Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 26 de noviembre de 2020
  • Actualizado 11:49

Valle Alto: estigma social y doble registro de muertos con COVID-19

La vergüenza de haber contraído COVID-19, la carencia de medicamentos, personal de salud y centros hospitalarios incidieron en la cantidad de casos positivos y decesos en esa región cochabambina.

El interior de un micro. La gente no toma medidas de precaución. Willy Córdova
El interior de un micro. La gente no toma medidas de precaución. Willy Córdova
Valle Alto: estigma social y doble registro de muertos con COVID-19

El coronavirus conmocionó el Valle Alto de Cochabamba. La estigmatización o la vergüenza de haber contraído la enfermedad, la carencia de medicamentos, de personal médico y hospitales no preparados para atender tal magnitud de casos desnudaron la precariedad sanitaria. A ello se suma el doble registro de fallecidos positivos, sospechosos y muertos, una incoherencia que siembra dudas sobre la cantidad real de decesos.

Muchos perdieron a sus seres queridos y familias enteras murieron a causa del virus en la región del Valle Alto compuesta por 15 municipios —Punata, Villa Rivero, San Benito, Tacachi y Villa Gualberto Villarroel (K’uchumuela); Cliza, Toco y Tolata; Tarata, Arbieto, Anzaldo y Sacabamba; Arani, Vacas y Tiraque— de cinco provincias.

Contagiarse el virus aún no es aceptado. Hay vergüenza y prejuicios arrastrados desde el primer caso presentado el 28 de marzo de 2020 en un hombre de 50 años oriundo de Cliza, un municipio con 6.534 habitantes. Esos sentimientos condujeron a ocultar la enfermedad para no ser estigmatizados.

CIFRAS IRREALES

Según el Servicio Departamental de Salud (SEDES), hasta el 9 de octubre, en el Valle Alto se registraron 478 casos positivos y 75 muertos. No cuenta los casos “sospechosos”, porque fueron detectados con la prueba rápida, situación que llevó a creer que solo los que se hicieron prueba PCR son verificados.

En las estadísticas oficiales, los dos municipios con más casos en el Valle Alto son Punata y San Benito, con 133 y 103 casos. Luego se ubican Tolata, con 49 casos; Tarata, con 44 y Cliza, con 34.

PUNATA         

Este municipio registra la mayor cantidad de casos en la región. Hasta poca disciplina. Pese a la crítica situación y tras la flexibilización de la cuarentena, la población dejó la disciplina que mantuvo durante varios meses. El 6 de octubre, en el hospital Manuel Ascencio Villarroel habían renunciado dos directores y tenía 581 casos y 25 fallecidos; sin embargo, el Sedes registró 133 positivos y 27 fallecidos.

El actual director, Omar Guzmán, explicó que, de los 25 fallecidos, la mayoría murió con enfermedad de base como diabetes e hipertensión arterial. La mayoría, hombres.

SAN BENITO 

El 13 de mayo se confirmó el primer caso de coronavirus en San Benito con 17.085 pobladores, municipio de la provincia Punata. La víctima, una señora de 70 años.

En las estadísticas del Sedes hasta el 9 de octubre, San Benito tenía 103 casos y siete decesos.

El director del centro de salud San Benito, Carlos Ortega, explicó que los muertos son mayores de 70 años, cinco varones y dos mujeres.

TOLATA

Los datos del Sedes reportan 49 casos positivos y 5 fallecidos, hasta el 9 de octubre. Una mujer adulta mayor de 77 años, de la comunidad de Carcaje Rosario, fue el primer caso, en junio.

El director del Centro de Salud de Tolata, Daniel Herbas, confirmó que hubo cuatro decesos oficialmente reportados (para el Sedes, son cinco).

Todos adultos mayores, dos mujeres y dos varones complicados por hipertensión y diabetes no tratadas.

TARATA

En el orden de la cantidad de contagios, Tarata, capital de la provincia del mismo nombre, ocupa el cuarto lugar en el Valle Alto, con 44 casos confirmados y 10 muertos.

Conmocionó en Tarata el fallecimiento del francés, Claudio Amaury, de 75 años, un ciudadano identificado como más tarateño que uno nativo. Uno de sus amigos aseguró que murió por negligencia médica, ya que días antes de su muerte, había acudido al hospital local, pero no le hicieron el tratamiento adecuado.

CLIZA

Fue el primer municipio que recibió la noticia de un contagiado de coronavirus, el 28 de marzo. El paciente cero murió, tenía 50 años y era vecino de la comunidad de Piliqocha, llegó con la enfermedad desde el Plan 3.000, de Santa Cruz.

En las estadísticas del SEDES, Cliza tiene 34 casos confirmados. De acuerdo con la explicación del director del hospital materno infantil San Juan de Dios, José Ortega, hay cinco fallecidos en esa localidad.

Según el SEDES, tres varones y dos mujeres. Pero, en las planillas del hospital, hay otros siete decesos considerados sospechosos, cuatro varones y tres mujeres.

Ortega afirmó que el cuadro médico de los fallecidos se agravó por las enfermedades de base como la hipertensión arterial y diabetes; en menor proporción, insuficiencia cardiaca.

EL ÚNICO

El único municipio del Valle Alto que no reportó casos positivos es Villa Gualberto Villarroel, de la provincia Punata. Sacabamba, de la provincia Esteban Arze, tampoco registra ningún muerto, pero tiene un contagio. En la misma situación está Tacachi, de la provincia Punata.

Ananías Vargas murió buscando un lugar en un hospital

Ananías Vargas, de 59 años, fue la segunda persona de Tolata -localidad del Valle Alto- que murió con coronavirus, el 30 de junio pasado. Esa fecha marcó para a su familia porque vivieron en carne propia la precariedad del sistema de salud. Él era una persona conocida y carismática, su muerte conmocionó.

No se conocía que Ananías tenía una enfermedad de base. Su hijo mayor, Ariel Vargas, explica que tampoco supo cómo contrajo la enfermedad. Era tractorista y conducía su camioneta.

“El 25 de junio empezaron los síntomas: fiebre, dolor muscular propios de un resfrío común, pero sin tos”.

Al día siguiente, acudieron a una clínica privada de Cliza y le diagnosticaron resfrío y le dieron un tratamiento. Se sintió mejor y retomó su trabajo. Pero el domingo, volvió a decaer.

El lunes retornaron a la misma clínica, esta vez fue diagnosticado con neumonía y fue derivado al centro de salud de referencia, es decir Tolata. Por la complejidad de su caso fue enviado al hospital San Juan de Dios de Cliza, pero tampoco le atendieron.

Ir de la clínica privada de Cliza, volver a Tolata, regresar a Cliza y de nuevo a Tolata agotó a Ananías.

Sentía que sus piernas se acalambraban y comenzó a no poder respirar bien.

La familia y los amigos de Ananías iniciaron búsqueda de alguna clínica u hospital en Cochabamba que pueda recibirlo. No consiguieron nada, aun así, decidieron ir hasta la ciudad con el enfermo, tenían que intentarlo todo.

La ambulancia de Tolata recorrió al menos ocho clínicas privadas y hospitales públicos en la ciudad. Deambularon toda la noche, sin resultados.

En la mañana del martes 30, al fin pudo ser atendido en el hospital Salomón Klein de Sacaba. Fue ingresado a las 08:30, pero -en menos de una hora- su vida se acabó.