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Jhasmany, tras infancia difícil, al rock y a la defensa del hampa

Opinión Bolivia | 27 de enero de 2019

Fue el único que llevó el apellido del hombre que cuidó de su mamá hasta la muerte. Creció creyendo que era hijo de Julián T. y su madre lo hirió demasiado. Rebelde, muy inteligente y manipulador. Así lo describen.


Jhasmany T.L. nació el 4 de enero de 1980 en una familia cochabambina disfuncional. Es el menor de cinco hermanos. Su madre era Julieta Leclere Torrico, una mujer que heredó el apellido de su abuelo, un ciudadano francés que cautivó a una boliviana y la hizo su esposa.

Cuando era muy joven, Julieta se enamoró y sostuvo una relación con un hombre con el que tuvo dos hijos: Patricia y Rolando C.L. La primera se convirtió en actriz, y hoy vive en Estados Unidos. El segundo mora en Cochabamba. Es abogado y fue concejal municipal. Empero, la relación de los padres no prosperó y Julieta decidió separarse.

Tiempo después, conoció a otro varón y se casó con él. Tuvo dos hijos más, José Luis y Rodrigo, pero la unión se disolvió. Cuando la pareja ya estaba separada, nació Jhasmany. En su primera partida de nacimiento, el bebé fue inscrito con el apellido Sejas Leclere.

Cuando el niño tenía dos años, y ya estaba divorciada, Julieta conoció a Julián T.L. En ese entonces, Patricia tenía 12 años y el futuro abogado había cumplido dos. Su madre poseía una caseta en el mercado Fidel Araníbar en la que se dedicaba a vender ropa infantil. Las vendedoras aseguran que tenía un carácter muy especial y su comportamiento “no era normal”, aunque no quisieron explicar por qué.

Ese puesto la ayudó a sacar adelante a sus hijos, pero también contó con los recursos generados por el arduo trabajo de Julián, que se desempeñaba en el área de la confección de vestidos para niñas. Según algunos comerciantes del mercado, Jhasmany jugaba para la selección de fútbol del mercado, pero cuando creció un poco más dejaron de verlo en La Cancha.



DOS PARTIDAS

Julieta y Julián se casaron, pero no tuvieron hijos propios. Hasta los 14 años, Jhasmany apellidaba Sejas, pero creció creyendo que su padre era Julián y le reclamaba todo el tiempo por qué no llevaba su apellido. Ante la imposibilidad de tener hijos juntos, Julieta le pidió a su esposo que le brinde su apellido. Él aceptó, y ella se encargó de efectuar los trámites en Cliza para obtener la segunda partida de nacimiento para su hijo menor.

El trabajo en la caseta y en la confección no tenía horarios ni feriados. Los niños crecieron, y si bien Julián los protegía, los cuidaba, los llevaba y los traía, su esposa no le permitía que los corrigiera, más allá de una prohibición de salir.



CONFLICTOS

La mujer tenía un carácter muy fuerte. Creía que solo ella podía regañar a sus hijos, pero lo hacía utilizando palabras excesivamente hirientes.

Jhasmany le exigía a Julián tratarlo como a su único hijo. “Quería ser el preferido porque llevaba mi apellido, pero yo los trataba a todos por igual”. En plena rebeldía, empezó a leer sobre la vida de Adolfo Hitler. Decía que los minusválidos no deberían existir porque eran una carga para el Estado, haciendo referencia a un familiar suyo.

Escuchaba a The Doors, Mago de Oz, más tarde a Therion; quería cortinas negras para su habitación y empezó a cuestionarlo todo, en el colegio y en la casa. Su espíritu combativo le causó muchos problemas en la escuela. En una oportunidad sacó notas bajísimas y su madre se enojó mucho. Le gritó: "¡Qué pena que seas así! Todos tus hermanos son diferentes! ¡Era mejor que no hubieras nacido, tal como me dijo mi exesposo!". Aquella frase marcó la vida de Jhasmany. Su rebeldía se profundizó y su distancia emocional hacia sus hermanos y su madre creció como un abismo. Incluso llegó a odiar el apellido Leclere.



ROCKERO

Tras salir bachiller en 1997, de un colegio privado, ingresó a la facultad de Derecho de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS). Amante del rock pesado, fue el vocalista de un grupo que tocaba en algunos locales por un tiempo. En 2002 se tituló como abogado por excelencia académica.

Julieta y Julián alquilaron una tienda de ropa en Quillacollo, con mercadería incluida, para ayudarlo a generar recursos, pero no le fue bien. Ni siquiera pudieron recuperar el capital. Alquilaron una oficina en el edificio Imperio de la calle Sucre y San Martín, de la familia Zegarra, por un año, para que Jhasmany pudiera montar su bufete y desarrollar su carrera.

Él se propuso “apropiarse” de la clientela de un conocido abogado de bandas delincuenciales que había sido condenado y enviado a la cárcel por estelionato.

Y así fue. Se convirtió en el defensor de los “pesos pesados del hampa”, de los policías acusados de voltear droga o de violar a mujeres, y a otros. Abordaba a las víctimas y les decía que se les devolvería todo lo robado, pero les sugería que retiren sus demandas alegando que sus clientes eran “muy peligrosos”y que tenían acceso a sus direcciones domiciliarias por los datos consignados en las denuncias escritas.

En el edificio Imperio, las frecuentes fiestas y escándalos en la oficina de Jhasmany hicieron que los inquilinos se quejen y que Franz Zegarra, el propietario, se vea obligado a expulsar al abogado.



SEGUNDA OFICINA

La consultora jurídica se trasladó entonces al edificio Aly, en la calle Jordán. Pero, allí también hubo conflictos con el dueño del inmueble y por los mismos motivos.

En esa temporada, de acuerdo al cuaderno de investigaciones, llegó al bufete Sergio O.A., el hijo del fiscal Óscar O. Como parte de su bautizo, Jhasmany le entregó granadas de gas lacrimógeno y se fue junto al expolicía Diego Céspedes al Tribunal de Justicia de Cochabamba.



PRIMER ATENTADO

Desde allí, llamó a Sergio, que estaba el edificio Aly con Marcos F.C., y dio la orden: “¡Háganlo ya!”. Segundos después se oyeron explosiones en el inmueble. El dueño sospechó de Jhasmany, pero él estaba en otro lugar a esa hora y pudo salir airoso de toda sindicación. Quienes lo conocieron lo describen como rebelde, muy inteligente, manipulador, explosivo, divertido, con un humor negro agudo y esporádicos arranques de ternura. Jhasmany se casó con una joven y tuvo un hijo con ella. La relación se enfrió por varios conflictos y se divorciaron.

Jhasmany continuó trabajando, logrando experiencia y estableciendo relaciones con policías de diferentes unidades a los que ofrecía defender gratis en sus procesos disciplinarios y penales para lograr su devoción, pero también estrechó lazos con algunos fiscales, auxiliares, amanuenses, jueces, y vocales.

Bajo reserva

Esta historia fue reconstruida en base a testimonios de personas que lo conocieron en distintas etapas, pero no cuenta con la versión de él.

39

Años

cumplió Jhasmany T.L. el 4 de enero de 2019. Es el quinto y último hijo de Julieta Leclere Torrico. Salió bachiller en 1997, se tituló por excelencia académica el año 2002, de la UMSS. Se inscribió en el registro de abogados en 2017.

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