Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 31 de octubre de 2020
  • Actualizado 18:30

Mujeres científicas qhochalas: el reto de romper estereotipos

Todas participaron en la conformación de la plataforma Cochabamba Sin Virus. Con carreras profesionales brillantes, relatan cuáles son las barreras que superaron para alcanzar el éxito. 
Mujeres científicas qhochalas-
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Mujeres científicas qhochalas: el reto de romper estereotipos

A lo largo de la historia, cientos de mujeres han buscado visibilizarse dentro de la sociedad gracias a su trabajo profesional. Justamente como forma de reinvindicar su labor, cada 11 de octubre se celebra el Día de la Mujer Boliviana. 

Cuando comenzó la pandemia, la organización Tunari Sin Fuego creó una división para recolectar todo tipo de ayuda e información sobre el coronavirus COVID-19.

El proyecto Cochabamba Sin Virus reunió a varios profesionales de alta experticia para que, desde su lugar, den sus mejores ideas para combatir esta enfermedad. 

Entre todas las mujeres que participaron activamente, están Rosse Mary Yáñez, Claudia Hoepfner, Nelva Guillen y Ninoska Tapias, cuatro científicas que dedican gran parte de su vida a la investigación de distintos tipos de patologías y demuestran cada día que no hay límites ni barreras cuando una quiere alcanzar el éxito. 

VIDA DEDICADA A LA ACADEMIA 

Rosse Mary Yáñez Villanueva conformó la plataforma Cochabamba Sin Virus desde finales de marzo. Presentó un plan de acción contra la COVID-19, que finalmente no se pudo desarrollar.  Además, se enfocó en el beneficio de la vitamina D para contrarrestar virus y bacterias

Yáñez es bioquímica farmacéutica egresada de la Universidad Mayor de San Simón. Desde que era muy pequeña se dedicó a la academia. Para ella, su mayor satisfación es su realización profesional y a lo largo de su vida siempre manejo dos aristas que se complementan: ser docente e investigadora. 

Despues de terminar la universidad comenzó a trabajar en el Hospital Seton, donde fue descubriendo el área a la que quería dedicarse.

Es 1995, fundó el Instituto de Medicina Nuclear de la Facultad de Medicina. Además, tiene una especialidad en Bioquímica Clínica; hizo una especialidad en Biología Molecular y Bioquímica; una maestría en Bioquímica Biología Molecular y otra en Educación Superior en Salud. 

Paralelamente a su formación profesional, comenzó a dar clases en la carrera de Medicina hasta obtener su titularidad en 2004. 

El mismo año ganó una beca para hacer un doctorado en Ciencias Biologia Molecular en la Universidad de Namur, en Bélgica. Durante una de sus especializaciones ya había estado por ese país, aunque, en esa ocasión permaneció por cinco años. 

Al volver continuó con su cátedra y retomó sus investigaciones sobre cáncer de próstata, el virus del papiloma humano, escherichia coli y la desnutrición, entre otros. “La pasion de mi vida es hacer investigación”, dice.   

Actualmente, ya lleva más de 25 años como docente en la Facultad de Medicina y Bioquímica, donde asumió el mandato como decana hace un tiempo. Asimismo, lleva más de 26 años en el instituto de Investigaciones Biomédicas (Iibismed). 

Luego de tanto tiempo dedicada a su formación profesional, Yáñez recuerda que no todo fue fácil, tuvo de dejar de lado y sacrificar muchas cosas.

En algún momento tuvo que elegir entre su matrimonio y seguir sus sueños, no lo dudó y hoy se siente realizada.

“El me decia ‘te voy a pagar el sueldo de 500 bolivianos para que te quedes cuidando a los hijos’. Entonces, aquello me hizo pensar y dije que yo no estaba para eso. Mis aspiraciones eran otras, no ganar dinero, sino la realización profesional”, cuenta. 

Tiene un hija llamada Karen Lafuente, quien siguió los pasos de su madre, es médico y está haciendo una especialidad en México. Rosse Mary se encarga de cuidar a su nieta Daniela, a quien considera otra hija.

“Yo creo que la sociedad tiene que pensar que la mujer es igual a un hombre. Me molesta el machismo en Bolivia, el hecho de que no permitan que una mujer se pueda desenvolver en el aspecto profesional. Se podría decir que se está cambiando, pero falta mucho todavia”, sentencia. 

INVESTIGACIÓN Y APORTE SOCIAL 

Claudia Hoepfner Loyza es una joven investigadora que también participó de la plataforma Cochabamba Sin Virus gestionando charlas de capacitación que dio la Sociedad Chilena de Medicina Intensiva y la Sociedad Chilena de Medicina de Urgencia cuando el virus llegó al país. 

Su trabajo estuvo enfocado en el tema del triaje, la ventilación mecánica y otras medidas importantes para atender una pandemia de este nivel. Hoepfner reforzó la idea de implementar la nutrición funcional más que los medicamentos, tomando en cuenta el sistema de salud deteriorado que tenemos, y así dar alternativas que sean más saludables y económicas a la población. “Para mí fue súper bonito que, desde el lugar en el que estoy, intentar mejorar la salud en Cochabamba y en Bolivia”, dice.

Claudia es química farmaceútica egresada de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Estuvo durante 10 años en el país vecino y volvió en 2015. Actualmente, trabaja como investigadora en el Centro de Biotecnología, en la Universidad Mayor de San Simón. 

Hoepfner destaca que ella no sintió ningún tipo de discriminación por el hecho de ser mujer, aunque considera que tal vez se debe a que estudió en una sociedad distinta.

“He tenido la suerte de estar en un ambiente en el que, en realidad, no importaba si eras mujer u hombre, simplemente si podías o querías lo hacías”. 

Ella intenta aprovechar al máximo su trabajo y tener mejores resultados. “Algo positivo que tenemos las mujeres es la llegada a la gente, somos un poco más accesibles de cierta forma”, explica.

La joven de 32 años está desarrollando una investigación enfocada en la búsqueda de antibióticos que sean capaces de tratar bacterias multiresistentes. 

Pese a dedicarse de lleno a su profesión, siempre intenta darse escapadas para prácticar dos actividades: trekking y andinismo. 

Este año tenía planificado subir al nevado  Sajama, pero todo se suspendió. Entre los lugares que más ha visitado está el pico del Parque Tunari, Jatun Rumi, Rumi Plaza y el Huayna Potosí. “Uno aprende a conocerse bien en cada una de las subidas, sus límites y cómo superarlos”, asegura. 

INNOVACIÓN Y PERSEVERANCIA 

Nelva Guillen es otra de las mujeres que entregó todos sus conocimientos para fortalecer la plataforma Cochabamba Sin Virus. Su aporte está ligado al cuidado del sistema inmunológico, mejorar la nutrición y consumir vitaminas, sobre todo la D, que previene y ayuda en la recuperación de pacientes con COVID-19. 

“Hemos tenido una respuesta muy pobre, al inicio no hacían caso”, asegura. 

Guillen es médico egresada de la Universidad Mayor de San Simón, tiene una especialidad en Alergia e Inmunología Clínica en el hospital Bernardo Sepúlveda, en México. Además, hizo una estancia formativa en Alergia a Medicamentos y Alimentos en el hospital San Carlos, en Madrid. 

Luego de realizar sus estudios, volvió al país en 2012 y comenzó su servicio social en el hospital San Francisco de Asís, en Villa Tunari. También fue parte del Servicio Departamental de Salud de Cochabamba durante dos años. Asimismo, integró el Hospital Clínico Viedma y actualmente trabaja en el hospital del niño Manuel Ascencio Villarroel como alergóloga e inmunóloga. 

Para Nelva, su carrera es su vida, se dedica enteramente a ella y se esfuerza por ser la mejor en su especialidad. “Me gusta mucho mi profesión, por eso creo que me dedico básicamente a eso. De las 24 horas del día, entrego mínimamente 12 a mi trabajo”, dice. 

El área que la atrapó por completo es el estudio de la alergia a medicamentos. Antes, no se reportaban mucho ese tipo de casos y ella vivió en carne propia la desconfianza de sus propios colegas. 

Es miembro del Comité Nacional de Tuberculosis. Su trabajo inició con estos pacientes ya que en el país era normal dejarlos desahuciados si tenían alergia a algún antibiótico; sin embargo, para ella fue la oportunidad de aplicar todo lo que aprendió en España. Su labor estuvo enfocada en descubrir alternativas para que ellos puedan completar el tratamiento. 

“Es uno de los mayores logros personales haber podido ayudar a que estos pacientes se curen de la tuberculosis”, indica. 

Entre sus anécdotas recuerda claramente  cuando la denunciaron porque creían que estaba experimentando con los enfermos. “Uno de los doctores me decía: ‘niña, usted no nos va a venir a contar cosas’”, recuerda. 

Con mucho empeño tuvo que demostrar que tenía razón y la satisfacción de salvar pacientes es su mayor orgullo, pero eso no significa que no haya pasado momentos ingratos, muchas veces por el hecho de ser mujer. “No solo en mi área, sino en todas, todavía a la mujer nos cuesta entrar en el ámbito laboral, ganarse un espacio porque hay machismo. A mí me ha costado mucho porque era una de las primeras alergólogas e inmunólogas en Cochabamba. Me decían que esa especialidad no la necesitaban. Pero, yo creo que, si uno le hace frente a las barreras que hay, lo puede lograr”, afirma. 

Otro de sus logros es haber conseguido que el Hospital del Niño sea el primero en atender a pacientes con inmunodeficiencias primarias llamados “niños burbuja”, y darles la medicación gratuita. Asimismo, es asesora científica de la Fundación de Pacientes con Inmunodeficiencias Primarias de Bolivia (FIDEP), misma que ayudó a crear. 

ESPECIALIZACIÓN PROFESIONAL 

Ninoska Tapias trabajó en la plataforma en relación al uso de vitamina D para para mitigar los síntomas de enfermedades respiratorias, entre las cuales se incluía la COVID 19.

Para llegar a ese punto tuvo que revisar bastante bibliografía y estudiar los antecedentes y beneficios de este suplemento. 

Tapias asegura que la relación con sus demás colegas fue provechosa porque aprendió mucho y todos dieron lo mejor de cada uno. “Hemos podido vivir la solidaridad y ganas de aunar esfuerzos para mitigar los efectos de la pandemia”, relata.  

Ninoska tiene dos carreras. Primero estudió Ingeniería Industrial en la Universidad Mayor de San Simón, y paralelamente, gracias a una beca de excelencia, pudo estudiar Ingeniería de Producción en la Universidad Privada de Bolivia. Además, tiene master en Tecnología y Control de Alimentos que realizó en España; una especialidad en Risk Assesment en la Universidad de Ghent; un curso de Biotecnología en la Universidad de Lovaina, en Bélgica, y un diplomado en Educación Superior. 

En su tiempo libre le gusta capacitarse en control de calidad y seguridad ocupacional. Actualmente es facilitadora del Clúster Lácteos del Instituto de Investigación de la Facultad de Ciencias y Tecnología. 

Al igual que algunas de sus colegas, Tapias también reconoce haber vivido episodios poco amenos en varias oportunidades. “Cuando empecé ingeniería, los varones eran aún la mayoría, y todos los días escuchábamos comentarios machistas, inclusive de los mismos docentes, aun ahora los micromachismos son repetidos como mantras en nuestra sociedad, están tan arraigados que no nos damos cuenta, pero están ahí”, afirma. 

La profesional reconoce el trabajo duro que realizaron sus antecesoras para tener una sociedad más equitativa; sin embargo, piensa que todavía falta un gran trecho que avanzar. 

“El aporte profesional de la mujer en la ciencia, la medicina y la política históricamente siempre ha sido invisibilizado, aunque actualmente mucho menos, pero se sigue dando más importancia a la palabra de un hombre que a la de una mujer profesionalmente igual o más preparada. Aún podemos sentir esas diferencias en nuestros mismos hogares, donde se celebra más los éxitos y sacrificios de los varones que el de sus mujeres”, dice. 

Este año está enfocada en realizar una investigación aplicada sobre bacterias halophilicas y halotolerantes para tratar residuos agroindustriales y darles valor agregado (economía circular).