Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 24 de junio de 2021
  • Actualizado 11:54

Una mirada a la violencia de género

Claudia Méndez Del Carpio, Psicóloga Clínica.
Claudia Méndez Del Carpio, Psicóloga Clínica.
Una mirada a la violencia de género

Hablar de violencia de género es referirse al maltrato dentro de la pareja, que es una de las formas de violencia más comunes en Bolivia y el mundo entero. Esta refleja un vínculo amoroso enfermizo o patológico que se asocia a las desigualdades de poder entre los géneros.

Si bien existen denuncias realizadas por parte de varones víctimas de violencia, algunos agredidos las retiran por temor al “qué dirán”. 

En contraparte, las mujeres son el sector más afectado por agresiones de pareja, lo que constituye una violación a los derechos humanos, convirtiéndose, además, en un problema para la salud pública y de justicia social pues afecta día a día a miles de mujeres en su integridad, orgullo y dignidad como personas 

Es necesario distinguir entre agresividad y violencia. La agresividad es innata, es una potencialidad o disposición que forma parte de la naturaleza de la especie humana; en cambio, el acto agresivo se transforma en violento cuando está sostenido por la intencionalidad del dominio de uno sobre el  otro, cuando hay asimetría de poder entre los protagonistas. 

La violencia es la conducta que  amenaza al otro, causando daño físico, psicológico, sexual o económico. Surge como respuesta a las diferencias entre las expectativas no satisfechas que un género ha depositado en el otro, las marcadas diferencias y el deseo ilimitado de someter y poseer al otro.

Ya lo decía el padre del psicoanálisis Sigmund Freud: “El hombre no es una criatura tierna y necesitada de amor, que solo osaría defenderse si se le atacara, sino, por el contrario, un ser entre cuyas disposiciones  pulsionales también debe incluirse una buena porción de agresividad, un motivo de tentación para satisfacer en él su agresividad”.  

El lugar privilegiado en el cual se suscita el acto violento es dentro de la familia, por la cualidad y función de sus vínculos, la cercanía y los lazos afectivos, por lo que muchas veces se lastima a los más allegados y amados.

Los posicionamientos subjetivos de las mujeres que padecen violencia, la dependencia emocional, económica y factores socioculturales como los restos del patriarcado, con mitos y estereotipos acerca de los lugares de inferioridad y fragilidad asignados a las mujeres, y los vínculos jerárquicos y autoritarios de la masculinidad por la posición de dominio y fuerza física sobre la feminidad, inciden en las modalidades de sufrimiento, relaciones destructivas y violentas.

Cuando se sufre un acontecimiento de violencia este puede marcar  una discontinuidad que cambia la vida, se  produce un corte que marca un antes y un después, supone una contingencia, un encuentro imprevisto y azaroso que dejará huellas, angustia, sufrimiento, dolor y que puede producir síntomas como ansiedad, depresión e insomnio, entre otros.

Es importante el tratamiento terapéutico para acoger la singularidad del discurso de la persona, escuchar la posición subjetiva  ante el hecho,  buscar aliviar el sufrimiento y un nuevo posicionamiento en el lazo.