Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 29 de octubre de 2020
  • Actualizado 19:04

Alexander, el radialista que comenzó con un estudio rústico y ahora conduce “Con la boca abierta” en España

El comunicador, hijo de madre brasileña y padre boliviano, vive en Barcelona hace 16 años. Se ganaba la vida como albañil y se especializó en pintura. Su incursión en el ambiente radial empezó como un hobbie y ahora reconoce que es su pasión, aquello que lo hace sonreír.

 

El radialista se muestra en el estudio de su casa. Gentileza Alexander Gandarillas
El radialista se muestra en el estudio de su casa. Gentileza Alexander Gandarillas
Alexander, el radialista que comenzó con un estudio rústico y ahora conduce “Con la boca abierta” en España

Alexander Gandarillas es feliz con lo que hace. Sentado en su propio concierto, con el micrófono delante y los auriculares siempre listos para otra entrega de entretenimiento, el radialista se siente (y es) el dueño del show. Se enciende el switch, la orden de salir al aire se activa y el también actor boliviano-brasileño está presto para informar, “hacer reír y llorar” a la comunidad boliviana y extranjera que decida sintonizarlo.

El comunicador, de 43 años, vive en Barcelona, España, desde los 28. Allí es donde logró ser reconocido por su virtuosismo y su capacidad de soltura ante los radioescuchas, pues dirige el programa “Con la boca abierta”, por Radio Studio 54 Sabadell.

Y no solo es sintonizado y seguido de cerca por los residentes bolivianos que radican en el país europeo, sino también por personas que lo han elegido desde Brasil, Chile, Honduras, Japón y Venezuela, entre otros.

Hace dos años exactos, Alexander formalizó, con todas las letras, el montaje de su estudio, ese espacio que diseñó a su gusto en su casa y que también fue visitado por el actor internacional Milton Cortez, entre otras figuras de renombre que pasaron por su “hábitat”.

Es su pasión, que nadie diga lo contrario. El radialista está convencido de que no existe nada que le provoque más satisfacción que estar munido de un micrófono y llegar a las personas a diario. “Ahí informo, distraigo, hago reír, hago llorar. Saco todo y es una felicidad enorme estar en la radio. Es mi vida, me encanta”.

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El comunicador se toma una pausa en pleno trabajo como pintor.

Claro que todo el proceso necesario para lograr ser valorado en Barcelona no se dio repentinamente. Empezó de abajo.

Cuando llegó a España, su primer trabajo fue el de ayudante de albañil. Se trató de un verdadero reto para él, puesto que tenía los conocimientos apenas básicos para desempeñarse en el rubro. Por fortuna, se topó con personas que fueron productivas para él. Su primer jefe le aconsejó que mudara de rubro cuando se produjo la crisis económica del 2010. Alexander tomó la recomendación y se volvió pintor y decorador de ambientes. Cree que su cualidad de desenvolverse fácilmente le fue de mucha ayuda. “Soy sociable, me hago querer rápido. Siempre salí por la puerta grande con mis jefes. Cuando se acabó el trabajo que teníamos, mi primer jefe me recomendó que trabajara en pintura”, cuenta.

Aquel momento marcó el inicio de mejores tiempos. “Me fue mucho mejor porque me hice independiente. El señor con el que empecé a trabajar me mandó a pasar  clases de decorado para que perfeccionase mi estilo. Trabajaba todo el día y estudiaba por la noche. Mi jefe enfermó y ya no pudo pintar, entonces me encargó  la empresa. Luego me volví pintor independiente”, completa.

La vida no es perfecta y suele presentarnos retos para probar nuestro temple. Alexander no fue la excepción. Y creció. Hace unos años cayó en depresión y se volcó al alcohol luego de una decepción amorosa. Pero pronto se levantó, dijo no más y el chip fue otro. “Es un bache en mi vida. Si no lo hubiera tenido, no habría llegado a donde estoy ahora. Me falta mucho camino. Un dia desperté, me miré al espejo y dije: ‘esto no es lo mío, no nací para estar así’. Salí a la calle, me recuperé, conocí a personas que me ayudaron anímicamente y empecé”, recuerda el radialista, que también fue presentador de grupos musicales como Azul Azul y Ráfaga.

En Santa Cruz, lugar donde vivió gran parte de su juventud, ya se había metido en el mundo de la actuación y del teatro. De hecho, fue parte del elenco de una novela costumbrista. Siempre estuvo ligado a ese mundo.

Alexander entrevista a danzarines de la colectividad boliviana en Barcelona.

Alexander entrevista a danzarines de la colectividad boliviana en Barcelona.

Ya en España, su acercamiento constante con la comunidad boliviana hizo que pensara en el concepto de entrevistar y hacer videos cortos de los compatriotas que se ganan la vida como peluqueros, albañiles o pintores. Lo importante era visibilizarlos, llevar el mensaje de que existían, que estaban allí. Y así empezó la historia. 

“Se me ocurrió grabarlos con mi teléfono para colgar los videos en el Facebook. Empecé con un peluquero, seguí con un albañil y luego con un pintor. Vi que aquello tenía bastante repercusión, me llamaba la gente. Un amigo de la TV boliviana vio uno de mis videos y me llamó para que formara parte de Ecos de Bolivia. Mandaba despachos”.

Fue entonces cuando Alexander descubrió que ese era su sitio. Decretó que su felicidad pasaría por allí. Después, una persona interesada en su trabajo se comunicó con él para proponerle que montara un pequeño estudio radial, con los elementos básicos. Y lo hizo. “Empezamos, pero tuvimos problema de enlace y me quedé con la mosca tras la oreja ja ja. Dije que no podía ser, que tenía todo comprado. Entonces comencé a producir mi programa en el Facebook Live. Muchas personas que me conocía, en Bolivia, de Radio Sudamericana, me hablaban. Me acercó a mi gente y se me ocurrió armar un estudio rústico, con lo necesario. Invertí dinero y lo monté en casa. Entonces inicié con mi programa ‘Con la boca abierta’, el que conduzco hasta ahora. Aquí vino Milton Cortez. Él me dijo que no importa el tamaño de la casa, sino quién la ocupa. Me dio pautas y crecimos. Levantamos un estudio más grande y ya con todo”.

Así, Alexander informa, entretiene, emociona y hace lo que lo apasiona. Ser radialista es su vocación. Y de ahí no lo mueve nadie.