Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 03 de julio de 2020
  • Actualizado 22:09

Rocío, la mujer policía y madre que le hace frente a la COVID-19

Es directora de la FELCV de Sacaba y está convencida de que es necesario tener mucha consciencia para traer hijos al mundo.

Rocío Rivas Peredo DICO SOLÍS : CORTESÍA
Rocío Rivas Peredo DICO SOLÍS : CORTESÍA
Rocío, la mujer policía y madre que le hace frente a la COVID-19

Fuerza Especial de Lucha contra la Violencia (FELCV), en Sacaba. Allí trabaja desde hace dos años y ocho meses. Es a esa institución donde se dirige a diario con la consigna siempre nítida de hacer el bien, de luchar por él y tratar de anular aquellos elementos que nunca faltan para que la justicia de la bandera flamee en alto.

Ese es el sitio elegido por Rocío Rivas Peredo, la mujer que, desde pequeña, decretó que su horizonte estaría siempre abrazado al servicio social y la posibilidad de ayudar a la ciudadanía a través del orden y el respeto de los derechos.

Desde su despacho como directora de la FELCV sacabeña, la policía, de 39 años, intenta continuar con la premisa que despertó su admiración y conjugar su ardua tarea profesional con el compromiso que supone ser madre a tiempo completo. Pues aun cuando Rocío se encuentre con el uniforme en su oficina, es inevitable que sus pensamientos estén también dirigidos hacia sus hijos, que descansan en casa.

Y si la actual directora de la Fuerza Especial se insertó de lleno en el mundo del verde olivo hace casi dos décadas (18 años) porque en ella imperó su deseo genuino de tender una mano desde su posición, también es cierto que no todo es amable en el día a día.

Rocío Rivas Peredo, junto a su hijo Matías.

Rocío Rivas Peredo, junto a su hijo Matías. 

Uno de los factores adversos que suele presentarse en sus labores es la resistencia que se genera ante la aparente desinformación en los diferentes lugares que visita. “Los comunarios confunden lo que es justicia comunitaria con linchamientos. En algunas intervenciones en las que participé pude sentir la impotencia y dolor de no poder hacer nada contra la gente enardecida. Nosotros, los policías, somos iguales en la sociedad. Lo único que hacemos es proteger a la ciudadanía como mandato constitucional”, cuenta Rocío, quien se recibió en la Academia Nacional de Policía (Anapol) y trabajó antes en la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC), la Dirección Departamental de Tránsito, la Radio Patrulla y la Brigada de Protección a la Familia.

En contrapartida, y para equilibrar la balanza, la satisfacción personal pasa por la consciencia de que efectivamente contribuye socialmente.

“A través de mi institución puedo ayudar a muchas personas. Ser policía es una profesión social en la que cada uno de nosotros está en contacto con lo bueno, lo malo y lo feo que brinda la sociedad en su conjunto. Entonces, eso nos da la capacidad de entender el entorno en el que trabajamos como una especie de termómetro social. Los diferentes casos que se atienden se dan en función de la realidad actual”, analiza.

El miedo de contraer el nuevo coronavirus es latente en ella. Las condiciones de su trabajo y el hecho de tener que interactuar, a veces, con las víctimas de violencia la han llevado a ser sumamente cuidadosa con la utilización de elementos de bioseguridad. “Uso barbijo, protección visual y guantes. Me ocupo del lavado de mis manos de forma constante, y antes de entrar al departamento me desinfecto y me baño para después abrazar a mis seres queridos”, describe.

Una vez cumplidas sus funciones en su despacho, Rocío se refugia en el afecto de su familia. Nada más reparador que la calidez de su hijo Matías, de 8 años, la de su sobrina Paola, de 16 (a quien concibe como hija), y la de su esposo Carlos.

Rocío en compañía de su hijo y su esposo.

Cree que la pandemia ha cambiado las condiciones para asumir la maternidad. El futuro “es incógnito”. “Ser mujer y madre implica mayor    responsabilidad ahora. En los años venideros, teniendo conocimiento de que el planeta está sobrepoblado y el futuro es incierto, traer un hijo al mundo requiere mayores condiciones favorables que las de antes”, indica.

Su modo optimista de ver la vida la lleva a una conclusión: por fortuna, sus colegas varones guardan respeto con las mujeres. Por ello, Rocío se siente muy agradecida con su entorno.

“Estoy rodeada de camaradas respetuosos con el personal femenino. Como toda mujer, la inequidad de género es un hecho aislado, como lo son otros muchos casos desagradables que presenta nuestra sociedad”, finaliza Rivas.