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Construir laicidad en tiempos de pandemia

Miguel Miranda H. | Filósofo y teólogo.

Miguel Miranda H. | 25 de junio de 2020

En tiempos de pandemia, pedir que quienes detentan el poder cumplan los principios de laicidad y se ajusten a los límites propios de un Estado laico democrático, es pedir peras al olmo. Unos y otros utilizan rituales, símbolos y referentes religiosos en el ejercicio del poder, aprovechando la devastación emocional que experimenta gran parte de la gente en medio de la crisis sanitaria. Pero, por ello mismo, pese a que los impactos de la crisis del Coronavirus en las personas son caldo de cultivo para buscar soluciones mágicas que huyen de asumir lo real, el desafío de construir relaciones sociales laicas y democráticas viene para la sociedad.

Sabemos que hay mucho dolor vivido en la propia piel, en la intimidad del hogar y el vecindario. Personas muy cercanas a nosotros enferman o incluso mueren. Y la situación es peor aún para los sectores populares. Además, hay contrastes que son desalentadores: a la par de acciones de gran altruismo y generosidad, aparecen acciones mezquinas con una tremenda falta de empatía, como apedrear ambulancias, discriminar a personas enfermas o lucrar con las extremas necesidades de la gente.

Afuera hay una guerra por el poder. La crisis política no resuelta de noviembre de 2019 ha trasladado sus trincheras, sus guerreros y su ceguera hacia el escenario de la crisis sanitaria y social del coronavirus. Es una pugna ciega por el poder (no por una efectiva democracia) en la que los bandos contendientes utilizan, de manera impúdica, los factores de la crisis sanitaria, para avanzar hacia sus objetivos.

Sin pretensión de dar recetas, quizá una actitud básica, necesaria para asumir desde la sociedad las soluciones a la crisis, sea aprender a utilizar todas nuestras capacidades racionales y afectivas para no ser presa del pánico o la fácil tentación de soluciones mágicas. Sobreponernos a la desesperación, buscando estar sólidamente informados.

Sabemos que esta sobriedad no es fácil sostenerla cuando las situaciones extremas hacen detonar nuestros límites psicológicos. Pero, ello mismo puede y debe ser gestionado colectivamente: ayudarnos a sostener esta serenidad que busca objetividad en el análisis de la situación, para contribuir a desarrollar colectivamente acciones atinadas, solidarias y eficaces.

 

 

MIGUEL ÁNGEL MIRANDA H.

Filósofo y teólogo laico

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