Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 23 de junio de 2021
  • Actualizado 20:07

Raqaypampa, donde la pandemia sigue siendo un cuento

Este territorio autónomo aplica sus propias medidas para resguardarse del virus, como instalar trancas al ingreso del lugar, uso de medicina natural basada en hierbas y aislamiento.  

Pobladores de Raqaypampa antes de la llegada de la covid-19. OPINIÓN-FLORENCIO ALARCÓN
Pobladores de Raqaypampa antes de la llegada de la covid-19. OPINIÓN-FLORENCIO ALARCÓN
Raqaypampa, donde la pandemia sigue siendo un cuento

Raqaypampa es un Territorio Autónomo Indígena Originario Campesino, ubicado al sudeste del departamento de Cochabamba, distante a 220 kilómetros de la ciudad capital, que se recorre entre 4 y 6 horas por un camino asfaltado y de tierra. Tiene una población de 7.344 habitantes, según su Gobierno Autónomo Indígena Originario Campesino (GAIOC), organizada en 5 subcentrales y 43 sindicatos agrarios. Territorialmente está en las alturas de la provincia Mizque y culturalmente pertenece a la región andina y es parte de la nación indígena quechua (su idioma originario), aunque sus habitantes reivindican su ascendencia de la nación originaria Chui. Su territorio abarca 556 kilómetros cuadrados y va de los 1.670 a los 3.450 msnm.

En virtud de la singularidad de sus vestimentas, música y otras cualidades culturales, los raqaypampeños han sido un pueblo pionero en la búsqueda de la autonomía política indígena, con la que apuntan a liberarse de la estructura administrativa republicana y tener una mayor capacidad de autogestión pública, prevista por la Constitución boliviana.

En términos de medicina tradicional, Raqaypampa tiene una tradición arraigada para el uso de hierbas medicinales, a las que llaman “jampi khoras”. Isaac Rocha, de la Central Regional Campesino Indígena de Raqaypampa, explica que las medicinas naturales son empleadas desde antes de que apareciera el coronavirus. “Nos hemos estado preparando para subir nuestras defensas”, detalla, aunque a continuación aclara que, en la práctica, no se han reportado casos oficiales de la pandemia en su territorio.

Esa versión la corrobora Florencio Alarcón, máxima Autoridad Administrativa Autonómica del gobierno indígena de Raqaypampa, quien dice que debido a la dispersión en que viven los habitantes del territorio, “el coronavirus no existe”. “Hasta la fecha no hay ningún positivo, ningún enfermo”, insiste. No obstante, a esta ausencia total de contagios cabe otra explicación: Raqaypampa no recibió prueba alguna para detectar la covid-19 durante la primera ola de la peste, por lo que no ha podido certificar casos oficiales. 

Que el territorio indígena no dispusiera de exámenes para detectar contagios es una muestra del olvido al que fueron condenados por las autoridades del Gobierno nacional transitorio, principal responsable de la compra y provisión de insumos para enfrentar la pandemia. Al menos así lo entienden dirigentes del territorio indígena, que en ningún momento reconocieron la legalidad del régimen conducido por Jeanine Áñez, al que tildaron de “gobierno de facto”.  

En lo que también coinciden autoridades indígenas, dirigentes sindicales y personal médico es en que se reportaron casos sospechosos, los cuales fueron combatidos principalmente con las “jampi khoras”. “Nunca llegaron las pruebas (PCR) y no pudimos hacerlas, así que si hubo casos no hay forma de saberlo científicamente”, observa Alarcón. Neyda Ramírez, médica del centro de salud más cercano del poblado principal de Raqaypampa, precisa que los casos sospechosos acudieron a consulta con síntomas de resfrío y a algunos se los trató con analgésicos, paracetamol y penicilina. “Otros se han curado en sus casas con plantas medicinales”, agrega la profesional.

Alarcón detalla que las plantas medicinales más empleadas para prevenir el coronavirus y combatir síntomas atribuibles a él han sido el eucalipto y la muña. Con el primero hacen vahos y con la segunda infusiones. “Algunos compañeros hasta han tomado medicamentos hechos por ellos mismos, preparados con varias hierbas”, revela.

Una medida complementaria al uso de plantas medicinales ha sido el encapsulamiento resuelto colectivamente para las comunidades. Instalaron trancas (retenes de control) donde se detiene y reporta a las personas que ingresan al territorio. El control es aplicado no solo a visitantes externos, sino incluso a raqaypampeños forasteros, como los que viven en países vecinos (Chile) y vuelven periódicamente de visita al pueblo. “Hasta la fecha hay una tranca donde se controla qué tipo de persona y de dónde está llegando”, añade Alarcón.

Pese a que siguen libres del coronavirus, los raqaypampeños son conscientes de que tarde o temprano el mal puede franquear sus controles, más aún con la segunda ola en escalada en Bolivia. El Gobierno indígena ha tomado previsiones para que se apliquen medidas de contención en cada subcentral y en cada comunidad. Han habilitado dos centros de aislamiento con nueve profesionales de salud a su cargo, cubiertos con recursos propios de la administración autónoma. Además se han agenciado pruebas rápidas para ahora sí tener insumos que certifiquen o descarten contagios de forma científica.

Alarcón afirma que la resolución de combatir al coronavirus fue adoptada de forma orgánica, esto es a través de usos y costumbres de la comunidad indígena. El carácter orgánico de la decisión es fundamental para aplicar medidas sanitarias más contundentes, teniendo en cuenta que su población, como en gran parte de los pueblos indígenas de Bolivia, es reacia a cumplir medidas de bioseguridad esenciales como el uso de barbijos y de alcohol en gel. 

Clemente Saravia, del sindicato Salto Pampa y la Subcentral Santiago, reconoce que han descuidado las medidas de bioseguridad, en especial las relacionadas con la limpieza y la desinfección. 

Julio Montaño, de la Subcentral Raqaypampa, precisa que en las comunidades no son muy dados a lavarse sus manos con agua y jabón de forma continua, como recomiendan los especialistas en el tema.

La ausencia de medidas de bioseguridad, que corrobora la médica Ramírez, es atribuible en alguna medida al escepticismo con que algunos comunarios han recibido las noticias sobre la expansión de la covid-19 en Bolivia. 

Cornelio Rodríguez, otro habitante, dice que “nosotros no creemos mucho en esta enfermedad, aunque estamos cuidándonos con nuestras hierbas medicinales”, como la wira wira y el eucalipto, entre otras. “A mi parecer, eso que en la ciudad llaman coronavirus, nosotros conocemos aquí como una gripe muy fuerte y sabemos cómo curarnos, con nuestras ‘jampi khoras’: nos damos un buen baño con ellas y pasan las gripes”, describe.

Aunque sin creer del todo en el coronavirus, los indígenas andinos de Raqaypampa aplican un encapsulamiento estricto (facilitado por su lejanía de los principales centros urbanos), emplean hierbas medicinales para fortalecerse y combatir enfermedades respiratorias, al tiempo que acondicionan infraestructuras sanitarias si acaso las pruebas les demuestran que la pandemia es más que un cuento. 

RAKAYPAMPA