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Bolivia va al mundial

Opinión Bolivia | 22 de julio de 2017

Hace unos meses, vi una hermosa película, “Spare Parts” (2015, “La vida robot”). La historia gira en torno a un profesor de secundaria que, tentado por una gran empresa tecnológica, recibe una jugosa oferta de trabajo. Aparecen cuatro estudiantes hispanos en situación migratoria irregular, que le piden ayuda para fabricar un robot. El objetivo: participar en un concurso organizado por una prestigiosa universidad. Con unos pocos dólares, mucho talento y más de una pelea interna, el equipo logra armar un robot submarino que debe realizar varias tareas. Los padres, escépticos en un inicio, dudaron del alcance del proyecto, alegando la terrible frase de “ser realistas y entender su lugar en la sociedad”. Efectivamente, cuando llegan al concurso, las diferencias son abismales: algunos tienen robots de miles de dólares, nuestros protagonistas juntaron monedas para comprar las piezas en la tienda de barrio. Les adelanto un detalle: es una película inspirada en la vida real que incluye la premiación de Obama al equipo ganador.

Esta semana hemos leído la feliz noticia de la gran participación de Bolivia en el First Global Challenge, un campeonato mundial de robótica en el que cuatro estudiantes de Chuquisaca y un docente mentor representaron a nuestro país con muy buenos resultados. Al indagar en los alcances de First en su web first.global, se evidencia que tiene participantes de todos los continentes, con diferentes historias pero un mismo objetivo: programar un robot con talento. Quiero también destacar al equipo de Siria, cuyos miembros, en calidad de refugiados y sorteando conflictos bélicos y políticos, lograron participar. Precisamente, este es el aprendizaje. Más allá de lo técnico, de religión, nacionalidad, género o raza, existe un poderoso sentido de humanidad detrás de quienes desarrollan tecnología. Me permito unas sugerencias.

Que los colegios implementen más ferias de ciencia, robótica y programación. Por lo mismo, aplausos para las Olimpiadas Científicas y toda posibilidad de expandirlas en formato de talleres y concursos locales. Que los profesores no esquiven la tecnología, la conviertan en una aliada y dejen de verla como un elemento distractor. Que las empresas privadas adopten, en su ámbito de RSE, una política de auspicio a quienes participan en estos eventos. Aquí se destaca Fancesa como la empresa que financió los pasajes de los bolivianos al campeonato. Finalmente, que los padres de familia incentiven el espíritu científico, más allá de entregar un teléfono con internet a sus hijos. Queda el espacio de reflexión para pensar soluciones. Pueden empezar, por ejemplo, viendo juntos la película que recomiendo. Hay vida más allá del fútbol. Sí podemos decir, con orgullo, que Bolivia va al mundial.
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