Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 29 de marzo de 2024
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¿Es Bolivia una Colombia 1.0?

¿Es Bolivia una Colombia 1.0?

Un reportaje publicado por un matutino español sostiene una realidad muy inquietante:  en 2017, la producción de cocaína fue la más alta de toda la historia de la humanidad: cerca de un millón de toneladas. Ya por el 2018, la Unión Europea rompió todos los récords conocidos en incautaciones: 110 mil toneladas de cocaína en un solo año y, de acuerdo, con el Observatorio Europeo de Drogas, 18 millones de europeos de entre 15 y 64 años son adictos a la droga.

Pero, además, el mercado de consumo se amplía hacia el Sudeste asiático y Australia demanda cocaína con mayor asiduidad al igual que las ciudades capitales de Latinoamérica, con mayor foco en las clases empobrecidas de las urbes en desarrollo.

Los narcotraficantes parecería que usaron los manuales de las escuelas de negocios para hacer de sus acciones ilícitas verdaderos consorcios globales donde no se salva ningún giro comercial. Solo en México de cada tres pesos mexicanos, dos provienen del narcotráfico: una contaminación absoluta de la economía y la política.

Entre 2005 y 2018, el cultivo de hojas de coca se duplicó en Colombia - según el Monitoreo de territorios afectados por cultivos ilícitos 2018, de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) -, y también se han incrementado en Perú y Bolivia.

Otro dato: la tecnología y los avances en la agroindustria estarían favoreciendo enormemente a la industria del narcotráfico. La modernización productiva logró técnicas agrícolas eficientes de poda, fertilización, control de malezas, plagas y, sobre todo, permitió introducir variedades con mayor productividad, más resistentes al clima y patógenos, variedades todas ellas que mejoran la cosecha del alcaloide.

Entonces, el panorama es siniestro. Solo en 2019 y comienzos del 2020, al país más pequeño del Cono Sur (Uruguay) le interceptaron más kilos de cocaína que en toda su historia. Sí, leyó bien: !!!Uruguay!!! Fueron 12 toneladas que iban a salir de su territorio en diferentes cargamentos hacia mercados internacionales. Todo fue descubierto e incautado. La droga tenía origen boliviano. Le refrendo el dato solo por si tenía alguna duda.

¿Cómo se explica esto? Los expertos sostienen que a diferencia de los temibles carteles mexicanos y colombianos de la época de Pablo Escobar y del Chapo Guzmán, a comienzos del nuevo mileno los monopolios empezaron a erosionarse y, concretamente, a fragmentarse.

El negocio de las drogas literalmente se “terciarizó” en campesinos, pequeños fabricantes (Mypes y Pymes), transportistas, aduaneros, pilotos, dirigentes sociales, policías, guerrilla comunista (son todos narcotraficantes), políticos zonales, distritales y departamentales, vendedores al menudeo donde todos tejen una gigantesca telaraña ilegal de camiones, barcazas, avionetas, aviones, minibuses, transportistas rurales y periurbanos que llegan y contamina con su mercadería a todos las ciudades, países de la región y el mundo.

Frente a este panorama cabe preguntarse si el Chapare, domicilio particular del narcotráfico, es la Colombia de los años ochenta y noventas y si esta fragmentación del negocio está conformada no por uno o dos o tres carteles, sino por negocios familiares dedicados a la fabricación de la droga. Sea como sea, esto es gravísimo y es un desafío del Estado controlar, fiscalizar y luchar de frente contra este flagelo: la pregunta es si será una decisión políticamente correcta o los cocaleros seguirán siendo la lacra dominante de este país.

OJO EN TINTA

JAVIER MEDRANO

Comunicador y experto en Gestión Estratégica

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