Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 22 de octubre de 2019
  • Actualizado 18:37

Mujeres y fútbol: la lucha continúa en el mundo

Con más de un siglo de historia, el balompié femenino busca obtener un espacio real dentro de este deporte. El esfuerzo sigue vigente y las ansías de crecer se hace más fuerte.
Mujeres y fútbol: la lucha continúa en el mundo


Francia vivió durante un mes el encuentro del fútbol femenino más importante del planeta. Venticuatro selecciones pisaron la cancha y lucharon por alzarse con el triunfo cada partido. Hoy, se celebra la final de la octava versión de la Copa Mundial Femenina de la FIFA y los ojos de los amantes de este deporte están puestos sobre las jugadoras de Estados Unidos y Holanda, quienes se disputan la gloria máxima.

Esta es la primera vez en un mundial femenino que se implementa el VAR, después de la copa mundial masculina el 2018.

Si bien la visibilización del balompié de mujeres es cada vez mayor, los espacios conquistados hasta ahora no responden a la larga trayectoria histórica que posee este deporte. Relego, burla y desprecio son solo algunas de las situaciones que superaron estas mujeres durante más de un siglo de lucha.



PATEANDO EL BALÓN

HACE MÁS DE UN SIGLO

A pesar de que el fútbol femenino recién está viviendo su mejor época en la actualidad, tiene tanta historia como el masculino. Sus inicios datan de 1880, cuando se comenzaron a disputar varios encuentros, pero no fue hasta el 23 de marzo de 1895 cuando se celebró el primer partido oficial. Esta contienda se jugó entre el North y South en el campo del Crouch End Athletic, en Londres.

El partido contó con más de 10 mil espectadores, muchos de ellos intrigados por ver a las mujeres practicar un deporte considerado solo para varones en aquellos días. La mayoría no llegó a ver el juego con precisión, ya que se tuvieron que quedar de pie en un terreno plano (en aquel tiempo no habían graderías).

Este primer encuentro terminaría con la victoria por 7-1 de North, cuya capitana era Nettie Honeyball, quien también fundó el British Ladies Football Club, primer club de fútbol femenino, en 1894.

Tras ese primer partido, el British Ladies Football Club comenzó a disputar varios torneos a lo largo de Gran Bretaña. En total, el equipo jugó más de 160 partidos en dos años, de 1985 a 1987. Durante ese tiempo comenzaron a surgir muchos problemas; el gran número de encuentros provocaba que en muchas ocasiones las jugadoras no pudieran llegar a algunos.

En 1895 el BLFC se dividía en dos equipos, uno liderado por Nettie Honeyball y otro por Helen Mathews. Finalmente, dos años después, el equipo se disolvió por completo.

Aunque el British Ladies Football Club creó un gran número de comentarios y opiniones, la mayoría eran negativos. Con la llegada de la Primera Guerra Mundial, el fútbol femenino se vio impulsado debido al reclutamiento de los hombres. A pesar de que durante esta época las mujeres volvieron a las canchas la Football Association (Asociación de Fútbol) no reconoció el fútbol femenino hasta después del mundial de 1966.



PRIMEROS MUNDIALES FEMENINOS

Con el paso de los años el bolompié femenino fue ganando más espacios en este deporte, pero no los suficientes como para optar por un mundial.

Las primeras competiciones internacionales, aunque eran extraoficiales, se comenzaron a celebrar en 1970, en Italia. Este primer torneo no fue reconocido por la FIFA, por lo que no se toma en cuenta. En aquella ocasión la selección ganadora fue Dinamarca, que venció a la anfitriona por 2-0.

Solo un año después se realizó un segundo mundial, también extraoficial, en México. Este encuentro, en el que participaron países como Argentina, Inglaterra o Italia, tuvo una gran popularidad, pero la desorganización que había en las federaciones hizo que no se llevaran a cabo más mundiales durante más de 10 años.

Fue hasta 1991 cuando la FIFA atendió las peticiones de las jugadoras y organizó el primer mundial femenino oficial con sede en China. Ese año participaron 12 equipos y Estados Unidos se coronó como el campeón (es la selección con más mundiales).

Esta primera edición contó con más de 500 mil espectadores a lo largo de todo el torneo, lo que refleja el gran interés que provocaba el fútbol de mujeres.

Solo cinco años después, en 1996, el Comité Olímpico Internacional decidió incluir el fútbol femenino en el programa de los Juegos Olímpicos de Atlanta. En ese oportunidad participaron ocho países: Japón, China, Alemania, Dinamarca, Noruega, Suecia, Estados Unidos y Brasil.



DE LAS FALDAS LARGAS A LOS CORTOS

El fútbol femenino ha sufrido muchas trabas a lo largo de su historia, la vestimenta y uniforme de las jugadoras fue uno más de los inconvenientes que tuvieron que superar.

En sus inicios, sus uniformes solían ser faldas largas y corsé, prendas que les impedían moverse con libertad. La aparición del BLFC, el primer equipo de fútbol femenino, provocó un cambio en la vestimenta, que pasó a ser blusas, gorras y pantalones bombachos, muy amplios y ceñidos a la pierna.

Las críticas hacía los uniformes en el fútbol de mujeres siempre se han escudado en la pérdida de la feminidad, especialmente en los primeros años de este deporte. Pero, aún en la actualidad, podemos seguir escuchando algunos argumentos que defienden el uso de ropa con estética más femenina para intentar atraer a más público masculino.

Las prendas de las futbolistas ha ido evolucionando con el paso de los años, pero siempre ha guardado relación con la vestimenta que utilizan los hombres, algo por lo que muchas futbolistas se han quejado.



LOS INICIOS EN BOLIVIA

En nuestro país, la historia fue similar. La inclusión de las mujeres en fútbol institucional comenzó en la década de los 90. Santa Cruz, La Paz, Sucre y Tarija, fueron los que iniciaron con las asociaciones a nivel nacional.

Javier Caballero, expresidente de la Asociación de Fútbol de La Paz, al ver la motivación de las mujeres les brindó su apoyo y, en 1994, se conformó la Liga Femenina de Fútbol, bajo la dependencia de la asociación de cada departamento.

“Hasta la década del 80 no se concebía que la mujer pueda jugar fútbol, se creía que era solo para varones. Eran tomadas en cuenta pero a la vez relegadas, jugaban después de que terminen los partidos de los hombres porque no tenían canchas”, dice Rolando Aramayo, director del comité ejecutivo de la Federación Boliviana de Fútbol.

Poco a poco, ellas comenzaron a abrirse espacios específicos dentro de este deporte. Uno de ellos es que, después de muchos pedidos, las jugadoras fueron enlistadas en el Sistema de Registro Único Deportivo Nacional lo que ayudó en la organización y en la proyección a futuro.

La primera categoría en crearse fue la Absoluta o Libre (adultas), pero, debido a la demanda, con el tiempo se implementaron las categorías Sub 14 y Sub 17.

Al finalizar los años 90, la Comebol creó la Copa Libertadores de América de fútbol femenino. Las campeonas de cada departamento de la categoría libre juegan el Nacional de Clubes, equivalente a la Copa Simón Bolívar, y luego pasaban a la Libertadores.

Durante muchos años las mujeres se conformaron con torneos en sus barrios, pequeños partidos que organizaban ellas mismas y que les servían para practicar su pasión.

En Cochabamba, actualmente existen 16 equipos de la categoría Libre y ocho de la Sub 17. Entre los primeros se juega anualmente los torneo apertura y clausura. Los más destacados son: Universitario, Unitepc, Crecer, Aurora, Atlético Fernández, Wilsterman, Ayacucho y Colcapirua.

“El fútbol femenino aún no es profesional, no es rentable. Yo pienso que va a llegar en algún momento, se tiene que aspirar a eso”, afirma Rolando.

Hace 20 años la liga cochabambina genera torneos y competencias que buscan la formación profesional de las jugadoras.

La disposición de la FIFA de que todos los equipos tengan su selección femenina impulsó la inserción de mujeres en ámbito el profesional de este deporte.

Durante todos estos años se observaron aspectos positivos y negativos. La lucha continua y la búsqueda por la equidad e igualdad con los varones sigue en pie.

“El fútbol femenino nació a raíz de un grupo de chicas que jugaban de forma independiente, se logró la inclusión de ellas en las asociaciones. Se les dio participación en el órgano de mayor determinación. Además, se logró la masificación de este deporte en mujeres. Esos son avances muy positivos”, explica Aramayo.

Aunque también reconoce que el camino aún es largo: “El fútbol femenino a nivel mundial tiene mayor relevancia y eso nos obliga a que en las federaciones hagamos lo mismo. Hay luces y sombras como en todo, pero lo positivo es que se está avanzando”, finaliza.