. Se enfrentará a su gran chance de clasificar y entrar con todo en el terreno por el que esperó desde siempre: las grandes ligas de la UFC (Ultimate Fighting Championship). Su sueño más preciado es lograr un contrato.

Se encuentra en Florida, donde radica desde 2012. La pelea, que mantendrá el 4 de agosto en Las Vegas, le genera no solo la sensación de que todo es posible, sino la responsabilidad de seguir demostrando que los bolivianos deben deshacerse de la idea de que las limitaciones son pan del día.

Para nada. Y Kevin es el primer detractor de los pensamientos chatos.

Bien lo dejó en claro al término del encuentro que sostuvo en julio de 2019, cuando derrotó a Lawce Lawrence por decisión unánime en el Dana White Contender Series.

En aquella velada, Kevin se convirtió en el primer boliviano en lograr una victoria dentro de la UFC. No obstante, su peso le jugó en contra. Por 2.94 kilogramos, no pudo acceder al contrato con el empresario estadounidense Dana White, quien preside la UFC. Esto, pese a que el norteamericano quedó maravillado con su actuación en el octágono.

Pero la rueda sigue girando. Esta vez, Kevin vuelve a tener la chance de su vida. Para ello, necesita superar la instancia clasificatoria. “Estoy bien, con los ánimos altos, la dieta y el entrenamiento en orden. Me vengo preparando para esta oportunidad durante muchos años”.

Solo él conoce, a ciencia cierta, la revolución interna que sacude su esencia en el momento previo a cada competencia. Pelear es lo que sabe hacer, para lo que nació, para lo que vive.

Desde que notó que realmente era bueno en las artes marciales mixtas, Kevin se aferró con fuerza.

En el fútbol, el talento no le brotaba como por arte de magia. Entonces, descartadas la pelota, el gramado y las canchas. “El motivo por el que comencé a entrenar es porque no era bueno casi en nada. En el fútbol me ganaban. Cuando descubrí las peleas y vi que era talentoso en eso, me agarré, me aferré. Eso me dio una identidad”, celebra.

Si, quizás, demostraba que tenía cualidades, ello sucedía en la cocina.

El deseo que antecedió a su pasión desenfrenada por el combate era ser chef. Claro que ninguno se pudo comparar, luego, con el mandato interno de ser un luchador profesional. “Me gusta cocinar. Cuando era chico tuve un período en el que quería ser chef. Sin embargo, la pelea lo sobrepaso (el anhelo) por muchísimo. Todavía disfruto hacerlo en mi tiempo libre”.

Se presenta como una persona sencilla, amante de lo simple, lo cotidiano, lo que dista de las excentricidades. En esa línea, valora los momentos en los que está con su familia. Una parrillada, la degustación de un postre o una buena charla con su primo le dibujan una sonrisa.

“Para mí, hay pocos momentos más felices que estar charlando con mi primo o sobrinos, disfrutando de un churrasco grande, compartiendo una cerveza, vino o postre. En cuanto a lo triste, el fallecimiento de mi padre ha sido bien difícil. Cuando me mudé a Estados Unidos también la pasé duro. Era muy chico”.

Se lleva de maravilla con sus hermanos Chris (cantante) y Bentley (también ha competido en las MMA). De hecho, aunque considera que su estilo de pelea es totalmente distinto al del más grande de los Syler, está seguro de que ambos muestran la misma actitud en el octágono. “No nos rendimos. No es fácil que nos ganen, en ese sentido. No nos cansamos. Siempre peleamos hasta el final de la campana”  

Datos

Kevin Syler cumplió 27 años ayer. Vive en Florida, Estados Unidos, desde 2012. Justamente, se mudó allí con el sueño de triunfar en la UFC.

Entrena en la academia American Top 10 de forma sostenida en el año, independientemente de que tenga un combate cercano, pues las artes marciales mixtas son su vida.

La relación que tiene con sus hermanos Chris y Bentley es muy buena, aunque con este último el vínculo es más paternal.

“Todos somos de carne y hueso, no importa de dónde vengamos, la raza o el color. Lo que importa es el sueño”, dice.

Sienta una diferencia con respecto al estilo de pelea de su hermano Bentley:  cree que el mayor de la familia adopta la distancia corta.

En julio de 2019 logró una victoria histórica en el Dana White Contender Series, torneo organizado por la UFC.

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