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  • Diario Digital | miércoles, 27 de octubre de 2021
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¿Por qué nos autoengañamos? Cuando la mentira se vuelve verdad

La disonancia cognitiva evidencia los motivos que llevan a las personas a crear una ficcion interna y mentirse para no sentir culpa o entrar en conflicto con sus creencias.
¿Por qué nos  autoengañamos? Cuando la mentira se vuelve verdad. MASS-VITAL
¿Por qué nos autoengañamos? Cuando la mentira se vuelve verdad. MASS-VITAL
¿Por qué nos autoengañamos? Cuando la mentira se vuelve verdad

El psicólogo Leon Festinger propuso la teoría de la disonancia cognitiva, que explica cómo las personas intentan mantener la consistencia interna de sus creencias y de las ideas que han interiorizado.

Festinger sugirió que los individuos tienen una fuerte necesidad de que sus creencias, actitudes y su conducta sean coherentes entre sí. Cuando existe inconsistencia, el conflicto conduce a la falta de armonía de las ideas. Esta teoría fue estudiada en el campo de la psicología y puede definirse como la incomodidad, tensión o ansiedad que experimentan los individuos cuando sus creencias o actitudes entran en conflicto con lo que hacen. Este displacer puede llevar a un intento de cambio de la conducta o a defender sus ideas (incluso llegando al autoengaño) para reducir el malestar.

Festinger fue el autor de “Theory of Cognitive Dissonance" (1957), una obra que revolucionó el campo de la psicología social, y que se ha utilizado en distintas en áreas, como la motivación, la dinámica de grupos, el estudio del cambio de actitudes y la toma de decisiones.

MENTIRA Y DISONANCIA COGNITIVA

La relación entre la mentira y la disonancia cognitiva es uno de los temas que más ha llamado la atención de los investigadores. El propio Festinger, junto a su colega James Merrill Carlsmith, realizó un estudio que demostró que la mente de quienes se autoengañan resuelve la disonancia “aceptando la mentira como una verdad”.

En muchas ocasiones optamos por "hacer trampas" para hacer que desaparezca. Eso pasa por manipular nuestras ideas para hacer que encajen entre sí de manera aparente, creando la ficción de que la aparición del malestar de la disonancia cognitiva no tenía razón de ser. Sin embargo, eso nos vuelve vulnerables a toparnos una y otra vez con las consecuencias de esa contradicción.

EL EXPERIMENTO

Festinger y Carlsmith diseñaron un experimento para probar que si tenemos poca motivación extrínseca para justificar un comportamiento que va en contra de nuestras actitudes o creencias, tendemos a cambiar de opinión para racionalizar nuestras acciones. Para ello, pidieron a unos estudiantes de la Universidad de Standford, divididos en tres grupos, que realizaran una tarea que evaluaron muy aburrida. Posteriormente, se le solicitó a los sujetos que mintieran, pues debían decirle a un nuevo grupo que iba a realizar la tarea, que esta había sido divertida.

Al equipo 1 se le dejó marchar sin decirle nada al nuevo grupo. Al 2 se le pagó 1 dólar antes de mentir y al grupo 3 se le abonó 20 dólares.

Una semana más tarde, Festinger los llamó para preguntarles qué les había parecido la tarea. El grupo 1 y 3 respondieron que fue aburrida, mientras que el equipo 2 contestó que le pareció divertida.

¿Por qué los del conjunto que había recibido solo 1 dólar afirmaban que la tarea fue divertida?

La gente experimenta una disonancia entre las cogniciones en conflicto. Al recibir 1 dólar, los estudiantes se vieron obligados a cambiar su pensamiento, porque no tenían otra justificación (1 dólar era insuficiente y producía disonancia cognitiva).

Los que recibieron 20 dólares tenían una justificación externa para su comportamiento, y, por tanto, experimentaron menos disonancia. Esto parece indicar que si no hay ninguna causa externa que justifique el comportamiento, es más fácil cambiar de creencias o actitudes.

DESCUBRIR A UN MENTIROSO

Otro famoso estudio en esta línea de investigación lo llevó a cabo Anastasio Ovejero, y concluyó que, respecto a la mentira, “es necesario entender que los sujetos viven en consonancia cognitiva entre su pensar y actuar, y si por algún motivo no pueden ser congruentes, intentarán no hablar sobre los hechos que generan disonancia y buscarán reacomodar sus ideas para autojustificarse, logrado que su conjunto de nociones encaje y se reduzca la tensión”.

Cuando se presenta la disonancia cognitiva, además de hacer intentos activos para reducirla, el individuo suele evitar las situaciones e informaciones que podrían causarle malestar.

UN EJEMPLO PARA DETECTARLO

Una de las maneras de detectar a un mentiroso es provocando un aumento de la disonancia cognitiva, para de esta manera identificar las señales que le delaten. Por ejemplo, un individuo llamado Carlos, que llevaba dos años sin trabajo, empieza a desempeñarse como comercial para una compañía eléctrica. Carlos es una persona honesta y con valores, pero no tiene más remedio que llevar dinero a casa a final de mes.

Cuando va a visitar a sus clientes, debe  venderles un producto que sabe que a la larga acarreará una pérdida de dinero para el comprador, por lo que esto entra en conflicto con sus valores, provocándole disonancia cognitiva. Carlos tendrá que justificarse internamente y generar nuevas ideas dirigidas a reducir el malestar.

El cliente podría observar una serie de señales contradictorias si presiona lo suficiente a Carlos para lograr que aumente la disonancia cognitiva, pues esta situación tendría un efecto en sus gestos, su tono de voz o sus afirmaciones. 

LOS FUMADORES

Un ejemplo clásico cuando se habla de la disonancia cognitiva es el de los fumadores. Sabemos que fumar puede provocar cáncer, problemas respiratorios, fatiga crónica e, incluso, la muerte. Pero, ¿por qué la gente, sabiendo todos estos efectos perniciosos que causa el humo, todavía lo hace?

Saber que fumar es tan perjudicial para la salud, pero continuar fumando produce un estado de disonancia entre dos cogniciones: “debo estar sano” y “fumar perjudica mi salud”. Pero en vez de dejar el tabaco o sentirse mal, los fumadores pueden buscar autojustificaciones como “de qué sirve vivir mucho si no se puede disfrutar de la vida”.

Este ejemplo muestra que reducimos la disonancia cognitiva distorsionando la información que recibimos. Si somos fumadores, no prestamos tanta atención a las pruebas sobre la relación tabaco-cáncer.

LA INFIDELIDAD Y LA DISONANCIA

La mayoría de los individuos afirma que no sería infiel y sabe que no le gustaría sufrirlo en sus carnes, aun así, en muchas ocasiones, puede llegar a serlo. Al cometer el acto suelen justificarse diciéndose a sí mismos que la culpa es de la pareja (ya no le trata igual o pasa más tiempo con sus amigos), pues soportar el peso de haber sido infiel (pensando que la infidelidad es de malas personas) puede causar mucho sufrimiento.

De hecho, después de un tiempo, la disonancia cognitiva  empeorará. Ver constantemente a su pareja puede obligarle a confesar. La lucha interna puede llegar a ser tan desesperante que los intentos de justificarse ante esta situación devendrían en problemas de salud emocional. La disonancia cognitiva, en estos casos, afectará a distintas áreas de la vida, como el trabajo y las amistades en común. Confesar sería la única manera de librarse del sufrimiento.

Cuando ocurre la disonancia cognitiva debido a una infidelidad, el sujeto se ve motivado a reducirla, pues le produce un enorme malestar o ansiedad. Pero cuando por distintos motivos no es posible cambiar la situación (por ejemplo, al no poder actuar sobre el pasado), entonces el individuo tratará de cambiar sus cogniciones o la valoración de lo que ha hecho.

El problema surge porque al convivir con esa persona (su pareja) y verla diariamente, el sentimiento de culpa puede acabar por “matarle por dentro”.