Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 15 de agosto de 2020
  • Actualizado 00:36

MIGRANTES

“Tu cholita Mega”, la boliviana que construyó un personaje por un reto y ahora es aclamada en Virginia

Se llama Hilda Juárez, vive en Estados Unidos desde hace dos años y allí conduce un programa de entretenimiento con el que ganó muchos oyentes. Ahora quiere enfocarse en los niños.

La boliviana Hilda Juárez, en sus dos facetas.  Crédito- Hilda Juárez
La boliviana Hilda Juárez, en sus dos facetas. Crédito- Hilda Juárez
“Tu cholita Mega”, la boliviana que construyó un personaje por un reto y ahora es aclamada en Virginia

Todo comenzó con una propuesta que nació entre sus seguidores. La locutora boliviana Hilda Juárez, de 33 años, se aprestaba a ubicarse detrás del micrófono para entretener a sus seguidores con su voz, su carisma y picardía. De pronto, en pleno programa, uno de ellos lanzó un reto: que ella personificara a una mujer de pollera durante la transmisión en vivo por la plataforma de Facebook.

El desafío estaba sentado. Hilda lo recogió. Quería complacer a sus fans. Al día siguiente se presentó con la vestimenta tradicional de la mujer valluna. Llevó polleras amplias, su cabello dividido en dos trenzas generosas, aros brillantes y una blusa característica.

Los mensajes y llamadas fueron abrumadores, al punto de que Hilda se sorprendió con la buena recepción del público en la emisora llamada La Mega Estación, que es sintonizada desde Virginia, Estados Unidos.

A partir de allí se consolidó el personaje “Tu cholita Mega”. El éxito llegó “sin querer”. “La gente me pedía que hiciera un programa de cholitas. Aquello fue como una apertura para crear el personaje, que dio bastante de qué hablar. Nunca me había vestido de cholita. Obviamente, siempre defendí aquello… mi madre era de pollera. Fue un reto del público, que me propuso que lo hiciera. Al día siguiente, tal como lo había prometido, lo cumplí. Recuerdo que dije que no contaba con más vestimenta. Unas personas de una comparsa me aseguraron que me la prestarían. Luego me trajeron ¡Yo no podía fallar! Dije: ‘vamos a estar así esta semana”. Sin embargo, cuando un viernes me quise despedir y agradecí por el apoyo, la gente empezó a pedirme que siguiera. No hice caso. El lunes aparecí como soy yo. Las personas insistieron. De esa manera me quedé así. La gente añora sus costumbres”, relata Hilda, quien vive fuera de Bolivia desde que era adolescente.

La caracterización comenzó en abril, en plena pandemia. Ella ya contaba con una cabina que consiguió instalar en suelo estadounidense, donde mora desde hace dos años. Cuando empezó con el espacio de entretenimiento, Hilda ya tenía experiencia en el ámbito radial. De hecho, antes vivió en España, donde también condujo un programa, aunque fue con contenido meramente informativo.

“Todo el mundo estaba pendiente de los infectados. Me enfoqué a divertir a la gente. Ha dado resultado”, señala Hilda, quien fue madre hace nueve meses y además es subdirectora de la radio.

Basta con que se encienda la señal que indica que el programa es transmitido en vivo para que los seguidores de la sucrense se dejen envolver por las temáticas. Los comentarios en el Facebook superan los 1.000. Sus fanáticos saben que ella aparece de lunes a viernes, de 17:00 a 19:00.

La boliviana deja un detalle en claro: toda la ropa que luce durante sus programas no es propia, sino prestada por personas que confían en su talento.

Uno de sus planes es redireccionar su atención de lleno hacia los niños, que también la siguen. Su interés creció luego de que un pequeño, de 5 años, le enviara un mensaje y le expresara que la apreciaba y que anhelaba verla al aire cuanto antes. Ahora se concentra en la suerte de transición. “Nos hemos olvidado un poco de los niños. Por eso, encaramos un concurso de canto y baile, los martes. Hemos tenido como 70 inscritos. Ahora me quiero enfocar a trabajar con ellos a través del descubrimiento de sus talentos. Tenemos patrocinadores. No quiero que me paguen, sino que los premien a los pequeños. Por ese motivo, suelo pedirles a mis auspiciadores que les hagan llegar un dinero para que sus padres les compren algo”.

Hilda, quien también se dedica a brindar clases de locución, extraña Bolivia. Eso la llevó a involucrarse por completo con la comunidad.