Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 09 de agosto de 2020
  • Actualizado 16:12

Violencia de género, la consecuencia invisible de la pandemia

Las cifras en todo el mundo  se incrementaron luego de la cuarentena. Varios países implementan medidas para que las mujeres pidan auxilio de forma segura. 
Barbijos hechos en Bolivia por el colectivo Mujeres Creando. AFP
Barbijos hechos en Bolivia por el colectivo Mujeres Creando. AFP
Violencia de género, la consecuencia invisible de la pandemia

Durante meses, la población mundial ha vivido confinada en sus casas. Esta fue una de las principales medidas para frenar la expansión de la pandemia causada por el nuevo coronavirus COVID-19, que se expande sin cesar por todos los países del mundo.

El confinamiento ha reforzado la situación de aislamiento en la que se encuentran miles de mujeres que conviven con su agresor. El hecho de no poder salir de casa también ha provocado que muchas de ellas tengan menos acceso a los recursos de protección.

Además, se estima que la crisis económica provocada por la pandemia también afecte a las mujeres más vulnerables que, en muchos casos, dependen económicamente de sus parejas.

Según se recoge en un artículo publicado por ONU Mujeres, la enfermedad COVID-19 se ha convertido en la “situación perfecta” para ejercer un comportamiento controlador y violento en el hogar. Y el aumento de las cifras en diferentes países lo confirman.

El jefe de la oficina del organismo de la ONU para Europa, Hans Kluge, advirtió que si las medidas de confinamiento se extienden por seis meses más, habrá 31 millones de nuevos casos de violencia doméstica alrededor del mundo.

INCREMENTO PREOCUPANTE 

En el último año, alrededor de 243 millones de mujeres y niñas de todo el mundo han sufrido violencia sexual o física por parte de un compañero sentimental, según ONU Mujeres. Es muy probable que esta cifra aumente debido al avance de la pandemia del coronavirus, que ha afectado tanto al bienestar de las mujeres como a su salud sexual y reproductiva, a su salud mental y a su capacidad de liderazgo en el ámbito social, laboral y político.

En el caso de Bolivia, la Fiscalía informó hace unas semans que, durante la cuarentena total, del 22 de marzo al 31 de mayo, se registraron 2.935 casos atendidos, de los cuales 2.378 corresponden al delito de violencia familiar o doméstica. Hubo 153 casos de abuso sexual, 124 de violación, 118 fueron violación de infante, niño, niña o adolescente. Han sido 102 denuncias por estupro y 60 casos corresponden a otros delitos inmersos en la Ley 348.

En Francia, el ministro del Interior, Christophe Castaner, reveló a finales de marzo que la violencia de género había aumentado un 30% desde el inicio del confinamiento en el país, el 17 de marzo de 2020. En Argentina, el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidades informó a mediados de abril que con la cuarentena se había registrado un incremento del 39% de las consultas por violencia de género.

En Singapur, durante el mes de marzo de este año, la asociación AWARE recibió 619 llamadas, la mayor cantidad registrada en un mes en los 29 años de historia de la entidad que defiende los derechos de las mujeres. Por su parte, en el Reino Unido, las llamadas a la línea telefónica nacional de ayuda contra el abuso doméstico aumentaron en un 25% a finales de marzo, según Refuge, la organización benéfica que gestiona el servicio.

Y en Somalia, las medidas de confinamiento han provocado un aumento de las mutilaciones genitales femeninas (MGF), según la ONG Plan International. En el país africano, un 98% de las mujeres de entre 15 y 49 años han sido sometidas a esta práctica según datos de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

INICIATIVAS DE DEFENSA

La violencia a la que se enfrentan las mujeres y sus hijos durante la actual crisis de la COVID-19 ha provocado que muchas organizaciones cambien su forma de comunicarse y actuar durante la pandemia. Algunas han hecho el seguimiento a través del teléfono, otras por videollamada o mensajes. En los peores casos, algunas mujeres han perdido su capacidad para contactar y pedir ayuda.

En España, los Colegios Oficiales de Farmacéuticos de Canarias impulsaron la campaña “Mascarilla-19” para así facilitar que las mujeres en situación de riesgo pudieran pedir ayuda a través de las farmacias, un recurso sanitario esencial abierto durante la época de confinamiento. El País Vasco, Andalucía, Navarra, Cantabria, Ceuta o Melilla son algunas de las comunidades autónomas que se han sumado a la campaña, que también ha traspasado fronteras hasta llegar a países como Francia o Noruega.

En Perú, se ha lanzado la campaña “Mascarillas violetas”, una iniciativa para visibilizar y apoyar a todas aquellas mujeres que luchan contra la violencia de género en el país latinoamericano. “Al usarlas (las mascarillas), el mensaje hacia cada mujer es claro y contundente: NO ESTÁS SOLA”, se puede leer en la página web del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), impulsor del proyecto.

La violencia contra la mujer es un problema de salud pública global y una “violación flagrante de los derechos humanos de la mujer”, según declara la ONU.

Un problema que ya existía antes de la pandemia y que afecta a una de cada tres féminas en el mundo. Cerca del 30% de las mujeres han sido víctimas de violencia física y/o sexual por parte de su pareja y la llegada del coronavirus solo ha servido para ahondar esta dura realidad. Las medidas de acción para evitar más casos son urgentes.