Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 26 de noviembre de 2020
  • Actualizado 11:25

COVID-19: Tres de cada 10 murieron entre junio y julio por falta de hospitales en Cochabamba

La gente falleció por falta de atención médica, los centros estaban colapsados y sin Unidades de Terapia Intensiva. Los cuerpos se quedaron en calles y en casas.

Una persona es atendida en terapia intensiva, en Cochabamba DICO SOLÍS
Una persona es atendida en terapia intensiva, en Cochabamba DICO SOLÍS
COVID-19: Tres de cada 10 murieron entre junio y julio por falta de hospitales en Cochabamba

La enfermedad estaba en la cúspide de la curva epidemiológica. Junio y julio fueron meses perversos, malditos para Cochabamba. En calles y en algunas casas hubo escenas desgarradoras. En medio de la impotencia, hijos veían morir a sus padres o padres eran testigos de cómo se iba la vida de sus hijos. Algunos de los que buscaron internación en un hospital solo alcanzaron a llegar a la calle o a la puerta cerrada de los centros médicos donde no había una sola cama disponible.

Fue el momento más crítico de la pandemia en Cochabamba. Tres de cada 10 contagiados con el virus murieron por falta de atención médica reportó el director del Servicio Departamental de Salud (SEDES), Yercin Mamani.

Las escenas de cuerpos forrados con plástico negro frente a casas o ataúdes abandonados en las calles fueron una penosa cotidianidad. La enfermedad había colapsado a los hospitales de los tres sistemas público, privado y, seguridad social. No había camillas libres en hospitales y la gente falleció por falta de atención saturando a la vez la asistencia en funerarias.

CASOS

Las historias de personas que han sufrido las dolorosas consecuencias por la deficiente o inexistente infraestructura hospitalaria se cuentan por decenas.

El 12 de junio, Juan Carlos Ch., de 39 años, perdió la vida en la esquina de las calles Jordán y 16 de julio, después de peregrinar por siete centros médicos en los que negaron recibirlo. Varios días después, el jefe de Vigilancia Epidemiológica del SEDES, Rubén Castillo, informó que dio positivo a la prueba de COVID-19, sumando otro fallecido en vía pública.

Juan Carlos Ch. sufría de obesidad y presentó problemas respiratorios antes de su deceso. Familiares del fallecido negaban que se haya tratado de coronavirus y garantizaron que no salía de su domicilio durante la cuarentena por temor a contagiarse.

Una de las cuñadas de Juan Carlos dijo que en los hospitales “no le dieron ni el saludo”. Luego de su muerte, la familia tuvo que recorrer por tres cementerios para enterrar a su allegado porque había una larga lista esperando su cremación.  Tuvo que intervenir el Defensor del Pueblo para que el cuerpo de Juan Carlos fuera cremado, sin pagar por el alto costo de este servicio.

En otro caso, ni siquiera ser parte del personal médico de un hospital fue garantía para recibir atención, tal es el caso de Flora Acuña, una auxiliar de enfermería en el hospital Germán Urquidi, quien se contagió en su trabajo y falleció el 14 de julio.

Solo el 4 de julio en el municipio de Cochabamba –ciudad ubicada en el centro de Bolivia, con 724.126 habitantes– se reportaron 43 muertes acumuladas en casas y hospitales. Marco Sandoval Acuña -el hijo- dice que no fue posible encontrar un espacio en ningún hospital público ni privado. Trataron a Flora en su casa con medicina tradicional (mates, fricciones, baños de manzanilla o eucalipto). El oxígeno que tenían en casa era insuficiente y no había dónde conseguir recarga o un tanque nuevo.

El hijo de Flora refleja dolor y decepción al contar los hechos. Su madre prestó servicios por más de 25 años, salvó muchas vidas en el Maternológico y, ni siquiera, pudo acceder a una camilla cuando más lo necesitaba. “No había doctores ni una camilla. Si se hubiera podido conseguir la situación habría sido diferente”.

Ese 14 de julio, en el país se contagiaron 1.617 personas de las que 155 correspondían a Cochabamba; de ellas 32 fallecieron y la Llajta encabezó la lista con 14 decesos. En Bolivia, el primer caso se conoció el 10 de marzo y hasta mediados de julio se enfermaron 50.867 ciudadanos de los que 1.892 murieron.

ETAPAS DE LA PANDEMIA

El Director del SEDES advirtió tres etapas de la pandemia en Cochabamba. La primera desde marzo hasta abril reportaron 89 contagios con una disposición de cuatro Unidades de Terapia Intensiva en el hospital Viedma, de tercer nivel, y 30 camas de aislamiento.

La siguiente etapa se inició en mayo y terminó en julio con un incremento alarmante de casos debido a que se toma muestras a pacientes asintomáticos –en la primera fase solo se consideraba a los sospechosos con síntomas–. 

La segunda semana de junio empezó a elevar considerablemente los casos hasta la segunda semana de julio. Hasta ese mes se incrementó la cantidad de UTI. A principios de junio habían 18 UTI y 120 camas; en julio se elevó a 28, pero el global de equipos recibidos fueron 48 y las camas instaladas subieron a 450.

Hasta julio solo estaban habilitados los hospitales Covid-19 (Viedma, Salomon Klein, Sur y Norte), pero después se hizo ampliación de atención como en Quillacollo (Del Calvario y el hospital Villa María), el hospital de Punata y Entre Ríos.

En la tercera etapa, los casos comienzaron a disminuir y se mantiene en una especie de meseta hasta septiembre cuando se produce un pico corto debido a los conflictos (marchas y protestas de movimientos sociales) de agosto.

En la etapa alta –junio y julio– los decesos fueron sucediendo por no tener un espacio en un hospital. Mamani advierte que sucedieron por dos factores: Uno, el estigma social que hacía que las personas lleguen en la fase tardía de la enfermedad, y cuando iban al hospital no encontraban ninguna cama ni en terapia intensiva ni tampoco en camas normales. Colapsaron los tres sistemas.

Cuando se amplía la cobertura de atención en camas, también se mejora la atención de los pacientes porque la cantidad fue disminuyendo. El 10 de octubre había por lo menos 130 camas libres en el área metropolitana de Cochabamba.