Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 04 de diciembre de 2021
  • Actualizado 03:45

Vladimir Campero, el joven empresario que busca innovar la industria qhochala

El joven, de 30 años, es Gerente de Planificación de la Importadora Campero. La dirigencia de su sector también es otra de sus actividades. 

El joven, de 30  años, es Gerente  de Planificación  de la Importadora Campero. DICO SOLÍS
El joven, de 30 años, es Gerente de Planificación de la Importadora Campero. DICO SOLÍS
Vladimir Campero, el joven empresario que busca innovar la industria qhochala

Con poco más de 20 años asumió el reto de trabajar activamente en la empresa de su familia, la Importadora Campero. Su principal desafío fue —y es—  responder a las altas expectativas que su entorno depositó sobre él y manejar una de las empresas más grandes de Bolivia. Ahora, con 30 años, es uno de los empresarios más jóvenes y reconocidos en la región. Su trabajo está enfocado en la innovación y sueña con seguir el legado familiar que heredó. 

Vladimir Campero Flores nació en Cochabamba fruto del matrimonio entre Ángel Campero y Sonia Flores. Creció viendo a su abuelo y a su padre construir paso a paso su propia empresa hasta consolidarla en el rubro de la construcción. Desde pequeño fue vislumbrando su futuro y su inclinación profesional.  

El joven hizo sus estudios de primaria y secundaria en el American International School of Bolivia (AISB). Cuenta que esta preparación lo ayudó a encarar su vida en el exterior, sobre todo en el manejo del idioma y las costumbres de Estados Unidos, donde se mudo al terminar el bachillerato para estudiar Administración de Empresas en Suffolk University, en Boston específicamente. 

“Es diferente. Lo que más he aprendido allá, más que los estudios en sí, fue tener una experiencia distinta. Vivir en el exterior te abre el panorama sobre muchas cosas”, describe Campero. 

La cercanía de todo y la posibilidad de estar junto a su familia y amigos es una de la cosas que más extrañó de Cochabamba, pero también aprendió los aspectos positivos de la cultura norteamericana. “Los latinos somos mucho más emocionales y expresivos en nuestra manera de ser, eso es algo que extrañas mucho. Pero, también, lo que me gustaba de allá era que todos tenían las reglas claras y las respetaban. La ‘viveza criolla’ es un problema de la sociedad que nos impide crecer”, asegura.

Cuando volvió de Estados Unidos, en 2013, comenzó a trabajar en Campero Hormigón. Esto significó un desafío para él ya que sus conocimientos sobre ingeniería civil era limitados, y esa área de la empresa se enfoca en la elaboración de hormigón premezclado. Sin embargo, con mucho esfuerzo y determinación, pese a los cortos 22 años que tenía cuando asumió el cargo, pudo encontrar el balance y dirigir la organización.  

Actualmente, es Gerente de Planificación de la Importadora Campero y está a cargo de las unidades productivas de Campero Hormigón y de Belgo Pronto. “Fue una curva de aprendizaje difícil. Un poco de shock cultural también porque estuve cuatro años fuera de Bolivia. Volver acá es distinto, nuestra gente tiene una forma particular de ser, especialmente en el rubro de la construcción donde somos adversos al cambio”, comenta Vladimir. 

Asimismo, el hecho de trabajar en un empresa familiar tiene sus propios desafíos. Adecuarse y encontrar la manera de transmitir todo su conocimiento le tomó alrededor de dos años, pero lo consiguió. 

EL RETO DE INNOVAR 

Vladimir empezó su trabajo y adaptación al mundo empresarial en áreas más pequeñas de la Importadora Campero. Pero, su talento y  esfuerzo le permitieron asumir          responsabilidades más grandes   rápidamente. 

El joven asegura que ahora se está viviendo un cambio generacional en todo sentido, desde lo que buscan los clientes hasta cómo se hacen los procedimientos internos dentro de la empresa. 

Cuenta que antes la decisiones del negocio debían pasar sí o sí por las manos de su papá y su tía, pero que, con la llegada de él y sus primos a la parte administrativa, buscan fortalecer el trabajo en equipo y autónomo. “Se implementó las reuniones de directorio en las que se pueden escuchar nuestras opiniones. Tenemos un equipo más consolidado. Dimos un salto como empresa”, afirma. 

Manejar y llevar adelante un negocio de esta dimensión requiere, sin lugar a dudas, visión y talento. El joven trabaja arduamente en dar el salto digital que falta, es parte del equipo que está cambiando el sistema ope-rativo de la Importadora Campero, un trabajo que buscar revolucionar la empresa. “La innovación es un reto generacional. Innovar no significa solo crear un producto nuevo, sino también cambiar las cosas que se hacían antes, mejorar la eficiencia.”

DIRIGENCIA EMPRESARIAL 

Como todo joven líder, Vladimir también busca generar cambios en su rubro a grandes escalas, empezando, primero, por su misma región. Esto lo motivó a introducirse en la labor de dirigencia con el objetivo de aportar más desde ese espacio. 

Vladimir fue parte del directorio de la Cámara de Industria de Cochabamba durante cuatro años, desde 2015 hasta 2019. En aquel entonces asumió el reto de abrirse un espacio propio con solo 25 años. “Fue aún más difícil, pero me ayudó un montón porque conocí personas de otros rubros que no eran el mío y pude aportar con idea nuevas”,     comenta. 

Su vivencia en el exterior lo ayudó a encontrar las maneras más sencillas de dar soluciones frente a los pro-blemas que enfrentan las empresas en Bolivia. Según señala, lo importante es captar lo mejor de afuera para aplicarlo en el país. 

Durante su gestión en la Cámara de Industria trabajó en programas de capacitación para jóvenes con la idea de impulsar su participación en la industria. “Poder apoyar a gente de mi edad a que tenga mayor formación y que sean parte de los nuevos tomadores de decisiones, me parece excelente”. 

UN LEGADO POR DETRÁS Y SUEÑOS FUTUROS

Vladimir es el mayor de tres hermanos. Eso lo orilló a asumir el desafío de continuar con el legado familiar que comenzó su abuelo hace décadas. 

“Tratar de salir de la sombra de mi abuelo y de mi papá es lo más difícil. Yo los admiro mucho; mi abuelo era huérfano, empezó el negocio de cero, si tenía un peso lo volvía 100, y mi papá y mi tía lo volvieron 1.000. Entonces, las expectativas que se tienen sobre mí y mis primos son muy altas. Trato de hacerlo mejor cada día, aprender de otros y aplicarlo acá”, confiesa. 

Ante tanta presión laboral, el fútbol es su manera de desahogarse. Es un apasionado del equipo Wilstermann desde “la cuna”. Su papá fue Presidente del club durante varios años y su familia entera es hincha del Rojo. Por su cabeza ha pasado la idea de incursionar en la dirigencia deportiva, aunque aún lo ve a largo plazo. 

Otra de sus actividades favoritas es viajar, hacer senderismo en la montaña y conocer nuevas culturas. 

El accidente que tuvo su papá, en 2013, lo marcó mucho y lo motivó a quedarse en Bolivia. Cuenta que fue uno de los momentos más duros de su vida y que le sirvió para crecer.

Similarmente, la llegada de la pandemia le hizo reflexionar sobre su vida, su trabajo y profesión. Entre los objetivos que tiene a futuro está retomar la maestría que estaba haciendo en Gerencia de la Construcción, en la Universidad Privada Boliviana. Asimismo, desea volver a la dirigencia empresarial porque considera que desde ese espacio puede aportar mucho a la región. 

“Creo que sí estoy dando la talla, estoy orgulloso de lo que he hecho hasta el momento, pero sé que aún no he cumplido con todos los objetivos que tengo”, finaliza Campero.