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  • Diario Digital | lunes, 26 de septiembre de 2022
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Teresa Camacho, la bióloga que escribe su historia con Romeo

Es bióloga, genetista e investigadora. La qhochala no tiene límites en su vida profesional. Su mayor logró fue hallar a Julieta y darle compañía a Romeo que estuvo solo 10 años. Trabaja en proyectos de conservación de anfibios.
Teresa Camacho, la bióloga que escribe su historia con Romeo

Teresa Camacho Badani  tenía menos de 10 años cuando tuvo su primer contacto con un renacuajo (viven  en el agua, tienen cola y respiran por branquias, y se convierten en anfibios adultos tras sufrir una metamorfosis). A esa edad ya sabía que es lo que quería estudiar. De hecho, tenía que ser algo relacionado con el campo y los animales.


Desde siempre tuvo una estrecha relación con su papá y con la naturaleza. Es la última de cinco hermanos, pero era la única que acompañaba a su progenitor a los paseos por las campiñas y las montañas.

Los ojos le brillan al recordar sus visitas al Parque Nacional Tunari o los viajes al Trópico de Cochabamba.

“Mi papá (un reconocido médico) siempre hacía la invitación para salir al campo. Yo era la primera en decir que iría, no importaba dónde”, recuerda.

Su mamá, una mujer dedicada a trabajar proyectos de ayuda social, no era muy afecta a esos pasesos, pero si les preparaba todo lo necesario para que esa salida no tuviera percances de ningún tipo.

Pese a que han pasado más de 25 años, Teresa mantiene vivo el recuerdo de su primera experiencia con un renacuajo.

Cuenta que en el colegio, estudió en el Alemán Santa María, les pidieron a las alumnas que lleven ranitas para una clase. La exalumna de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS)  recuerda que una de sus compañeras tuvo la brillante idea de llevar un enorme renacuajo en un envase de vidrio.

Era gigante, con una pícara sonrisa la joven bióloga muestra el tamaño con sus manos. Cuando acabó la clase, la niña lo ofreció a cambio de algo. Teresa no dudo ni un instante y tras darle su recreo se quedó con el “premio mayor”.

Contenta se fue a casa, pero su mamá le pidió que lo desaparezca. Hizo hasta lo imposible para quedárselo, pero todo fue en vano. Con el dolor de su corazón tuvo que dejarlo en un charco de agua.

Con el paso de los años su amor por la naturaleza y los animales fue creciendo. Al salir bachiller no dudo ni  un instante en la carrera profesional que abrazaría: biología.

JULIETA LLEGA A SU VIDA



Su talento, personalidad, capacidad, responsabilidad y profesionalismo la llevaron a realizar una pasantía en Gren Cautiverio de Anfibios en Cuenca (Ecuador).

Esa experiencia le abrió muchas puertas. Luego,  ganó una de las dos becas que ofrecía la Organización de Estados Americanos (OEA) para una maestría. Pese a que la Universidad Católica de Quito no estaba dentro del consorcio para los becarios, Teresa logró que acepten su pedido.

El mundo comenzó a cambiar para ella porque tenía un universo para investigar, capacitarse y avanzar en lo que siempe quizo: el mundo de los anfibios, ya que el 40 por ciento de esa especie en el mundo está en peligro de extinción.

Terminada su beca regresó a Cochabamba al Museo de Historia Natural Alcide d´Orbigny y, entre otras tareas, se planteó el desafío de encontrar a Julieta para que acompañe a Romeo, anfibio que había estado solo durante casi 10 años.

Ella y un equipo de profesionales de diversas áreas, en febrero de 2018, emprendieron una campaña mundial para recolectar recursos económicos y emprender la búsqueda de la compañera de la ranita de Sehuencas.

Luego de conseguir una serie de autorizaciones del Gobierno y las comunidades del Parque Nacional Carrasco, en diciembre del año pasado inició la aventura para encontrar a la pareja del solitario anfibio que permanecía en una “suite” ubicada dentro de un contenedor en el Museo de Historia.

A pocos días de salir al campo y en la cuarta incursión a la zona de búsqueda, la “cúpido” Teresa Camacho encontró a Julieta.

El 8 de diciembre de 2018 marcó un antes y un después en la vida de la joven bióloga. Eran las 16:30 horas de una tarde lluviosa cuando dentro  un hueco, al fondo de una caída de agua, divisó una hermosa ranita.

Todos

“Estábamos cansados, completamente mojados y llenos de barro. Caminábamos, pero de pronto hallamos ese hueco y decidí entrar. Metí mi  mano, toque al anfibio y lo saque. Le ví su pancita anaranjada y no lo podía creer: era Julieta”.

Al recordar ese día, la alegría invade a Teresa. Le brillan sus expresivos ojos y sonríe. Y es que al encontrar   a la compañera de Romeo se sacó un peso de la espalda, ya que, aunque  nadie le increpaba por la falta de resultados en las incursiones, ella se había puesto la meta de encontrarla en el menor tiempo posible.

El hallazgo de la “novia” acaparó las primeras planas de los medios nacionales e internacionales.

Pese a que en el Museo hay unas 200 ranitas de cuatro especies, es la de Sehuencas la que acaparó toda la atención del mundo.

Es más, se conoce que 1.3 billones de personas de 72 países se enteraron de la buena noticia de Romeo y Ju- lieta que movilizó a decenas de periodistas de varios lugares que se “peleaban” por conseguir una entrevista con la magíster en Biología de la   Conservación.

SE HACEN ESPERAR

Luego de una serie de preparativos, en febrero de este año se produjo el esperado encuentro de Romeo y Julieta. Han pasado más de siete meses, pero aún no logran reproducirse.

Teresa dice que los anfibios son “muy especiales”, por lo que la reproducción puede durar meses e incluso años. La experta y otros profesionales ya trabajan en algunas estrategias para asegurar la conservación de la especie. No descartan acudir a la reproducción in vitro.

Camacho recuerda que antes de hallar a la pareja de la rana más famosa del mundo, también habían pensado en qué hacer para conservar esa especie que es única en Bolivia.

Ahora, solo es parte de la anécdota, pero, en su momento, había planificado sacar los espermatozoides de Romeo y guardarlos. También pensó que si se moría antes, tendría que conservar el cuerpo y mantenerlo en las mejores condiciones para trabajar genéticamente con él.

“Pensé de todo. Ahora, tenemos  a Julieta y estamos seguros que solos o con ayuda lograremos que se reproduzcan y se evite su extinción”.


Su próximo desafío es ejecutar proyectos conjuntos con Perú 

La joven bióloga tiene ambiciosos proyectos para ejecutarlos en los próximos años.

Uno de sus principales retos es concretar un plan de conservación exclusivo de la rana   del Titicaca.

Ya comenzó el trabajo con cientificos y estudiosos de Perú, ya que Bolivia comparte con ese país el lago más alto del mundo.

Existe preocupación  por lo que está pasando en ese espejo de agua, ya que hace algunas      semanas incautaron unas 2.500 ranas.

El proyecto no solo estará destinado a las ranas del Titicaca, sino que también prevén ampliar las investigaciones en otros espacios 
y con varias especies, principalmente que comparten ambos países.