Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 23 de octubre de 2021
  • Actualizado 03:46

ALGUNAS REGIONES CRUCEÑAS AÚN CONSERVAN LOS SABERES Y LAS OBRAS ARQUITECTÓNICAS QUE HEREDARON DE SUS EVANGELIZADORES EN EL SIGLO XVII

Vestigios jesuíticos son perennes en los pueblos

Vestigios jesuíticos son perennes en los pueblos



Las Misiones Jesuitas son un referente turístico para el departamento de Santa Cruz porque aglutinan una serie de muestras artísticas propias del siglo XVII.

Uno de los pueblos cruceños en los que aún quedan vestigios históricos de lo que un día fueron estas reducciones de carácter religioso es San Javier.

Este pueblo, es la primera reducción fundada por los Jesuitas, fue cuna de producción musical. Se dice que en este lugar los sacerdotes fundaron escuelas de música e incluso enseñaron a los comunarios a fabricar sus propios instrumentos para tocar alabanzas a Dios.

Por ello, al recorrer sus calles aún es posible apreciar casonas que están construidas con adobe y decoradas con motivos misionales en las que viven comunarios apasionados por el arte musical.

Para acceder a esta región el turista debe recorrer un camino asfaltado de 221 kilómetros desde el centro de la ciudad de Santa Cruz.

EXPRESIONES ÚNICAS Concepción es otro pueblo cruceño al que llegaron los jesuitas para evangelizar, un comprobante de dicho acto es la muestra amplia de edificaciones religiosas que hay en el lugar.

Algunas de ellas son el Obispado, la Catedral del Vicario Apostólico, el campanario, los confesionarios, entre otros.

Las agencias turísticas recomiendan a los visitantes ir a este lugar en época de Semana Santa porque es cuando resplandecen más las prácticas jesuíticas. Llegar a este pueblo implica recorrer cerca a 69 kilómetros desde el centro cruceño.

El trabajo de evangelización también llegó a San Ignacio de Velasco, un espacio considerado el más grande de la ruta misional y principal puerta de acceso al Parque Noel Kempff Mercado.

Los pobladores aún conservan talleres artesanales de cerámicas, muebles, hamacas, bordados y accesorios en cuero. Sin embargo, lo que más resalta es su iglesia, los púlpitos y confesionarios.

Para visitar esta zona se debe llegar a la capital cruceña y posteriormente recorrer 159 kilómetros en vehículo por carretera.

EDIFICACIONES RELIGIOSAS CONSERVAN LA BELLEZA ORIGINAL DE SU CREACIÓN

REDACCIÓN

A principios del año 1.700 llegó a la zona amazónica de Moxos y Chiquitos la Compañía de Jesús, fundada por Ignacio de Loyola, cuyos miembros fueron nombrados por las comunidades de Santa Cruz como los Padres Jesuitas.

La intención de esta orden religiosa era evangelizar a los indígenas de la región y paralelamente pretendían garantizar la paz debido a que este lugar se ubicaba en una zona limítrofe que enfrentaba a las coronas española y portuguesa.

Sin embargo, más allá de sus intenciones religiosas y pacifistas, durante su permanencia en este departamento los Jesuitas inculcaron a los comunarios un cúmulo de saberes involucrados con el arte y la arquitectura.

En el marco de este proceso de aprendizaje artístico, un personaje representativo para los pueblos de Santa Cruz fue el jesuita Martín Schmit, quien trabajó de manera conjunta con los indígenas para hacer realidad cada uno de sus diseños.

El hecho de que un jesuita haya sido artífice de las construcciones, no influyó para que las mismas tengan una carga netamente foránea, pues los indígenas también incluyeron algunos símbolos de su cosmovisión en este proceso. Se dice que incluso compartieron sus técnicas de tallado para hacer realidad la construcción de la “Ciudad de Dios”.

Pese a que los Jesuitas fueron expulsados de la región el año 1767, la inclinación por las artes quedó enraizada en la cultura de las regiones de San Javier, Concepción, Santa Ana, San Rafael, San Miguel y San José de Chiquitos.

En ese sentido, la Unesco reconoció a estos lugares como Patrimonio Cultural de la Humanidad, el año 1990, argumentando que son pueblos en los que aún se mantiene vigente una simbiosis de expresiones culturales, pese a que transcurrieron cerca a tres siglos.

Tras un proceso de restauración de estas misiones, el turismo empezó a cobrar fuerza y se convirtió en uno de los principales ingresos económicos de estos pueblos.