Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 02 de julio de 2020
  • Actualizado 18:35

El padre en cuarentena

Favio Javier Sandoval López
Favio Javier Sandoval López
El padre en cuarentena

Ser un padre es una impostura. Con esta frase indigné a mi papá, un día que surgió entre nosotros una conversación sobre lo que entendíamos respecto a la labor paterna. Para él, un padre tenía que ser un ejemplo moral intachable, encargado de encaminar al hijo por el sendero correcto. Mis palabras finalizaron la discusión de mala manera. Nunca he podido hablar fluidamente con mi papá, nuestra comunicación está hecha de tropiezos y eso marca una mutua tirantez; sin embargo, todo esto me persigue hace tiempo, por eso me propuse escribir una reflexión sobre ello.

Quizás haya algún avispado que se pregunte porqué escribir sobre un tema tan desactualizado. Afrontémoslo, eso de la función paterna es cosa del pasado, además genera discusiones y  es aconsejable no tratar el tema. Sin embargo, soy simpatizante de una corriente teórica que ha trabajado los fundamentos del padre, desde su fase mítica hasta su virtual desaparición, y me parece importante analizar la vigencia, o no, de esta figura en la actualidad. Además, lo que tengo que escribir no es una apología del padre. Nada de eso, yo adscribo a la idea de Indart, donde se afirma que este es el tiempo del desencanto con el padre, siendo este el responsable de dicho desengaño. En otras palabras, se lo buscaron, pues. Pero aún cabe interrogarse sobre las perspectivas del ejercicio de la paternidad en la época de su destitución.

Acorde al contexto actual, me parece que, hoy en día, el padre está en cuarentena. Es significativo de ello, el destino que ha corrido el Día del Padre, festejo que en Bolivia se realiza el 19 de marzo. Por obvias razones, ha desaparecido del panorama, pero, seamos sinceros: ¿ha supuesto alguna trascendencia en años anteriores? Siendo amable, los agasajos se pueden calificar como moderados, en comparación con otras festividades más sonadas. En el fondo, el debate en torno a esta jornada no      recae en el rol del padre, sino que está en relación a la consistencia del bocado        proporcionado a los agasajados: si salteña, sí, o salteña, no; o si variamos y al año volvemos a la tradición. Pero más allá de esta discusión: ¿no reflexionamos sobre la labor paterna solamente cuando esta falta?, ¿no lo invocamos cuando, ante un conflicto trágico, afirmamos, esto sucede así porque el padre nunca educó, nunca estuvo presente? Sí, el padre está en cuarentena, pero, a diferencia de todos             nosotros, su confinamiento es anterior. 

Puedo forzar aún más esta metáfora. En estas semanas hemos presenciado actitudes de rechazo y persecución contra infectados confinados a un encierro forzoso. Hacia el padre, también, existe rechazo, no por nada estamos en una era de despatriarcalizacion, quizás en enhorabuena, sea lo que sea que signifique ese término. Pero a la par, hay nostálgicos que claman por la vuelta del padre y que consideran que el tiempo pasado, donde había una figura paterna fuerte, era mejor. Tal argumento, les otorga bríos, y por ello, esos melancólicos no se despeinan cuando glorifican la mano dura de un autoritario o piden un régimen de hierro para subsanar el caos imperante. En otras palabras, nos hallamos en un panorama polarizado entre quienes se regocijan por el declive de la figura paterna y quienes, en cambio, piden su retorno. 

Por eso, a mí me parece importante reconsiderar la afirmación con la que abrí este  escrito. Un ser humano no es un padre, simplemente lo ejerce y ello en correspondencia a la voluntad de un infante que lo adopta. Muchas veces, un hijo puede escoger como progenitor a un personaje insólito, en desmedro de su verdadero padre, ya que finalmente se trata de algo que ejecutó una marca en él. En ese sentido, el padre es un impostor, se hace pasar por algo que no es y esto es tranquilizador, ya que, si pretendería encarnar al padre, las consecuencias serían fatales. 

En el campo psicoanalítico, se tiene el famoso caso de Paul Schrebrer. Este hombre estaba loco, y con eso me quedo corto, estaba completamente ido y lo internaron    casi 10 años. Al final, resolvió todo con un delirio místico con el mismísimo Dios. Lejos de tecnicismos, la influencia de su padre fue fundamental en su sintomatología, porque su progenitor era retratado como “El Padre”. Se trataba del Dr. Gottlieb Moritz Schrebrer, un médico alemán que introdujo un método de instrucción infantil muy cruel, aplicado en todo el imperio germano. Evidentemente, sus hijos fueron sometidos a esta didáctica rígida y eso no dio buenos frutos. Por eso, en contraposición a este personaje, a mí me gusta pensar como un bello ejercicio de función paterna aquel que realiza Hugh Grant en un filme inolvidable “About a boy”. En la película, el actor realiza el papel de un pusilánime sin motivaciones de vida; sin embargo, conoce a un niño, y casi sin quererlo, ejerce para ese infante el papel de padre y ello porque, a pesar de su egoísmo, Will, el personaje de Hugh Grant, logra encariñarse con él, eso les cambia la vida a ambos. Quizás, en eso consista la función paterna, en otorgar cierta paz en medio del caos de la existencia.


Favio Javier Sandoval López

Psicólogo

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