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  • Diario Digital | jueves, 06 de octubre de 2022
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Ángela Nogales, la guerrera de Mujeres de Fuego

Ángela Nogales, la guerrera de Mujeres de Fuego

Es resuelta al hablar, sobre todo cuando se refiere a los casos de mujeres maltratadas y víctimas de feminicidio que como Mujeres de Fuego conocen y apoyan para lograr una justicia oportuna. 

Ángela Grisel Nogales Rivas es oriunda de La Paz, mide 1.63 metros, tiene 37 años, y conoce de memoria los nombres de las mujeres víctimas de feminicidio, a las cuales va nombrando una por una. Si bien posee una gran entereza, en algunos momentos se quiebra y sus ojos se nublan. Se repone inmediatamente y habla sobre las dificultades que viven en los tribunales, especialmente las familias que peregrinan por justicia. “Una madre tuvo que encadenarse”
Ángela Nogales es la fundadora de Mujeres de Fuego, un colectivo que nació el 8 de noviembre de 2016, “a raíz de ver tanta impunidad y retardación de justicia que afecta a las víctimas de agresiones violentas y a las familias cuyas hijas han sido asesinadas a manos de feminicidas”.
Confiesa que conoce en carne propia el dolor de estas mujeres y sus familias, porque ella misma fue víctima de agresiones tan violentas que le dejaron hasta 20 días de impedimento. En su intención de buscar justicia, se chocó contra varios muros, porque el agresor, quien era su pareja y padre de sus dos hijos es policía, “y recibía la protección de sus camaradas”.
En su peregrinaje por los vericuetos de la justicia, Angela se dio cuenta de que no era la única víctima de la injusticia. Recogió los testimonios desgarradores de mujeres que tenían historias similares o incluso más penosas que la suya. En los casos más extremos habían sido asesinadas por sus parejas.
El 8 de noviembre, día en el que se celebró una audiencia en contra de su agresor, acompañada de otras mujeres, también víctimas, resolvió fundar Mujeres de Fuego, para “de alguna manera hacer presión en los juzgados y la Fiscalía, con el fin de que se pueda concluir los procesos y conseguir sentencias contra los agresores”.
“Necesitaba alguien que me apoye, porque requería pedir justicia. Por eso reuní a mujeres sobrevivientes de violencia y fuimos a gritar”.
Se decidió colocar este nombre porque “en cada mujer hay una llama de esperanza, para buscar justicia”.
Desde que se fundó Mujeres de Fuego, según Nogales, atendieron unos 15 casos de feminicidio, 5 de tentativas de este delito y 93 de violencia intrafamiliar. 
En este tiempo lograron unas cinco sentencias.
Nogales asegura que, lamentablemente, hay corrupción en el proceso de justicia y no se cuenta con la perspectiva de género, porque los operadores aún minimizan que un hombre golpee a una mujer.
Recuerda que los juzgados que atienden casos de violencia contra la mujer se encargan también de ver los procesos de corrupción.

FAMILIA MODELO
La violencia en contra de la fundadora de Mujeres de Fuego comenzó, como suele suceder en la mayor parte de los casos, con insultos que le hacían sentir una persona insignificante, especialmente cuando estaba embarazada, que dio paso a empujones y golpes cada vez más fuertes en el rostro y el cuerpo.
Las agresiones eran tan fuertes que su rostro era irreconocible y no había un solo lugar de su cuerpo sin hematomas o heridas.
A su pareja no le agradaba la idea de que ella estaba a punto de concluir la universidad y en algún momento podía trabajar e independizarse económicamente.
“Además, él consumía bebidas alcohólicas cada fin de semana”.
Ángela siente un poco de culpa por haber permitido que la violencia se ensañe contra ella durante al menos un año. Como muchas otras mujeres víctimas de agresiones, no se animaba a denunciar a su verdugo por sus hijos, debido a que le asustaba perder su estabilidad económica y porque quería tener una “familia modelo”, aquella que ella no había podido tener de niña.
El padre de Ángela, según recuerda, había rehecho su vida, cuando ella era aún una niña, apenas había cumplido tres años. La “guerrera” como le llama su actual pareja, nació en La Paz, el 8 de mayo de 1982. Solo su madre estuvo con ella y guió sus pasos durante su infancia, adolescencia y juventud. Su padre falleció hace unos dos meses.
Para que ella y sus hermanos lograran estudiar y salir profesionales, su madre viajo a España a trabajar y regresó al país después de 10 años de ausencia.
Ángela se graduó de la carrera de ingeniería comercial de Univalle
Cuando la Mujer de Fuego no está trabajando en algún caso, le gusta dormir los fines de semana. Compra películas y helados para disfrutar de la compañía de sus hijos y su actual pareja, con quien ya lleva unos ocho años.
Asimismo, le gusta ir al teatro, como una forma de relajarse, porque durante la semana escucha tantas historias dramáticas que le dejan sin energía.
Sin embargo, la “Guerrera” recupera fuerzas el fin de semana y cuando llega el lunes está nuevamente dispuesta a salir a las calles, llegar a los juzgados por las mujeres que ya no tienen voz, aquellas que han sido asesinadas a manos de sus parejas.
El anhelo de Ángela es fundar Mujeres en Fuego en cada departamento del país, para que hagan un seguimiento a todos los casos, de modo que no quede en la impunidad ningún feminicidio. ni agresión
“Seguiremos gritando en las calles, con megáfonos, no nos van a callar”, finaliza la mujer que logró superar la violencia y hoy puede contar su historia de terror.


“Un golpe te puede matar y dejar huérfanos”

Un día, cansada de la violencia a la que era sometida, Ángela Nogales tomó un par de maletas, las llenó con la poca ropa que pudo, tomó a sus hijos y decidió dejar La Paz. Su destino, Cochabamba, donde tenía la intención de olvidar esta etapa de su vida.
Nogales recuerda que tomó la última flota de ese día y logró levantarse, poco a poco, hasta conseguir fortaleza.
Por su experiencia, Ángela aconseja a las mujeres que sufren violencia denunciar ante las autoridades para que ayuden a frenar, a tiempo, un desenlace fatal.
“Las madres deben pensar que el próximo golpe las puede matar. No deben aguantar la violencia por su hijos, más bien por ellos deben salir adelante”.
Ella considera que si es posible levantar a la familia, se debe trabajar en ello, caso contrario, lo más saludable es la separación, para que los niños no sufran.