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  • Diario Digital | sábado, 25 de mayo de 2024
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La ‘tongba’ nepalí, la cerveza caliente de valor cultural

A esta bebida, elaborada con mijo fermentado y que se sirve en un peculiar recipiente de madera y latón, se le atribuyen beneficios para la salud. 
/ ALAMY
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La ‘tongba’ nepalí, la cerveza caliente de valor cultural

El diccionario de la Real Academia de la Lengua define cerveza como la “bebida alcohólica hecha con granos germinados de cebada u otros cereales fermentados en agua, y aromatizada con lúpulo, boj, casia, etcétera”. Si se le pregunta a un consumidor español dirá que esa aséptica fórmula magistral se traduce en una bebida traslúcida que, según el tipo, puede ir del amarillo pajizo de las de trigo al negro casi opaco de una stout, y que es preferible que esté coronada con una capa de espuma, además de servirse fría en la mayoría de los casos. Sin embargo, si se le pregunta a un nepalí y, en concreto, a los que habitan la zona oriental del país, la describirá de un modo muy distinto: no citará ni la cebada ni el trigo ni el lúpulo como ingredientes, sino el mijo; se referirá a una bebida alcohólica, sí, pero caliente; y, por supuesto, no aludirá a la espuma, sino que la describirá como un líquido de aspecto lechoso que, además, se toma con una peculiar pajita. Y es que así es la tongba, nombre que recibe la cerveza tradicional que es la bebida tradicional de la etnia Limbu.

Es cierto que en Nepal se pueden consumir cervezas locales al estilo occidental de fabricación industrial, pero la tongba no tiene nada que ver con ellas. Para empezar, el recipiente en el que se consume no es un vaso o copa de cristal, sino un tubo cilíndrico de madera con bandas de latón pulido que se llama, precisamente, tongba y de la que esta peculiar cerveza toma el nombre. No es lo único que la diferencia de nuestras birras. También el proceso de elaboración y, sobre todo, de degustación son distintos. En este caso, la bebida se obtiene tras cocer el mijo al que, una vez enfriado, se le añade khesung, una mezcla de levaduras. Esa papilla se coloca en una cesta de bambú que se cubre con tela y se deposita en un lugar cálido durante un par de días para que fermente. Al término de ese proceso, se traspasa a una vasija que se sella y en la que permanecerá una o dos semanas más. El resultado se lleva, finalmente, a una olla donde reposará varios meses más.

Una vez terminado todo este proceso, los granos del mijo ya fermentados se introducen en la tongba, y esta se rellena con agua muy caliente. Tras 10 minutos de espera, los nepalíes introducen en el recipiente una pajita con su extremo inferior cerrado, pero con aberturas laterales que funcionan a modo de filtro y a través de las cuales aspiran el tibio líquido lechoso obtenido. La ortodoxia dicta que se empieza sorbiendo la parte más próxima al borde de la tongba para luego ir descendiendo hasta agotarlo. Ese momento, sin embargo, no supone el fin del trago. Se le vuelve a agregar agua caliente —en los locales donde se sirve la tongba, esta siempre se acompaña con un termo lleno de agua para ello— y, tras volver a dejarlo reposar unos minutos, empezar de nuevo a disfrutar la cerveza nepalí. 

Con un bajo contenido de alcohol, que fluctúa según el tiempo de fermentación, la temperatura a la que se consume hace que los nepalíes la consideren más una bebida reconfortante para los fríos meses del invierno que un trago veraniego, aunque también se consume en la estación cálida. No obstante, su disfrute va más allá del ocio y se adentra en el territorio de lo cultural hasta ocupar un lugar relevante en celebraciones y fiestas. Su ofrecimiento a un forastero es ya un signo de respeto hacia él. Incluso se le atribuyen beneficios para la salud como ayudar a combatir los síntomas de un resfriado, reducir la fiebre, servir de antiinflamatorio y mitigar los efectos de la altitud.