Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 17 de octubre de 2019
  • Actualizado 08:09

LECTURAS SUTILES

Jugar es cosa seria

¿Qué niño no juega? Y cuando lo hace, los adultos nos quedamos mirando de manera desconcertada al pequeño que rechaza los juguetes lujosos y se entretiene con el empaque del mismo, Igual asombro nos produce el niño que juega a solas, armando un escenario otorgando roles y nombres a sus juguetes, o aquel que realiza juegos torpes, arrojando y destruyendo todo lo que encuentra a su paso; como también, nos causa estupor aquel al que  le es difícil jugar sin que entendamos  por qué.

Todo niño que juega, dice Sigmund Freud, se comporta como un poeta, pues crea un mundo propio, nuevo y diferente. En otro sentido, inserta las cosas de su mundo en un nuevo orden que le resulta satisfactorio.  De esta manera, el juego no es pura diversión, por el contrario, el niño lo toma muy en serio, es ahí donde nos muestra su realidad.

Definir qué es el juego es algo en apariencia muy evidente, sin embargo, habrá que tomar en cuenta que cada uno  llega a ser una invención singular en la que el niño aborda, de manera diferente, diversas temáticas personales.

¿Por qué juega un niño? Divertirse es un factor que constituye el armado del mundo propio de cada persona en su infancia; podríamos plantear, en primera instancia, que se juega como una forma de expresar algo, es decir, repetir de modo activo aquello que fue vivido de manera pasiva. Por ejemplo, cuando los niños juegan a ser conductores, o cuando juegan a las ollitas, ser profesores o a vender productos en una tienda, etc. se evidencia esto. Por otro lado, el juego es un medio para representar situaciones angustiantes como ser ausencias, pérdidas y otras emociones que no se pudieron simbolizar, pero que encuentran en el juego una manera de hacerlo.

El psicoanálisis afirma algo esencial sobre las actividades lúdicas de la infancia. De alguna manera, el jugar llegaría a ser el equivalente al uso de la palabra para un adulto, ya que, en algunos casos, puede ser una forma de descarga del exceso energético que aturde al sujeto, en otros, promueve el interés y el aprendizaje del mundo externo.

Jugar es algo serio, porque gracias  a eso se puede extraer de forma muy expresiva, lo inaccesible de cada niño  y a la vez es indispensable para atravesar avatares angustiantes inherentes  a la vida. Por otro lado, la imposibilidad de jugar es igual llamativa pues nos  referiría a algún conflicto emocional y/o de desarrollo.

Es importante que los adultos demos un lugar preferencial a los juegos de los niños, entendiendo la necesidad   de fomentarla y potenciarla. Es preciso entender que no todo juego es una    actividad exclusiva de ocio. Asimismo, no es conveniente sobreestimular al niño con juegos etiquetados como educativos creyendo que les vamos a dotar de más inteligencia pues quizás los carguemos demasiado.

NOTA:  Para cualquier consulta o comentario sobre la columna, contactarse con Claudia Méndez Del Carpio (psicóloga), al correo [email protected] o al celular/WhatsApp  591-62620609.
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